Presenta:

Emprender con conciencia: el desafío de las nuevas generaciones

Millennials y centennials redefinen cómo emprender en Argentina: innovar con impacto, biomateriales y procesos transparentes en un país incierto.

Emprender hoy no es lo mismo que hace diez años.

Emprender hoy no es lo mismo que hace diez años.

Freepik.

Emprender hoy no es lo mismo que hace diez años. Y definitivamente no es lo mismo que hace cinco décadas. Las reglas del juego cambiaron, el contexto cambió y, sobre todo, cambiaron las personas que deciden crear algo propio. En Argentina, además, emprender implica hacerlo es un desafío, en un escenario de incertidumbre económica, estructuras productivas desafiantes y reglas que se redefinen constantemente.

En pleno siglo XXI, emprender ya no se trata solo de detectar una oportunidad de negocio o lanzar un producto innovador. Cada vez más, implica hacerse cargo del impacto que ese proyecto tiene en el entorno: en el ambiente, en la comunidad y en la forma en que producimos y consumimos. Esta mirada ya no pertenece únicamente a nichos alternativos, sino que empieza a consolidarse como una exigencia concreta del mercado y de los grandes actores de la industria.

Nativos digitales

Emprender ya no es detectar una oportunidad de negocio. Es así como este cambio se nota con claridad cuando miramos a las nuevas generaciones emprendedoras. Los millennials, nacidos entre 1981 y 1996, nacimos viendo el surgimiento de internet, las redes sociales y la digitalización en casi todos los procesos.

Fuimos protagonistas de la transición entre lo analógico y lo digital, e incorporamos con el tiempo conceptos ligados al cuidado ambiental y la responsabilidad social, primero como inquietud y luego como parte estructural de los proyectos.

emprendedores (2)
En pleno siglo XXI, emprender ya no se trata solo de detectar una oportunidad de negocio o lanzar un producto innovador.

En pleno siglo XXI, emprender ya no se trata solo de detectar una oportunidad de negocio o lanzar un producto innovador.

La Generación Z, o centennials, profundiza esta lógica. Llegan a un escenario aún más complejo, marcado por la crisis climática, la inestabilidad económica y un fuerte cuestionamiento al sistema productivo tradicional. Para ellos, la sustentabilidad ya no es un “plus” ni una estrategia de marketing: es una condición básica. Esa conciencia, que empezó a gestarse con los millennials, hoy se vuelve innegociable.

Más que una diferencia generacional, lo que aparece es una continuidad. Una forma distinta de pensar el valor, donde el impacto ambiental y social deja de ser accesorio y pasa a ser estructural. Antes de preguntar cuánto rinde un proyecto, las nuevas generaciones se preguntan cómo se hace, con qué materiales, en qué condiciones y con qué consecuencias.

Innovar, volver a lo natural

En este punto aparece uno de los cambios más interesantes del nuevo emprendedurismo. Innovar ya no significa únicamente crear algo completamente nuevo, sino revisar procesos históricamente industriales y reemplazarlos por alternativas más simples, más naturales y más conscientes.

Cada vez más proyectos están explorando materiales que no nacen en una fábrica, sino en la propia naturaleza: en residuos orgánicos, en ciclos biológicos, en recursos que siempre estuvieron ahí pero que fueron desplazados por una lógica productiva basada en lo sintético y lo masivo. Por ejemplo, el micelio -la estructura vegetal de los hongos- es una materia prima natural clave para desarrollar soluciones sustentables.

Lo novedoso no es solo el material, sino la mirada. Es la conciencia la que permite resignificar estos recursos y combinarlos con diseño, conocimiento científico y tecnología para transformarlos en soluciones reales. No se trata de volver al pasado, sino de usar lo natural de manera inteligente, eficiente y escalable.

Trabajar con biomateriales implica aprender a dialogar con la naturaleza, aceptar tiempos biológicos y diseñar desde el proceso, no solo desde el resultado. Diseñar con micelio nos obligó a repensar como sociedad, escalas, tiempos y expectativas, pero también nos permite construir un modelo productivo más consciente y alineado con los valores que queremos sostener como empresa.

emprendedores
Cada vez más proyectos están explorando materiales que no nacen en una fábrica, sino en la propia naturaleza.

Cada vez más proyectos están explorando materiales que no nacen en una fábrica, sino en la propia naturaleza.

El proceso de emprender

El valor ya no está solo en el producto final, sino en todo su proceso. Los consumidores jóvenes miran el detrás de escena. No se enamoran fácilmente de las marcas, pero sí valoran la coherencia entre el discurso y la acción: la huella ambiental, el trato a las personas involucradas y la transparencia en la producción.

Frente a este escenario, muchas pymes creadas por generaciones anteriores intentan reconvertirse y sumar criterios de sustentabilidad. En cambio, los nuevos emprendimientos nacen directamente con esta lógica incorporada. No solo como una postura ética, sino como una estrategia de largo plazo y un diferencial competitivo real.

Como sociedad, entender este cambio de paradigma es clave. Implica repensar cómo fomentamos el emprendedurismo, cómo acompañamos estos proyectos y cómo construimos un ecosistema que valore la creatividad, la tecnología y la conciencia ambiental. Emprender con conciencia no es una moda: es la forma en que una nueva generación está redefiniendo qué significa crear valor. Y ese valor, hoy, también se mide en impacto.

* Denise Pañella. Diseñadora industrial y fundadora de MOSH.