Opinión

La salud no puede quedar en manos del mercado, menos en un sistema colapsado

El problema de los aumentos en las prepagas sirve para poner en evidencia una situación que no es nueva Argentina, y que golpea de lleno, especialmente, en la calidad de vida de las personas mayores.

Eugenio Semino miércoles, 17 de abril de 2024 · 14:36 hs
La salud no puede quedar en manos del mercado, menos en un sistema colapsado
La crisis sanitaria en Argentina es muy grave, y personas mayores son las principales víctimas Foto: Freepik

Si las prepagas, como afirma el ministro Luis Caputo, le declararon la guerra a la clase media, resulta difícil caracterizar lo que hacen con las personas mayores. Puesto que es ese sector el que mayor necesidad tiene de atención médica regular, aun en los casos en los que no existen problemas agudos.

Una persona de treinta o cuarenta años puede posponer sus controles médicos, una de sesenta o setenta muy difícilmente pueda hacerlo. Y como el sistema público, las obras sociales y el PAMI hace tiempo que dejaron de tener deficiencias para convertirse en un colapso total, en el cual la atención es mucho más una cuestión de suerte que de servicio, todos los jubilados y personas mayores que pueden hacerlo, o que podían, utilizan las prepagas para complementar un servicio que para ellos es vital.

El problema del sistema de salud en general hunde sus raíces muy profundamente en la historia reciente de nuestro país. No hay un motivo único por el cual esta decadencia se haya desencadenado. Pero a partir de la pandemia el nivel de deterioro alcanzó un punto crítico, del cual hasta ahora no hubo retorno. 

El sistema entró en un estado de estrés total durante los casi dos años de pandemia para después colapsar casi por completo en el período postpandemia, debido a la saturación producida por todas las atenciones que se habían postergado o suspendido durante la cuarentena.

El problema del sistema de salud hunde sus raíces muy profundamente en la historia reciente de nuestro país. 
Foto: MDZ.

A su vez, la crisis económica crónica, junto con todos los problemas que acarrea, está generando una fuga de capital humano, para utilizar una denominación cara al actual gobierno. La expectativa de cada persona que se recibe de médico es emigrar, debido a las deplorables condiciones en que se encuentra el sistema de salud y la ausencia de posibilidades de acceder a un salario acorde al nivel de especialización y responsabilidad que tiene un profesional de la salud. Hay que tener todas estas cuestiones en cuenta para entender la gravedad de la crisis sanitaria en Argentina, crisis de la cual las personas mayores son las principales víctimas.

A su vez, también hay que entender que una parte de la crisis se debe a que hay cartelización, tanto en el sistema de salud privado como en la industria de los medicamentos. Esto no es algo nuevo. Hace tiempo que muchas obras sociales funcionan como una carcasa vacía que deriva la verdadera atención hacia las prepagas. Por lo cual son éstas últimas las auténticas gestoras del sistema de salud. 

En ese contexto, los aumentos son decididos en una mesa chica con muy pocos integrantes, demasiado pocos como para que haya verdadera competencia. No es verosímil creer que el Gobierno no conocía esta situación. 

Como es evidente, este tema representa un incómodo límite para la ideología de la no intervención estatal y la liberación absoluta del mercado. Cuando uno necesita ir al médico poco le importa que éste sea público o privado, lo que le importa es que lo atienda de la manera debida. Y si eso no ocurre, el reclamo caerá sobre el Gobierno. La salud de la población es una responsabilidad muy difícil de eludir, especialmente cuando los dramas y tragedias se multiplican a diario a causa de la crisis. 

Hoy tenemos un sistema colapsado, sobre el cual solo deciden actores privados que se guían de acuerdo a su interés económico. Aunque no le guste por motivos ideológicos, tarde o temprano el Gobierno tendrá que hacerse cargo de esa situación.

Eugenio Semino.

* Dr. Eugenio Seminodefensor de la Tercera Edad - presidente de Sociedad Iberoamericana de Gerontología y Geriatría (SIGG).

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