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La inteligencia artificial llegó a las empresas, pero el criterio humano sigue siendo irremplazable

La inteligencia artificial puede mejorar procesos y resolver tareas, pero su uso sin supervisión puede afectar la identidad y reputación de una marca.

El desafío no pasa por rechazar la Inteligencia Artificial, sino por incorporarla con reglas claras.

El desafío no pasa por rechazar la Inteligencia Artificial, sino por incorporarla con reglas claras.

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La Inteligencia Artificial ganó terreno en todos los ámbitos y el mundo corporativo no es la excepción. Sin embargo, el entusiasmo por la tecnología muchas veces convive con una carencia de criterio. Si para obtener mejores resultados una IA necesita contexto, también es necesario preguntarse qué ocurre cuando distintas empresas utilizan las mismas herramientas, con objetivos similares y proporcionándoles información semejante. La respuesta, en muchos casos, será también semejante.

El riesgo de que todas las marcas terminen hablando igual. Esto no significa que la IA no sea productiva. Por el contrario, puede convertirse en una excelente herramienta para resolver tareas repetitivas, buscar información y agilizar procesos.

El problema aparece cuando se pretende delegarle tareas estratégicas o creativas que requieren análisis, criterio y conocimiento profundo de la identidad de una empresa. Una marca que deja completamente en manos de la tecnología su comunicación corre el riesgo de perder personalidad y terminar pareciéndose a cualquier otra de su industria.

La Inteligencia Artificial ganó terreno en todos los ámbitos y el mundo corporativo no es la excepción.

La Inteligencia Artificial ganó terreno en todos los ámbitos y el mundo corporativo no es la excepción.

Lo mismo ocurre con la información. Una IA puede ser útil para recopilar datos, fechas y antecedentes, pero todo ese material debe ser verificado por un humano. Las herramientas pueden entregar información incorrecta, no citar fuentes o incluso generar datos inexistentes para responder a una solicitud. En redes sociales, la creciente homogeneización de los discursos corporativos es una muestra de lo que sucede cuando distintas compañías utilizan las mismas herramientas para hacer prácticamente lo mismo.

Reglas claras

El límite debe estar definido antes de cometer el error. Por eso, el desafío no pasa por rechazar la Inteligencia Artificial, sino por incorporarla con reglas claras. Toda empresa debería contar con un manual de procedimiento que determine qué tareas pueden delegarse, cuáles requieren intervención humana y quién debe revisar los contenidos antes de su publicación. También es fundamental verificar cada dato y adaptar las respuestas para preservar el tono, los valores y la personalidad de la marca.

Ninguna de estas medidas requiere grandes presupuestos ni procedimientos complejos. Requieren, sobre todo, criterio. La IA ya está instalada en el mundo corporativo y puede generar resultados positivos cuando funciona como herramienta y facilitadora, con supervisión humana. El verdadero riesgo aparece cuando se la convierte en una solución para todo. Porque están en juego la credibilidad, la reputación y la identidad de las empresas, activos que pueden construirse durante años y perderse en cuestión de minutos.

* Natalia Vivas, periodista y consultora en Comunicación Estratégica.