Presenta:

La doble ola que enfrentan las pymes argentinas: entre la reapertura y la inteligencia artificial

Bajo una economía más abierta y un tsunami de IA, las pymes argentinas deben volver al foco del negocio y reinventar sus procesos para sobrevivir hoy.

La apertura económica exige volver al negocio con los pies en la tierra.

La apertura económica exige volver al negocio con los pies en la tierra.

Archivo MDZ

En el año 2000, Telefónica lanzó una publicidad que muchos recuerdan: Walter, un joven congelado en los 80 que despertaba en un país completamente distinto. Se asombraba con lo que para nosotros ya es cotidiano: teléfonos sin cable, internet, nuevas formas de trabajar, comprar y vender.

Hoy, muchas pymes argentinas atraviesan algo parecido. Despiertan en un contexto que cambió, y que seguirá cambiando. La diferencia es que ahora no enfrentan una sola ola, sino dos: una local, que reconfigura el tablero económico argentino; y otra global, un tsunami tecnológico que reescribe las reglas del juego productivo. La inteligencia artificial. La clave es no confundirlas, pero tampoco pensarlas por separado. Porque una exige eficiencia y foco en el producto, y la otra, reinvención profunda.

Un país que vuelve a premiar el foco en el negocio

Después de años de restricciones, trabas e imprevisibilidad, Argentina parece reabrirse. Con menos controles y más competencia, las pymes ya no compiten solo con sus pares locales, sino con jugadores globales que llegan con precios más bajos, procesos más aceitados y una lógica implacable: el que no es eficiente, pierde.

ia22
Después de años de restricciones, trabas e imprevisibilidad, Argentina parece reabrirse.

Después de años de restricciones, trabas e imprevisibilidad, Argentina parece reabrirse.

En este nuevo tablero, lo que vuelve a importar es lo esencial: tener claro qué se vende, a quién, cómo se entrega y cuánto deja cada operación. Ya no alcanza con tener “mucho movimiento”: hay que volver al producto, a los procesos y a los márgenes. Las decisiones chicas —cómo se arma una promo, cómo se cobra, cómo se compra— vuelven a tener peso estratégico. Esto no es una novedad, pero sí un cambio de clima. Y exige volver a mirar hacia adentro: precios que tengan lógica, inventarios dinámicos, un flujo de fondos sano y una operación liviana y rápida, que no se coma el negocio por dentro. La ventaja, como siempre, está en ejecutar bien lo simple.

La inteligencia artificial como tsunami global

Mientras tanto, el mundo entero está siendo atravesado por algo mucho más profundo: la inteligencia artificial, una tecnología de base que —como lo fueron en su momento la electricidad o internet— transforma industrias enteras. Muchas pymes todavía piensan en la IA como una herramienta que “se suma” al trabajo. Pero la evidencia, y los casos concretos, muestran que eso ya no alcanza. Porque la IA no se agrega: se integra. No es un software más, sino una plataforma que cambia la forma en que se diseña, ejecuta y mejora un proceso. Cambia quién hace qué, en qué orden, con qué datos y con qué nivel de autonomía.

La diferencia entre una pyme que incorpora IA para "probar algo nuevo" y una que se reinventa como empresa nativa en IA es abismal. La primera suele quedarse en soluciones aisladas: un chatbot, un asistente de atención, un resumen automático. La segunda rediseña procesos con IA en el centro: ventas, cobranzas, planificación, compras, posventa. Y lo mide. Y lo mejora semana a semana. Este cambio no es automático. Tiene curva de aprendizaje, requiere orden interno y decisiones. Pero los datos son claros: las empresas que logran integrar IA de manera estructural ven mejoras reales en productividad, tiempos de respuesta, precisión operativa y rentabilidad. No es magia: es método, foco y cultura de mejora continua.

IA34
Muchas pymes todavía piensan en la IA como una herramienta que “se suma” al trabajo.

Muchas pymes todavía piensan en la IA como una herramienta que “se suma” al trabajo.

Qué hacer hoy: foco, orden y decisión

El doble desafío es claro. La apertura económica exige volver al negocio con los pies en la tierra: producto, costos, clientes, caja. Y la IA nos obliga a mirar más lejos: rediseñar cómo operamos, qué tareas automatizamos, cómo usamos nuestros datos, y qué tipo de empresa queremos ser en cinco años.

Es fácil perderse. Pero también es una gran oportunidad. Porque nunca hubo tanta tecnología al alcance. Y porque los que se mueven antes, ganan más. No hace falta hacer todo de golpe. Basta con elegir bien dónde empezar: un proceso clave, un cuello de botella, un área donde sabemos que podemos mejorar. El futuro no será de los que más tecnología acumulen, sino de los que mejor la integren a su forma de trabajar. Y eso empieza con una decisión.

El nuevo Walter

Walter se asombraba ante los teléfonos sin cable. Hoy, muchos empresarios se asombran al ver que una herramienta puede anticipar pedidos, detectar errores o redactar un presupuesto. Pero la verdadera pregunta no es qué puede hacer la tecnología, sino qué vamos a hacer nosotros con ella.

El mundo gira rápido. Y como muestra la historia reciente, quedarse quieto —por miedo, por comodidad o por nostalgia— es más riesgoso que moverse. Las pymes que logren surfear la apertura con foco, y subirse al tsunami digital con inteligencia, serán las que definan el nuevo mapa productivo de la Argentina.

* Luis Molouny, Socio Director de Ascent