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El nuevo miedo de la clase media: ser considerados pobres

Juan Pablo Chiesa, especialista en el mercado laboral, analiza el perfil del mayor desafío socioeconómico del país, que es la pobreza, pero no sólo desde la pobreza misma, sino ahora también con lo que ocurre con la clase media trabajadora.

Una enorme dificultad en expansión muy complicada de explicar es nuestro país es la pobreza. Esta complicación a la hora de hallar una explicación tiene que ver en que este fenómeno desmiente la imagen convencional que la mayoría de la sociedad tiene en sí misma. Cuando decimos que Argentina es un país rico, no implica negar la existencia de la pobreza o de un sector excluido, pero algunos aducen que se la perciba como un problema transitorio imputable a un grupo político o a una mala gestión económica.

No es así, la deficiencia con que se trata el tema de la pobreza escapa a las estadísticas. La pobreza es un problema estructural instalado en el corazón de una sociedad a la que le dijeron que debía ser pobre y que estaba bien que lo fuera. El desastre social, humano que supera la pobreza de los sectores, ya no más bajo, ahora en la clase media trabajadora. La pobreza significa una manera de relacionarse con el tiempo, un modo de pensar en el futuro o de no poder hacerlo, porque la dificultad de proyectar, de programar.

La pobreza es un problema estructural instalado en el corazón de una sociedad.
Foto: MDZ.

La gran mayoría de los argentinos que puede pensar en proyectar o en programar tiene expectativas de progreso. Pero muchos que perciben un plan del Estado, se entregan y se perciben pobres e incluidos en una pobreza “transitoria”, pero no les gusta que le digan pobres. Mucho menos a los nuevos pobres.

Los nuevos pobres son argentinos que vivieron en la clase media, que hoy ya casi no existe, y cayeron a la pobreza. Ese escalón abajo los hace sentir que fueron desterrados de su situación común y natural del lugar que pertenecían de pleno derecho.

Este paisaje social, plagado de matices, abre un debate sobre la economía en general. Ante estos matices debemos prestar debida atención a la informalidad. Ésta se extiende más allá del mundo de los pobres y se caracteriza por todos los sectores sociales.
Muchos de los trabajadores son pobres, aun cuando estén formalizados y, por lo tanto, gozan de vacaciones pagas, obra social y ART.

El problema de la pobreza y la informalidad laboral se fue convirtiendo en un rasgo estructural de la Argentina.

Hagamos un comparativo entre el empleo estatal, el formal y el informal:

  • Empleo estatal 2019: 14,0%. En 2020 llegó a 14,40%, subió 0,40 puntos porcentuales.
  • Empleo informal 2019: 45,0%. En 2020 quedó en 38,0%, es decir que bajó 7 puntos porcentuales.
  • Empleo formal 2019: 40,5%. En 2020 fue de 25,4%, o sea 15 puntos porcentuales menos.

Vemos cómo engordamos el Estado como si fuera una empresa privada, vemos cómo la formalidad laboral cayó por factores impositivos y vemos la informalidad que también cayó por ausencia de políticas públicas. Notamos cómo la costumbre de las exigencias a un Estado fallido, son cada vez más pesadas. Y no solo porque tiene que hacer frente a una generación de pobres que el propio Estado inventó, sino que se vuelve más crítico, en especial, el sistema jubilatorio por la desocupación y la informalidad laboral.

Estos dos factores generan un desfinanciamiento del sistema, que hacen imposible soportar el peso del sector pasivo. El sueño de la clase media de conseguir un buen laburo formal no solo es una pesadilla, sino que no garantiza estabilidad, te certifica ser pobre y ello incide en el tiempo, un modo de pensar el futuro o de no poder hacerlo, por la incapacidad de programar, de proyectar. Recibir un plan social pasó a ser una forma de vida, hoy el plan social se llama “plan entregarse”.

Entregarse en mano del Estado para ser un pobre de ellos y un instrumento seguro de sufragio. Alarmamos el fracaso del sistema de paritarias y el fiasco de un sindicalismo que debe dar un paso al costado, el trabajo como lo conocemos ya no existe. El empleo evoluciono hacia una calidad y una modernización que parece que, gran parte de la dirigencia política no entiende o no quiere hacerlo. La realidad: la modernización de las leyes laborales en vista al desarrollo y el crecimiento productivo es tajante para una argentina de progreso.

La pobreza es un fenómeno estructural que se afianza en aquellos que trabajan en el mercado formal. Siempre hubo pobres, pero no esta manera adrede y desmedida. Antes el pobre era el ciudadano que estaba en la calle, ahora son pobres lo que laburan en blanco 8 horas por día. La pobreza es un problema de desintegración social y de pésima calidad de vida, y a consecuencia de ello, toda la sociedad se modifica y se pudre.

Juan Pablo Chiesa es abogado especializado en Empleo y Políticas Públicas, escritor, docente y presidente de Aptitud Renovadora.

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