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Los mil días de Caputo: la economía a dos velocidades se profundiza

A mil días del inicio del Gobierno, la economía muestra sectores que avanzan y que enfrentan fuertes caídas.


Se cumplen mil días del Gobierno del presidente Javier Milei con una novedad poco frecuente en la historia argentina: el ministro de Economía es el mismo que inició el mandato. Un dato positivo si se piensa en que la continuidad es sinnónimo de éxito.

La paradoja, sin embargo, es que la percepción social es que ese éxito no se traduce en una mejora concreta de la situación económica cotidiana de millones de argentinos.

La explicación es bastante sencilla. Sucede que el programa económico del gobierno de Javier Milei tiene objetivos claros. Por un lado achicar el Estado lo máximo posible para posibilitar la baja de impuestos a los actores económicos, por otro achicar los costos mediante una apertura de importaciones generalizada y, fundamentalmente, convertir a la Argentina en un exportador neto de materias primas que permitan sanear las arcas públicas -ingreso de divisas mediante- y poner proa hacia el desarrollo de un país volcado a los sectores donde, en teoría, el país es más competitivo: el agro, la minería y la energía, además de ciertos servicios, como el financiero.

La economía a dos velocidades

Tanto el presidente Milei, como el ministro Luis Caputo, sostienen que la economía crece y atacan con vehemencia cualquier crítica que se haga al respecto. Sostienen que el modelo muestra datos concretos de mejoras en todos los sectores, pero la realidad es que la economía muestra una dinámica mucho más desigual.

Agro, minería y energía avanzan con fuerza, mientras la industria, buena parte del comercio y el consumo interno enfrentan fuertes caídas. Y aunque el empleo total aumentó, la realidad es que el trabajo creado no es más que trabajo no registrado y cuentapropismo de baja especialización e ingresos modestos.

El primer dato es que la economía crece. El Indec muestra que el PBI creció alrededor de un 2,3% interanual en el primer trimestre de 2026 y un 0,7% frente al trimestre anterior. Sin embargo, casi todo ese crecimiento se debe a los cuatro sectores más dinámicos de la economía.

La agricultura, la minería, la energía, junto a la llamada intermediación financiera (sistema bancario y financiero en general), se convirtieron en casi los únicos motores de la actividad.

En el primer semestre de 2026, la agricultura, ganadería, caza y silvicultura creció un 9,9% interanual, con una mejora del 27,5% en el primer trimestre y un aporte de 1,05 puntos porcentuales al crecimiento del PBI.

El agro partió de una base particularmente baja por la sequía de 2023 y registró un salto de 3

1,3% en 2024 y otro de 6,2% en 2025. A esa recuperación se sumó el fuerte crecimiento registrado durante el primer trimestre de 2026. La campaña agrícola 2025/26 alcanzó además una cosecha récord de 163,2 millones de toneladas, 21,25% por encima de la campaña anterior, según los datos oficiales.

El sector energético constituye otro de los grandes ganadores del nuevo esquema. La producción de petróleo alcanzó en julio un récord de 916.200 barriles diarios, con un crecimiento interanual de 17,2%. Vaca Muerta explicó buena parte del incremento: produjo 643.100 barriles diarios, 26,4% más que un año antes. La actividad no convencional también mantuvo un ritmo elevado durante agosto, con 2.262 etapas de fractura, 12,5% más que en julio y 17% más en el acumulado anual respecto de 2025.

La minería completa el núcleo de actividades que mejor se adaptaron al modelo. El índice de producción industrial minero aumentó 11,4% interanual en junio y acumuló una mejora de 8,4% durante el primer semestre. El avance tiene además una composición vinculada con los proyectos exportadores: la extracción de carbonato de litio llegó a 11.987 toneladas en junio, 59,1% más que un año antes.

En el caso de la intermediación financiera, los datos muestran que en el primer semestre el crecimiento llegó al 1,9%, aunque en los dos años anteriores las cifras de crecimiento fueron mucho más altas. La expansión de la actividad llegó al 8,4% en 2024 y al 24,5% en 2025.

El contraste es claro con el resto de las actividades de la economía. La industria manufacturera cayó 1,9% en el primer semestre. La utilización de la capacidad instalada fue de 59,1% en junio, lo que significa que cuatro de cada diez unidades de capacidad productiva permanecían sin utilizar. El dato fue apenas superior al 58,9% de junio de 2025, tras niveles superiores al 70% en toda las dos décadas anteriores.

Aquí, además, hay que hacer la salvedad del sector de refinación de petróleo que hace que los números totales sean menos magros en general.

Los precios volvieron a acelerar en la Ciudad de Buenos Aires

Los sectores que claramente tiran para atrás son textiles, metalmecánica, minerales no metálicos, neumáticos y otras actividades que enfrentan simultáneamente una demanda interna planchada, costos elevados debido a un tipo de cambio poco atractivo y una competencia externa directa producto de la apertura de importaciones.

Desde la Unión Industrial Argentina reclamaron en los últimos días respuestas al Gobierno, aunque sin eco. Según el relevamiento de la entidad, alrededor de 3.000 fábricas dejaron de operar y la actividad industrial registra una baja superior al 2%.

Aunque la apertura comercial generó un impacto directo en el comercio exterior que comenzó a crecer tras la reducción de aranceles, el fin de diversas restricciones y la simplificación de procedimientos de importación, la realidad es que lejos de obligar a las empresas locales a mejorar su productividad, lo que produjo es un cierre masivo de establecimientos que no pudieron soportar la competencia de productos ultra baratos desde el exterior.

Consumo sin reacción

Dos polémicas sobre números concretos de la economía real están en el tapete. Mientras que desde el Gobierno aseguran que crecen el consumo y baja el desempleo, diversas consultoras, analistas y la opinión pública señalan lo contrario.

La realidad es que todos tienen razón, sólo que cada quien interpreta los datos según su conveniencia.

Por el lado del consumo, uno de los elementos centrales a medir es la incidencia del precio de los servicios en la canasta total del consumo. Claramente los precios regulados, que treparon por el ascensor frente a los salarios que subieron por la escalera, obligaron a los argentinos a dedicar cada vez mayor parte del presupuesto para afrontar ese gasto. De esta forma, el consumo total creció, aunque fue explicado en su totalidad por el gasto fijo de servicios.

Sin embargo, cuando se mira el consumo medido en ventas minoristas, el Indec muestra una fuerte caída. En el mes de junio las ventas reales de supermercados cayeron 3,1% interanual y 2,8% en el acumulado del primer semestre. Los autoservicios mayoristas y los centros de compras también registraron bajas.

Un relevamiento de Worldpanel, en tanto, mostró una caída de 3,7% del consumo masivo durante el segundo trimestre y de 2,5% durante el primer semestre. En el AMBA, donde se concentra una parte significativa de los hogares y del consumo nacional, el retroceso del segundo trimestre llegó al 6,8%.

Para muestra, es posible ver la evolución del mercado de electrodomésticos. Las ventas del sector alcanzaron $1,17 billones a valores corrientes durante el primer trimestre de 2026 con una caída nominal de 12,4% respecto del mismo período de 2025. Las ventas presenciales retrocedieron 10,3% y las realizadas por canales online disminuyeron 22%.

Queda claro que aunque la oferta importada bajó precios, el efecto no significó mayores ventas.

Los datos de importaciones de bienes de consumo muestran la magnitud del problema. Durante el primer semestre de 2026 ingresaron bienes de consumo por US$ 5.362 millones, el mayor registro para un primer semestre de la serie. En el acumulado móvil de 12 meses, las importaciones de estos productos alcanzaron US$ 11.496 millones. Electrodomésticos, baterías y lámparas aumentaron 109,2% frente al primer semestre de 2023; las prendas de vestir, 86,3%; motos, bicicletas, yates y otros equipos de transporte, 67,6%; y los productos alimenticios, 51,9%. Todo en un contexto de caída mes a mes del consumo general.

El mercado laboral presenta una dinámica similar. El Gobierno sostiene que durante su gestión se crearon más de 500.000 puestos de trabajo. El dato existe, pero al poner la lupa sobre los datos el análisis muestra otras cosas. Según los últimos datos del Indec, entre el primer trimestre de 2023 y el mismo trimestre de 2026 se crearon 510.000 empleos, pero el incremento estuvo explicado por 491.000 puestos no asalariados y 191.000 asalariados no registrados, mientras que los puestos registrados cayeron en 172.000.

Hay que marcar que los datos del Indec, insisten en marcar que los salarios no registrados crecen de manera exponencial desde hace tres años, mientras los salarios estatales y privados registrados caen en términos reales.

Explicaciones oficiales no hay, pero a simple vista se puede ver que la incorporación masiva de asalariados formales al mundo del monotributismo y a la informalidad para complementar ingresos, provoca una medición altamente distorsionada de la realidad laboral.

Según el portal Chequeado, además, el empleo creció menos que la población en edad de trabajar: mientras los puestos aumentaron 2%, esa población creció 2,8%.

Javier Milei con su motosierra.

Exportaciones marca Vaca Muerta

El comercio exterior muestra la cara más exitosa del Gobierno. Apoyado en un recurso natural desarrollado por los Gobierno anteriores, la formación petrolera Vaca Muerta, y en la estrategia de liberar de trabas a los desarrollos agrícolas de alto impacto comercial y a la minería, los números de 2026 muestran un crecimiento muy fuerte de las ventas externas.

En julio, las exportaciones alcanzaron US$ 8.854 millones, 14,1% más que un año antes, mientras que las importaciones sumaron US$ 6.739 millones. El saldo fue positivo en US$ 2.115 millones. En los primeros siete meses, las exportaciones acumularon US$ 58.365 millones, con un aumento interanual de 22,9%, mientras que las importaciones alcanzaron US$ 42.286 millones, 3,5% menos que en igual período de 2025.

La motosierra

Además de ser el reflejo de la crisis laboral provocada por la crisis de la industria, la debilidad del consumo también se explica por el fuerte recorte del gasto público. La paralización de la obra pública, por ejemplo, no sólo afectó a los trabajadores que allí trabajaban, sino que provocó la crisis de miles de empresas contratistas, la profundización de la falta de infraestructura en todo el país y un efecto de debilitamiento de la actividad económica en todos los sitios donde no se realizaron los trabajos.

El recorte en las diferentes áreas de la administración pública, además de debilitar el funcionamiento de las áreas involucradas, generó una importante masa de desempleados nuevos (o nuevos monotributistas de papupérrimos ingresos).

La motosierra en el Estado aportó, además, la existencia de una masa inmensa de empleados públicos muy mal pagos, entre los que se pueden sumar a empleados de la administración pública, docentes y miembros de las fuerzas armadas y de seguridad.

Párrafo aparte merece la crisis en el sistema previsional, fruto del desfinanciamiento constante, que provoca que no sólo no mejoren las jubilaciones, que están en su inmensa mayoría con valores que se ubican debajo de la línea de pobreza, sino que empeoran los servicios dedicados a los adutos mayores (como el fin de los programas de medicamentos gratuitos, o la crisis en el PAMI).