Elecciones en la Sociedad Rural, freno a la Ley contra el Ecocidio y el debate por los bonos de carbono: la agenda del arranque de septiembre
Entre la definición entre Nicolás Pino y Marcos Pereda Born, el avance de la Ley de Biocombustibles y el reclamo de CRA para defender la propiedad de los activos ambientales de los productores, el campo enfrenta una semana clave.
Nicolás Pino y su vice Marcos Pereda Born se enfrentarán en las elecciones de la Sociedad Rural.
N/ATiempos intensos. Las elecciones divididas que se definirán esta semana en la Sociedad Rural Argentina (Nicolás Pino versus Marcos Pereda Born), la aparente decisión de rechazar en el Congreso la propuesta de Ley sobre “Ecocidio” que preocupaba (con razón) al campo, los ecos (positivos) del dictamen de las comisiones sobre la Ley de Biocombustibles ahora respaldado también por una veintena de entidades (que piden su pronta aprobación), y el frío con nevadas y hasta granizo en ciertas zonas que caracterizó al último fin de semana, fueron algunas de las muchas cosas que definieron el arranque de septiembre.
No fue lo único, ya que la inesperada (?) actividad del Parlamento en materia de agroindustria alcanzó también al estratégico Mercado de Créditos Carbono que logró aprobación en comisiones, pero que despertó algunos alertas, como el de los ruralistas de CRA que puntualizaron que “la titularidad de esos activos debe pertenecer, exclusivamente, a los productores agropecuarios”.
En sendas comunicaciones, la entidad mantuvo su acompañamiento en el “desarrollo de un mercado nacional de carbono, como una oportunidad para atraer inversiones, fortalecer la sostenibilidad y generar nuevas fuentes de ingresos para el sector, siempre que la futura legislación brinde seguridad jurídica y respete el derecho de propiedad de los productores”, condicionó la entidad ruralista.
¿Hay que copiar a Brasil?
Sin duda, el éxito agroindustrial logrado por Brasil en los últimos 25 años, aunque la tendencia comenzó en los '70-'80, se consolidó especialmente en lo que va del siglo XXI, logrando desplazar incluso a la Argentina de algunos de sus rubros más destacados, como la carne vacuna, ciertas frutas y varios cultivos anuales.
De ahí que la reciente presentación de un análisis realizado por el CIPPEC, el think tank de políticas públicas que dirige el economista, y exdiputado nacional por Santa Fe, Luciano Laspina, despertara el interés, al tiempo que da varias pistas, y también abre el juego a las comparaciones y al análisis.
Por caso, es sabido que en los '70, el rodeo de ambos países era similar con unos 60 millones de cabezas cada uno, y una sensible “diferencia” en las calidades. Hoy, Argentina tiene 10 millones de cabezas menos que entonces, mientras que Brasil ronda los 200 millones (aunque podría “rebotar” de su actual liquidación), cuenta con más mercados de exportación que Argentina, al haber sido reconocido “libre, sin vacunación” (de aftosa), y logró una calidad carnicera destacada.
El Cippec, además, destaca que:
- Desde los 2000, Brasil produjo cerca de 1.550 millones de toneladas “adicionales” de granos respecto Argentina, con un valor aproximado de US$475.000 millones.
- Entre 2002 y 2025, por cada tonelada vendida, el productor argentino recibió en promedio 60% de lo percibido por un brasileño en soja, 65% en maíz y 72% en trigo. En soja, la facturación por hectárea del productor argentino fue apenas el 53% de la brasileña a lo largo del período analizado.
- En Brasil, surgieron 319 nuevas ciudades y más de 5 millones de personas se mudaron a las nuevas zonas agropecuarias entre 1992 y 2022.
- Entre 1995 y 2025, mientras el PIB total de Brasil aproximadamente se duplicó, el PIB del agronegocio se multiplicó por 3,3. En dos de cada tres años, además, el agronegocio avanzó más que el conjunto de la economía.
- El Centro-Oeste (brasileño) pasó de representar apenas 3% de las exportaciones brasileñas en 2000 a 16% en 2025 y la relación por habitante, saltaron de US$160 (la mitad del promedio per cápita) a US$3.156 (casi el doble del promedio per cápita brasileño).
Por supuesto que hay muchos más datos, aunque lo importante es la razón de la inversión de las tendencias entre ambos socios del Mercosur, hasta donde Argentina puede aún achicar las brechas, y si las políticas brasileñas pueden ser "copiadas".
Del análisis preliminar surge que el país vecino tuvo, primero, una definición estratégica que mantuvo en el tiempo, y hacia la cual hizo confluir las políticas económicas (especialmente la tributaria), además de una definición geopolítica clave: conquistar el oeste y sumarlo a la producción, además del sur y la costa, que eran los estados “agrícolas”.
El derecho a la propiedad privada se ató directamente al crecimiento económico, y se “desactivó” el Movimiento Sin Tierra. Por supuesto que no tienen retenciones, y los bienes de exportación no pagan Ingresos Brutos a los insumos.
A diferencia de Argentina, que aún mantiene un “aporte” que supera los US$5.000 millones/año por retenciones (que llegaron a ser de más del doble), Brasilia otorga un subsidio al crédito de US$56/ha, equivalente a US$3.000 millones /año.
De lo cual, en una primera aproximación, surge que Brasil tuvo definiciones estratégicas, una planificación (del país que incluyó nuevas áreas productivas) que mantuvo en el tiempo; e impuso la confluencia de herramientas de política tributaria, y crédito, entre otras cosas, para lograr su objetivo.
Y, según los datos de CIPPEC, lo logró.
Aparecen créditos, pero con gusto “a poco”
Mientras la Secretaría de Agricultura informó que el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) ya otorgó más de $ 67.000 millones en créditos en Valor Producto (unos U$S 45 millones), un estudio de las cooperativas de Coninagro indica que “aunque el crédito agropecuario creció 37% interanual, todavía es insuficiente”.
De acuerdo al trabajo, el saldo agregado de US$12.303millones a junio de 2026, representa una notable mejora de 37% respecto al mismo mes del año anterior, lo que equivale a una inyección de US$3.329 millones adicionales en la economía productiva”.
A pesar de esto, se trata de apenas un cuarto de la inversión productiva anual, y un porcentaje aún menor respecto a la profunda descapitalización que enfrenta el sector, que fue erosionado durante más de dos décadas.
Por otra parte, si bien se reconoce la mejora operada en los últimos ciclos, hay que tener en cuenta que la producción agropecuaria contó, históricamente, con “créditos de evolución”, que hace años que no existen, mientras que se destaca, además, la cantidad de campos que están fuera del sistema (sin carpetas aprobadas), solo sustentados por el crédito comercial.
Parte de la “auto”(?) limitación seguramente proviene de “las tasas de interés promedio, en pesos, que experimentaron una suba interanual, pasando de 49,3% a 52,4%”. “Sectores como el bovino debieron enfrentar tasas promedio de 59%, consolidándose como el segmento de mayor costo financiero”, señala Coninagro.
Contrariamente, “el crédito en dólares trajo alivio”. “La tasa promedio bajó de 7,8% en 2025 a 5,7% a mediados de 2026, con una caída de 27%”, afirman las cooperativas. Este tipo de crédito fue traccionado, especialmente, por el sector cerealero.
Lo acotado del aporte queda en evidencia con la cobertura de la producción nacional anual, de apenas entre 7% y 10% del Valor Bruto de Producción (VBP) para los granos anuales y la ganadería, entre los principales rubros.
En cuanto a los mucho más “amigables” (para los productores) créditos a valor producto que asigna el BICE, si bien se trata de una herramienta de financiamiento “que se encuentra disponible para los sectores ganadero, tambero y porcino”, según detalla Agricultura, los alrededor de US$45 millones entregados en los dos últimos años a 440 productores, aunque constituyen una buena señal, son un cifra totalmente exigua para las necesidades de recomposición que enfrenta el principal sector de generación de divisas que aún tiene el país.

