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PAMI: la única publicidad debería ser el silencio

Estamos acostumbrados a ver publicidades de distintos organismos estatales. En la TV, en la radio, en la vía pública, en los sitios de internet. Los medios los necesitan como forma de financiamiento, son parte del ecosistema. Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad lo analiza para MDZ.

No hay, sobre la necesidad o la pertinencia de las publicidades, ningún tipo de reflexión crítica. Sin pretender alterar ese statu quo general quiero referirme a un caso particular que se encuentra en la esfera de mi competencia. Hace ya un tiempo que el PAMI viene cruzando la frontera entre realizar campañas para difundir información necesaria para sus afiliados y realizar propaganda política mediante anuncios que solo sirven para promocionar la gestión.

Un caso evidente es el que puede verse en la imagen que acompaña este artículo. Si tenemos en cuenta que el PAMI no es una empresa que necesite promocionar su producto, ni es una prepaga en busca posibles afiliados. ¿Qué sentido tiene anunciar que dio 32 millones de turnos en un año? Más allá del dudoso significado que puede tener la cifra. ¿Es mucho, es suficiente o es poco para la obra social más grande de América Latina, que tiene más de cuatro millones de afiliados, aproximadamente el 10% de la población total del país, y de los cuales un amplio porcentaje tiene padecimientos crónicos? 

Se tarda meses en tener un turno médico, una de las principales quejas de los afiliados al PAMI.
Foto: MDZ.

La cifra de turnos se vuelve aun más desconcertante cuando se la contrasta con los constantes reclamos que los afiliados del PAMI vienen haciendo en los últimos años. Reclamos que conocemos quienes trabajamos en organismos de garantías y que también conocen todos los ciudadanos que tienen un familiar afiliado a PAMI.

Se tarda meses en tener un turno y puede pasar casi un año hasta tener un diagnóstico. Todo parece indicar que los promocionados 32 millones de turnos son bastante menos de lo necesario para satisfacer la demanda que debe afrontar el organismo. Y que el hecho mismo de promocionarlo genera mucha más irritación que aprobación, una irritación que va en aumento si se tiene en cuenta que son fondos públicos los que se utilizan para sostener esas campañas.

Otro ejemplo que va en la misma línea es el tan orgullosamente promocionado plan para elegir médico. En este caso ya nos metemos en un problema de publicidad engañosa. Es totalmente falaz pretender que el paciente gana algo con la posibilidad de elegir con qué médico quiere atenderse, cuando lo que hay es escasez de médicos para atender. Nadie elige a su médico, todo el mundo se queda con el primer turno que consigue, si lo consigue. Ésa es la realidad de las personas mayores por fuera del autocomplaciente mundo publicitario del PAMI.

Nadie elige a su médico, todo el mundo se queda con el primer turno que consigue, si lo consigue. Foto: MDZ.

Teniendo en cuenta lo dicho hasta aquí, y agregando el hecho de encontrarnos en crisis económica y urgidos por bajar el gasto público, ¿no sería más razonable, o menos delirante, asignar ese presupuesto a un área de mayor relevancia dentro del mismo organismo? Lamentablemente, esto no va a ocurrir. De hecho, es esperable que ocurra lo contrario. Y el motivo es el siguiente. Más allá del funcionamiento en automático del sistema político que quema recursos para sostener sus propias dinámicas, en este caso opera una lógica aún más autodestructiva. 

Quienes se encuentran a cargo del PAMI consideran que el descontento manifiesto y palpable que hay con su gestión no obedece a causas objetivas. Los reclamos y quejas por la mala atención, o por la falta de atención, tienen, para ellos, causas meramente políticas y no representan la realidad de la mayoría de los afiliados, jubilados y pensionados. Es por ello que salen al cruce de los reclamos con este tipo de propagandas. Es única la forma que tienen de responder. 

En el PAMI consideran que el descontento manifiesto y palpable que hay con su gestión no obedece a causas objetivas.

Dado que no pueden solucionar el problema prefieren invertir recursos en silenciarlo, como si la gente que tarda tres meses en conseguir un turno fuera a cambiar su parecer porque ve un cartelito en el que se habla de los 32 millones de turnos por año. Los que deberían llamarse a silencio, en cambio, son ellos.

Dr. Eugenio Semino, Defensor de la Tercera Edad - Pte. Sociedad Iberoamericana de Gerontología y Geriatría (SIGG)