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El acuerdo con el FMI y el gran ausente: el trabajo y el empleo

En estas líneas se analiza el impacto del acuerdo con el FMI y la preocupante ausencia de políticas laborales y de apoyo a las pymes en la agenda económica del Gobierno nacional.
La economía real, la del trabajo y el empleo genuino, los salarios y las pequeñas empresas, sufre mientras los datos macro mejoran. Foto: Archivo MDZ
La economía real, la del trabajo y el empleo genuino, los salarios y las pequeñas empresas, sufre mientras los datos macro mejoran. Foto: Archivo MDZ

Mientras el Gobierno celebra el cumplimiento de las metas fiscales acordadas con el Fondo Monetario Internacional FMI, la economía real, la del trabajo y el empleo genuino, los salarios y las pequeñas empresas, se desangra en silencio.

El nuevo entendimiento con el organismo internacional, aprobado sin debate público, consolida una hoja de ruta macroeconómica que olvida a propósito el desarrollo productivo y el empleo. No por error. Por convicción. Argentina sufre un deterioro acelerado de su mercado de trabajo.

En enero de 2024, se registró una caída del 2,2% del empleo registrado privado en comparación interanual, según datos del Ministerio de Trabajo. Esa cifra, que puede parecer técnica, representa más de 120.000 puestos de trabajo perdidos en tan solo doce meses. Y lo más alarmante: la tendencia sigue en picada.

La industria pyme, responsable del 70% del empleo formal, está al borde del colapso. Según CAME, en febrero la producción de las pymes industriales cayó un 35,6% interanual. Los niveles de despidos y suspensiones en el sector manufacturero duplican los de 2023.

Pero ni en el acuerdo con el FMI ni en el discurso oficial se escucha una palabra sobre esto. No hay alivios fiscales, no hay medidas de fomento, no hay asistencia para sostener el empleo. Hay silencio. 

La industria pyme, responsable del 70% del empleo formal en el país, está al borde del colapso. 
Foto: Archivo.

El gobierno de Javier Milei ha dejado claro que su prioridad no es el trabajo ni los trabajadores. Tampoco los empleadores. Su modelo no tiene lugar para sindicatos, convenios colectivos, políticas activas ni diálogo social. Solo hay macroeconomía.

El Estado se retira del mercado laboral como si ese abandono no tuviera consecuencias humanas. Pero las tiene, y son graves. Los salarios reales siguen cayendo. Según el Indec, en enero de 2024 el poder adquisitivo de los trabajadores registrados cayó un 18% en términos reales respecto al mismo mes del año anterior. En los no registrados, la caída supera el 25%. Es decir, la mayoría de los argentinos trabaja, pero cada vez vive peor.

La informalidad ya roza el 45% en el empleo urbano. Es decir, casi la mitad de los trabajadores no tiene derechos laborales, no aporta a la seguridad social y queda fuera del sistema previsional. Y, aun así, el Gobierno insiste en que el problema es el gasto público, no la exclusión laboral.

El acuerdo con el FMI era una oportunidad para trazar una estrategia de desarrollo que pusiera al trabajo en el centro. Pero se eligió el camino del ajuste puro, la apertura irrestricta y el desmantelamiento de la capacidad reguladora del Estado. Esa no es una política económica, es un dogma. Y como todo dogma, niega la realidad.

La informalidad ya roza el 45% en el empleo urbano.
Foto: MDZ.

En lugar de proteger a las empresas nacionales, se las expone a una competencia desleal con productos importados sin aranceles. En lugar de financiar la producción, se recortan los créditos productivos. En lugar de incentivar el empleo formal, se precariza y se criminaliza al que no puede cumplir. 

La obsesión por el equilibrio fiscal, sin una estrategia de crecimiento inclusivo, es como intentar salvar un barco tapando agujeros mientras se hunde por el peso de su propia indiferencia. Argentina no necesita solo estabilizar su economía. Necesita reconstruir su contrato social. Y ese contrato se funda en una sola palabra: trabajo y empleo de verdad.

El empleo no es una variable de ajuste. Es un derecho humano, una herramienta de integración y el verdadero motor del desarrollo. Sin políticas activas que fomenten la producción, el empleo formal y la innovación, no habrá crecimiento sostenible, ni justicia social, ni salida real de la crisis. 

Es momento de que la política económica deje de mirar solo las planillas de Excel del FMI y empiece a mirar las calles del Conurbano, los parques industriales vacíos y las persianas bajas de los comercios.

El trabajo no puede seguir ausente en la agenda de la Argentina. Porque cuando no se habla de trabajo, se está decidiendo en su contra.

 Juan Pablo Chiesa.

Juan Pablo Chiesa  es abogado especializado en Empleo y Políticas Públicas, escritor, docente y presidente de Aptitud Renovadora. 

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