Qué es el estrés hídrico y cómo afecta a los cultivos y a la rentabilidad
La sequía, las heladas, las inundaciones… eventos climáticos extremos a los que el mundo se ve cada vez más expuesto con consecuencias ambientales, económicas y sociales. Como un fenómeno que no es nuevo, pero pareciera crecer, el calor excesivo no solo afecta a las personas y a los animales sino también a las plantas y a los cultivos que quedan sometidas a lo que se denomina estrés hídrico. No se trata de falta de agua sino específicamente de la extensión en el tiempo o repetición de las ondas de calor.
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Al igual que los seres humanos, cuando las plantas están sometidas durante bastante tiempo a temperaturas muy altas se estresan. La parte más compleja de ese estrés tiene que ver con que durante las noches el calor no da respiro y, por ende, no hay posibilidad de recuperación. Esto impacta fuerte en los rendimientos de los distintos cultivos, que se manifiesta de maneras diversas. Entre ellas se destacan frutos más pequeños, menor cantidad de cosecha y baja en la producción industrial por una disminución en la cantidad de azúcar en la planta.
Aunque pareciera que el calor extremo y las ondas largas de calor llegaron para quedarse, todavía no podría hablarse de un fenómeno instalado. Hay que destacar que lo que afecta a los cultivos son estas ondas en las que durante una semana o dos las temperaturas superan los 36 grados durante el día y no dan tregua durante la noche. Esto es lo que diferencia a la onda de calor de otros fenómenos.
El impacto tiene que ver con esto último, más allá de los grados que el termómetro marque al sol. Fabián Ruggeri, ingeniero agrónomo, explicó que a las plantas les sucede algo similar que a las personas. Si bien en verano estamos acostumbrados a temperaturas altas, cierta baja durante la noche trae alivio. “Cuando pasan varias jornadas con más de 36 grados y 29 de noche, al otro día amanecés agotado, ya que no descansás”, explicó el especialista. Agregó: “Lo mismo le sucede a las plantas”.
Qué le pasa a la planta
Si bien Ruggeri, que también preside la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas (Acovi), explicó que las ondas de calor tan largas en el tiempo no pueden considerarse permanentes o constantes todavía, explicó que afectan a las plantas y a los cultivos. Entre otros puntos, no hay un crecimiento adecuado en líneas generales ni una suba normal de la cantidad de azúcar. Esto hace disminuir la productividad, situación que no tiene que ver con que haya riego o no más allá de la importancia de esta problemática.
Según explicó el agrónomo, la planta posee un sistema de defensa y trabaja en función de diversos factores entre los que se puede mencionar el agua, los nutrientes de la tierra y el estado sanitario del vegetal. Entre estos, la temperatura es muy importante ya que incide en el proceso de vapotranspiración (vapor y transpiración) del cultivo a partir del cual toma los nutrientes del suelo.
Esto sucede debido a que los poros que tienen las hojas -llamados estomas- se abren o cierran en función de las necesidades. “Cuando hace mucho calor la planta los cierra todos y el proceso fotosintético no se produce o se realiza en una mínima expresión”, relató Ruggeri. De este modo, cuando durante la noche no baja la temperatura, las estomas no se abren, lo que afecta la actividad fotosintética y, por ende, el crecimiento del brote, del grano y la generación de azúcar. De este modo, el rendimiento y las calidades bajan.
Sobre este tema, Raúl Giordano de la Cámara Frutihortícola de Mendoza (Cafim), explicó que este año bajó el calibre del durazno, entre otras frutas, debido a que las plantas sufrieron mucho estrés hídrico por el calor. Con relación a las uvas, Ruggeri expresó que también se resintió el rendimiento, por el impacto en el azúcar, aunque en medio de una cosecha relativamente buena, la situación no impacta fuertemente.
La falta de agua
A diferencia de otros fenómenos climáticos, no es sencillo prevenir el estrés hídrico, ya que se trata de un mecanismo natural de las plantas. Por otra parte, tampoco depende de la cantidad de agua que reciban o no los cultivos. Por caso, este año Mendoza ha tenido más agua que otros y muchos cultivos, como los duraznos, están muy al día con la tecnología de riego por lo que en general reciben el agua que necesitan.

Más allá de las nevadas en Mendoza, la llegada de las lluvias en otras partes del país o del acceso al riego por goteo, la baja de rendimiento por calor excesivo y continuo no tiene casi modos de prevención. De este modo, el campo lo ha comenzado a incorporar a su vida y lo cuenta como otro factor de riesgo al igual que el granizo, las heladas y las sequías. Esto no quiere decir que la crisis hídrica no se una temática urgente que pocos miran en un contexto de crisis económica y costos que no se acomodan.
En este sentido, Sebastián Halpern, cuya empresa trabaja con productos de riego, expresó que el exceso de agua que hubo este año se pierde, en parte, debido a falta de obras tanto para almacenarla como para distribuirla. Desde su punto de vista, sería ideal un dique arriba de Potrerillos (Uspallata), así como empezar a crear reservorios para una determinada comunidad de regantes que luego paguen el metro cúbico que utilizan.
“No soy agrónomo, pero el riego por manto cada 15 días puede incrementar el estrés hídrico”, observó el empresario. Agregó, además, que de ese modo se pierden muchos litros por día por lo que otra obra pendiente tiene que ver con la intubación de los canales.

