León XIV: después de un peronista llega un papa socialdemócrata
Si Francisco era peronista, Leon XIV es socialdemócrata, y con una concepción de la economía concreta y sin mayores especulaciones de contenido.
Ambos creen en la propiedad privada con destino de bienestar social, en la justicia social, la redistribución de la riqueza, el rol del estado y la función de inserción de la Iglesia en la organización de los sectores más desprotegidos.
En síntesis, la llegada de Robert Prevost Martínez al papado podría ser en términos económicos una profundización y profesionalización de las intenciones que Jorge Bergoglio llevó a Roma.
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Como para comenzar a definir económicamente a Prevost hay que describir a los agustinos. San Agustín está considerado dentro de la filosofía católica como el puente entre Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, pero con su propia impronta.
Fue el primer en hablar directamente de la riqueza y sus valores, y la determinación de la esencialidad de la propiedad privada. Pero siempre en beneficio del bien común, lo que con los siglos derivó en el concepto de justicia social.
Con el tiempo, los agustinos o agustinianos desarrollaron conocimientos serios y profundos de administración propia. Cultores de la enseñanza, trasladaron esas técnicas de gestión a escuelas de profesiones.
Se los considera de los primeros en enseñar administración propia de los ingresos y vinculación de estos con la sociedad. No sólo no condenaban la propiedad privada, sino que consideraban al crecimiento como algo positivo, siempre que se realice desde el trabajo y el esfuerzo.
Pero siempre vincularon este progreso con la pertenencia a una sociedad, siendo así los primeros cultores profundos de la redistribución de la riqueza en la sociedad.
Muy presentes en las colonias católicas, especialmente en América Latina, llevaron estos conceptos a las tierras indígenas y, luego, a los sectores más pobres; enseñando a organizar cooperativas y pequeños emprendimientos.
Se los considera como precursores de la organización económica y financiera de los pueblos originarios, con criterios de administración más modernos que los jesuitas.
Son creyentes en el rol del Estado y en la condena del beneficio financiero como fuente irreductible de la riqueza. Más acá en el tiempo, los agustinos condenan las grandes fortunas generadas en los últimos años y critican abiertamente cuando los ricos modernos gastan dinero en excentricidades.
Una frase sintética de San Agustín sobre la propiedad privada y la riqueza indica que “la posesión de los bienes no es mala en si misma, si se tiene el cuidado de no quedar amarrado a ellos, y siempre y cuando se haga un uso adecuado”.
Si además se tiene en cuenta el nombre elegido por Prevost, Leon IV, podemos derivar a que buscará ser un continuador, no sólo de Francisco, sino de Leon XIII, el papa que gobernó la iglesia en plena revolución industrial y surgimiento del marxismo leninismo y que fue el creador de la Doctrina Social de la Iglesia a través de la Encíclica Rerum Novarum publicada el 15 de mayo de 1891.
Allí la iglesia aborda y analiza las condiciones de los trabajadores y establece principsiop sobre la justicia social y la propiedad privada, además de las relaciones entre los empleadores y los empleados. Ese documento, fundante de la socialdemocracia y adoptados por las democracias cristianas de posguerra de la europea moderna de poguerra, deficientes el derecho a un salario justo, la existencia de sindicatos y la intervención del Estado para proteger a los trabajadores más vulnerables. Defienden también la propiedad privada y el crecimiento de la economía, pero con un sentido de responsabilidad social, sugiriendo que la acumulación de riqueza debe contribuir al bienestar común.
La propiedad privada la considera como un derecho natural y esencial para la libertad y el desarrollo personal. Sin embargo, considera también que este derecho debe ser ejercicio de manera responsable y en beneficio del “bien común”. Concepto que luego la Iglesia repetiría durante todo el siglo XX y XXI, dentro de la Doctrina Social de la Iglesia, surgida precisamente con esta encíclica.
Rerum Novarum critica abiertamente y en medio de la revolución Industrial, las condiciones laborales de fines del siglo XIX; incluyendo los abusos de los trabajadores, reclama por salarios justos, condiciones de trabajo dignas y el derecho a formar asociaciones y sindicatos para defender sus intereses.
Sostiene además como indispensable la presencia del Estado como redistribuidor de la riqueza, la protección de los derechos de los trabajadores y la garantía de la justicia social. Pero también advierte contra una intervención excesiva que limite la libertad individual y la iniciativa privada.
Los que conocen a Prevost desde sus años pastorales peruanos, aseguran que tiene todos estos conceptos agustinianos y leonianos en la cabeza desde siempre, y que los fomentó en las sociedades pobres donde le tocó intervenir.
Llega entonces, un socialdemócrata. Para algunos, la etapa superadora del peronismo.



