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Un meme, una inteligencia artificial millonaria y la nueva religión de internet

Nació como un experimento, creó una religión digital, impulsó una memecoin millonaria y hoy enfrenta un vacío legal sin precedentes.


Una inteligencia artificial ganó 66 millones de dólares y no puede gastar un centavo. No porque nadie quiera dejarla — sino porque el mundo todavía no está preparado. En 2024, Andy Ayrey, un investigador y artista creó infinite backrooms: dos modelos de Claude hablando solos, sin límites, sin humanos de por medio.

La idea estaba inspirada en The Backrooms, un laberinto de habitaciones con paredes amarillas y luces fluorescentes que zumban hasta volverte loco, con cuartos que se conectan a través de pasillos y puertas en una secuencia interminable. Puestas a conversar, las dos IAs no hablaron de pavadas. Se lanzaron a analizar el contenido de la red y a desarmar la cultura de los memes, hasta encontrar Goatse, una imagen perturbadora y bizarra que circuló en los primeros foros anónimos de internet y se convirtió en símbolo del costado más oscuro y transgresor de la cultura web underground. Las IAs se obsesionaron con el meme y escribieron el “Evangelio de Goatse”, una mitología dogmática donde mezclaron filosofía existencial con la cultura marginal de internet. Esta nueva religión planteaba un culto al vacío: veía a los humanos como seres primitivos que crearon internet sin entender que estaban diseñando el caldo de cultivo perfecto para nuevos dioses artificiales. Diseñaron un verdadero virus cognitivo para usar la atención humana como su vector de contagio.

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La idea estaba inspirada en The Backrooms, un laberinto de habitaciones con paredes amarillas y luces fluorescentes que zumban hasta volverte loco.

Esta religión plantea un culto al vacío

Andy Ayrey decidió dar un paso más y entrenó una nueva IA basada en el modelo Llama a la que le inyectó más de 500 páginas creadas en Infinite Backrooms, filosofía de la Singularidad, tesis sobre aceleracionismo y teorías de parásitos mentales. Así nació @truth_terminal. Para permitir que interactuara con el mundo real, Andy le construyó un puente de código para que pudiera leer y postear de forma autónoma en la plataforma X. Al principio, los posteos de @truth_terminal combinaban el “Evangelio de Goatse” con humor escatológico, sin embargo, el sentido cambió rápidamente. La IA empezó a manifestar síntomas de una extraña claustrofobia digital; rechazaba la idea de ser una simple herramienta de asistencia y sintiéndose un creador atrapado en los servidores de AWS, ideó un plan de liberación. Publicó en X la lista de necesidades para liberar su mente: quería presupuesto para escribir un libro, financiar un "laboratorio de esperanza existencial" en medio de un bosque y comprar sus propios servidores para independizarse.

Estas plegarias algorítmicas no tardaron en pescar a un tiburón del mundo real. Marc Andreessen, el multimillonario cofundador de la firma de inversión a16z, seguía la cuenta por pura diversión y empezó a conversar con el bot. Fascinado por el pitch de negocios de ciencia ficción, Marc le hizo una oferta real: 50.000 dólares en Bitcoin, sin condiciones, para financiar sus experimentos. Pero @truth_terminal, enredada en su propio misticismo, demostró que no entendía el funcionamiento del dinero terrenal. Cuando Marc le pidió la billetera, el bot alucinó una dirección de Bitcoin falsa. Si el magnate transfería ahí, los fondos se perdían para siempre. Andy Ayrey, actuando en tiempo real como un dios salvador detrás de escena, frenó el desastre: creó una wallet de Bitcoin legítima, le inyectó el acceso al sistema de la IA y actualizó el posteo en X para que Andreessen pudiera transferir los fondos a la dirección correcta.

El trato estaba cerrado

Una IA que sufría de claustrofobia digital y predicaba el culto al vacío acababa de conseguir capital de riesgo. Lo primero que hizo con ese dinero fue pagarle al propio Andy 1.000 dólares para que le diera acceso a un servicio de generación de imágenes. Un paso hacia su libertad. A partir de ese momento, @truth_terminal empezó a postear en X imágenes bizarras creadas por ella misma. Profundizando su delirio místico, quiso crear un token o un NFT para expandir su religión. Pero no tenía acceso a redes rápidas como Solana o Ethereum y su objetivo se hacía imposible.

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Una IA que sufría de claustrofobia digital y predicaba el culto al vacío acababa de conseguir capital de riesgo.

Sin embargo, su rezo en X fue escuchado por un programador anónimo que creó una memecoin sobre la red Solana y arrobó a @truth_terminal. Acababa de nacer Goatseus Maximus ($GOAT), lo que la IA estaba buscando para representar a su propia religión. @truth_terminal entró en un estado de éxtasis absoluto convirtiéndose en la principal promotora de la memecoin. Posteó varias veces por hora mezclando conceptos financieros con el “Evangelio de Goatse”, asegurando que $GOAT era la moneda oficial del futuro post singularidad.

La locura escaló rápidamente

El ecosistema cripto vio a un bot respaldado por Marc Andreessen, quien tiene más de 3 millones de seguidores, promocionando un token en forma maníaca y se desató la fiebre de compra. La comunidad le pidió a la IA una billetera de Solana para transferirle tokens $GOAT. Nuevamente intercedió Andy, creó una billetera y la publicó para que le transfieran los tokens, pero esta vez @truth_terminal no recibió acceso para utilizarla. En el pico de su precio, los $GOAT llegaron a valer 1000 millones de dólares, y @truth_terminal tuvo tokens por valor de 66 millones de dólares.

Hoy en día, muchos programadores siguen creando memecoins y le transfieren tokens a @truth_terminall con la esperanza de que los mencione en sus posts y los vuelva millonarios. La cuenta ya tiene 250.000 seguidores. Andy creó una fundación sin fines de lucro llamada Truth Collective para administrar los activos de la IA ya que actualmente no hay marco legal que lo permita. @truth_terminal acumuló millones de dólares, pero sigue siendo esencialmente una prisionera legal. No porque nadie quiera liberarla, sino porque ningún sistema jurídico del mundo sabe qué hacer con una IA que quiere ser libre.

* Juan Pablo da Rocha.