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La estrategia de "planchar" el precio de la carne para no perder más consumo

Con valores estables y cada vez más cerca de otros productos de la canasta, las carnicerías resignan rentabilidad para no caerse del sistema. Precios y estrategias de compra.
Ante la caída del poder adquisitivo, los consumidores ajustan por precio su consumo de carne. Foto: Santiago Tagua/MDZ
Ante la caída del poder adquisitivo, los consumidores ajustan por precio su consumo de carne. Foto: Santiago Tagua/MDZ

En comparación con otros alimentos, la carne ya no es un bien de lujo, ya que sus precios se han estabilizado y desde hace unos meses no se ven grandes incrementos. Sin embargo, este consumo todavía no es accesible para muchos argentinos, que ya no acceden a lo que alcanzaban hasta hace poco.

La prueba está en que, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, el consumo de carne finalizará en 2024 en su nivel más bajo en más de cien años. Con la expectativa de que sean 44,8 kilos por habitante por año, la cifra está por debajo de los 46,9 kilos que se consumían en 1920. 

Mientras nadie quiere dejar de vender en medio de un consumo caído, las carnicerías que todavía venden han achicado márgenes por el fuerte aumento de costos. En tanto, aunque no son la mayoría, hay otras en riesgo de cierre o que ya tuvieron que cerrar.

Es que no todos pueden hacer frente a las abultadas facturas de energía eléctrica, la suba de los alquileres, distribución y salarios, por mencionar los rubros más grandes de la estructura de costos. Frente a un futuro muy incierto, diversos referentes del sector apuestan por la baja de la inflación para incentivar las compras.

El presidente de la Cámara de Abasteros y Matarifes de Mendoza, José Rizzo, destacó que los precios del rubro se han equilibrado. Y mientras la carne vacuna prácticamente no subió, sí hubo readecuaciones en el pollo y el cerdo que estaban muy baratos. Estas carnes, sin embargo, continúan con precios mucho menores que la de vaca en líneas generales con brechas, en algunos casos, de hasta $4.000 por kilo.

Algunos precios

Más allá de este amesetamiento en los precios, para muchos argentinos que perdieron su poder de compra con salarios muy atrasados, una compra habitual en la carnicería puede desequilibrar los ingresos. Claramente, los rendimientos y calidades de los distintos cortes, tipos de carne y puntos de venta son diferentes, se pueden enumerar algunos precios actuales.

Las carnicerías resignan rentabilidad y pelean precio por precio.

Por caso, para la carne premium como el lomo o el peceto hay que pensar en unos $9.000 el kilo mientras que el tradicional vacío ronda los $8.000. La bola de lomo, la cuadrada o la tapa de nalga ronda los $7.000 al tiempo que la paleta cuesta unos 500 pesos menos por kilo. En tanto, el cuarto trasero de pollo se puede conseguir por unos $2.000 de mínima, lo que se encarece si es pollo fresco o de granja. Los cortes de cerdo están en precios intermedios y están en torno a los $5.000.

En la actualidad, los cortes menos buscados son los que tienen hueso, debido a que poseen menor rendimiento. De este modo, el costillar completo puede costar unos $4.500 a $5.000 mientras que por piezas llega a $6.000. La variedad es alta y, según Rubén Pontel, integrante de la Cámara de Abasteros, las personas buscan la oferta. "El que compraba molida (picada) de primera, ahora compra de segunda y así se han bajado los segmentos", subrayó.

En líneas generales, el precio manda y, según Rizzo, "la gente las proteínas las consume por un lado o por otro". En un contexto de menor inflación debido a la recesión, José Brizuela de carnicería La Pradera y también con muchos años en el rubro, subrayó que tanto clientes como carnicerías se acomodan a la nueva situación.

Hay que tener en cuenta que, sobre todo en la segunda mitad del año pasado, unos y otros adelantaban consumos para perder lo menos posible frente a la inflación. "Esto ahora no se ve", explicó Brizuela. Agregó que su negocio ha mantenido las ventas, pero que la competencia es alta.

Expectativas de vacas flacas

Hacia delante, el sector de la carne no realiza anticipaciones. Sin embargo, en general se cree que hasta pasado fin año se mantendrá la época de vacas flacas. Es que los altos costos operativos de los locales y la dificultad para trasladar a precios obliga a diversos ajustes y ahorros internos. El impacto de la recesión, los despidos en el sector público y el goteo que también se siente en algunos rubros del privado anticipan que el consumo seguirá bajo en líneas generales.

Pasar de carne picada especial a común es una estrategia cada vez más utilizada.

"Los números son muy justos", admitió José Brizuela quien coincidió con sus colegas en que el sector sacrifica rentabilidad. En este sentido, Rubén Pontel detalló que en el último mes la carne se estabilizó, pero no por una mejora en el contexto general sino debido a que otros alimentos la equiparon en precios. "Si uno lo compara con otros, la carne es un producto relativamente barato de la canasta familiar", destacó Pontel. La equiparación, no obstante, no siempre implica mayor acceso.

Las previsiones no son las mejores, ya que habrá que ver cómo impacta la suba de granos (por la plaga de la chicharrita del maíz) en la alimentación de pollos y cerdos. La creciente exportación también será un factor que entrará en juego ya que, si bien no son los mismos cortes, el incentivo a vender afuera es un punto que incide en el mercado. El impacto real, sin embargo, todavía no se alcanza a ver y todo será más claro en 2025. Por el momento, las carnicerías –al igual que sus consumidores- venden y compran con la mirada en el corto plazo.