Defensa: la Cumbre de la OTAN es crucial para las acciones europeas
Los países que integran la Alianza se comprometen a elevar el gasto en defensa al 5% del PIB. El resultado de la reunión influirá en el ánimo de los inversores.
Estados Unidos y Donald Trump, muy activos en la última Cumbre de la OTAN. Foto EFE
Foto EFEEn el marco del conflicto bélico entre Israel e Irán se celebrará la Cumbre de la OTAN en La Haya que ya desde meses atrás tenía en la agenda prioritaria la guerra ruso-ucraniana. Por esto los expertos consideran que la reunión de la Alianza del Atlántico Norte está llamada a ser un momento crucial para la estrategia de defensa europea.
También la industria de defensa estará expectante y por ende la cumbre será clave para los mercados y las acciones de empresas vinculadas con la carrera armamentista.
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ya le había puesto cifras a la inversión necesaria para rearmar Europa: 800.000 millones de euros. Sin embargo, el compromiso de elevar el gasto en defensa a 5% del PIB no tiene el consenso pleno, ya que, por ejemplo, España se opone al 5% y es fustigada por el propio Donald Trump.
Agenda de la OTAN
Para los analistas del banco germano Deutsche Bank el aumento del gasto público en defensa podría ubicarse entre el 3% y el 3,5% del PIB a medio plazo. Lo cierto es que como señalan los expertos de la gestora estadounidense WisdomTree, el telón de fondo geopolítico no podría estar más cargado en esta nueva Cumbre de la OTAN, ya que la prolongada guerra de Rusia en Ucrania, las tensiones en Medio Oriente y la creciente preocupación por la seguridad en el Indo-Pacífico han obligado a Europa a reexaminar su tradicional dependencia de Estados Unidos en materia de defensa.
Por ello creen que el debate girará en torno a un aumento significativo del gasto en defensa y a la mejora de las capacidades militares europeas, por lo que los resultados de la cumbre podrían tener profundas implicaciones para las empresas de defensa europeas.
Presupuesto de defensa
Lo que se planteó como una meta simbólica del 2% del PIB se ha convertido ahora en una apuesta firme por alcanzar el 5%, destinando un 3,5% a defensa convencional y un 1,5% a capacidades complementarias como ciberseguridad e infraestructuras estratégicas.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, presentó recientemente este nuevo planteamiento, calificándolo de "salto gigantesco" y esencial para reforzar la capacidad de disuasión de la Alianza. Este giro no se queda en un simple cambio de discurso. EE.UU., con Trump al frente, está exigiendo a sus socios que concreten presupuestos, plazos y resultados verificables.
Como señaló el embajador estadounidense ante la OTAN, Matthew Whitaker: "No será solo una declaración de intenciones, sino un compromiso efectivo". Por lo pronto, Europa ha superado ya las simples declaraciones políticas y las presiones diplomáticas, incorporando ahora la condicionalidad financiera como elemento clave.
Euros sobre la mesa
Pero en el centro de esta estrategia se sitúa la Plataforma de Tecnologías Estratégicas para Europa (STEP), anteriormente conocida como SAFE, que cuenta con un presupuesto de 150.000 millones de euros y se perfila como la principal herramienta de la UE para reforzar su autonomía tecnológica e industrial en el ámbito de la defensa.
Los estrategas globales consideran que esta nueva exigencia funciona como una potente palanca económica, especialmente dirigida a aquellos países que dependen de los fondos comunitarios, pero mantienen una inversión insuficiente en materia de defensa. Es una forma clara de trasladar desde Bruselas que se espera una mayor implicación de los Estados miembros, tanto en términos presupuestarios como de capacidad industrial.
Pero la UE priorizará el acceso a fondos para los países con proyectos de defensa sólidos, sistemas interoperables y estrategias conjuntas de adquisición, y aquellos que no cumplan los compromisos de la OTAN podrían quedarse fuera de las inversiones europeas en innovación, energía y ciberdefensa.
Este uso de incentivos financieros, en lugar de sanciones, marca un nuevo enfoque en la coordinación estratégica europea. Claro que, en paralelo, gana fuerza una Estrategia Industrial Europea de Defensa (EDIS) de facto, impulsada por la necesidad de reforzar la autonomía militar ante la incertidumbre transatlántica.
Si bien la OTAN no exige comprar material europeo, sí fija objetivos de capacidades que empujan a los Estados miembros a optar por soluciones continentales, reduciendo así la dependencia exterior. Las conversaciones avanzan para dar prioridad a fabricantes europeos en los programas conjuntos, junto a medidas para agilizar licencias, exportaciones y compras agregadas a través del Fondo Europeo de Defensa.
Gasto en defensa
Además, la OTAN subraya que no basta con aumentar el gasto: lo relevante es invertir en capacidades interoperables y en áreas críticas como defensa antimisiles, largo alcance, logística ágil y redes integradas de inteligencia y vigilancia. De modo que lograr una mayor estandarización en la OTAN será clave, especialmente en plataformas, protocolos de datos y logística.
Los fabricantes deberán ofrecer equipos interoperables desde el inicio, mientras que los sistemas obsoletos que no cumplan los requisitos tendrán difícil acceder a nuevos contratos. Esta tendencia influirá en adquisiciones, I+D, alianzas y decisiones de inversión en el sector de defensa europeo.
Desde WisdomTree, consideran que las capacidades básicas, como sistemas aeroespaciales y municiones, son esenciales para la resiliencia estratégica a largo plazo. Este enfoque se alinea con el plan de la OTAN, que asigna el 3,5% de su nuevo objetivo del 5% del PIB a defensa convencional, confirmando además los análisis de la Agencia Europea de Defensa sobre el déficit de inversión en este ámbito en tiempos de paz.
Por lo tanto, concluyen que la Cumbre de la OTAN no se limitará a reafirmar la unidad transatlántica, sino que la hará operativa, por lo que la fusión de la presión de la OTAN con los incentivos financieros de la UE crea un entorno estratégico en el que se recompensa el cumplimiento de las normas y un bajo rendimiento tiene consecuencias, al tiempo que la política industrial de defensa se mueve al corazón de la soberanía europea.