Los increíbles ejemplos de cómo los impuestos impactan en los precios
Argentina vive atrapada, desde hace décadas, en el problema de la inflación. Los gobiernos se suceden y, pese a las declamaciones, no encuentran la solución y, la mayoría de las veces, se ataca a las consecuencias y no a las causas.
La falla de un buen diagnóstico hace que el remedio no sea el adecuado y, por otro lado, falta decisión política para llevar adelante un plan global. Es cierto que la mayor responsabilidad la tiene la clase dirigente, pero esto no exime a la sociedad de asumir una parte de la culpa.
“En la Argentina no hay concientización sobre el problema fiscal. Cuando se plantea que hay que bajar impuestos y el gasto público, lo primero que se piensa es que es para favorecer a los ricos en perjuicios de los pobres. Eso no es así. El vínculo entre impuestos e inflación no suele estar en boca de la mayoría de los dirigentes políticos, quizás porque se piensa erradamente que una reducción impositiva deriva directamente en una caída de la recaudación, que sostiene todo el enorme y, muchas veces, injustificado andamiaje político-institucional. Sin embargo, intentar bajar la inflación sin resolver el descalabro fiscal que sufre la Argentina es contradictorio, por no decir imposible.”
Este análisis pertenece a Matías Olivero Vila, abogado, contador y presidente de Lógica, una ONG dedicada a generar conciencia fiscal en la sociedad.
“Nadie mira el problema del lado del consumidor ni el impacto que tiene el exceso de gasto público en la vida cotidiana de la gente. No hablo del gasto en educación, salud o seguridad, sino el que hay en el sobredimensionamiento de organismos, exceso de personal, burocracia. Hay una mala administración de los recursos. Hay un prejuicio que se basa en que si se baja los impuestos, se va a tener que reducir el gasto en sectores clave. No se tiene en cuenta que a menor presión impositiva habrá mayor recaudación. Es muy común escuchar a funcionarios decir que hasta que crezcamos, aumentemos los impuestos para financiar ese gasto. Es lo contrario. Esa visión es el mal argentino que profundiza la decadencia”, dijo a MDZ.
Torniquete fiscal
Cuando se habla de “lo fiscal”, el especialista aclara que se refiere al trípode compuesto por el gasto público, los impuestos y la inflación: tres elementos que no se pueden analizar uno sin el otro.
“Tenemos impuestos asfixiantes para sostener un gasto público irracional e ineficiente, tan excesivo que ni la cuarta inflación más alta del mundo es suficiente”, afirmó, al tiempo que advirtió: “Que quede claro, el exceso de gasto público se paga en la góndola. Esto sucede porque Argentina es el país con los impuestos más altos del mundo, como exhiben distintos estudios nacionales e internacionales, sobre la carga fiscal en el sector formal (o ‘en blanco’) de la economía.”
En el ranking “Doing Business” del Banco Mundial, la Argentina supera desde el 2006 el 100% en el índice de carga fiscal total. Esto significa que una pyme no alcance a pagar el total de los impuestos, comprometiendo su capital, es decir, sus recursos destinados a producir, para seguir subsistiendo. Estudios realizados por economistas y tributaristas de la Unión Industrial Argentina llegan a similar conclusión por otras dos vías bien distintas.

Si en la Argentina se aplicaran márgenes de venta normales (20%), las pequeñas y medianas empresas, titulares del 80% de los puestos de trabajo nacionales, tendrían que pagarle al Estado incluso más de lo que generan y ganan. La única salida a este laberinto es subir aquel margen del 20% hasta niveles excesivos para poder sostener la actividad productiva y la muy pesada carga fiscal. Esto impacta en los precios de venta de los productos por la presión impositiva.
Estado succionador
En el caso de los alimentos, señala Olivero Vila, el precio final contiene un 42% de impuestos cargados a lo largo de la cadena productiva. Ese porcentaje asciende a 48% si se trata de bebidas, 50,3% en la ropa o 66% en el rubro de celulares.
“Para decirlo con mayor claridad, cuando compramos agua, leche o un café, le estamos comprando prácticamente otra unidad igual al Estado, y lo mismo sucede si hablamos de una camisa o una prenda de vestir; incluso, si tomamos el caso de la compra de un celular, le estaríamos comprando dos más el Estado”, agregó.
El dato preocupante es que se trata de bienes esenciales, del consumo real y aspiracional de las familias de cualquier condición social y que está impactada por impuestos sumamente distorsivos.

Según el titular de Lógica, “no cabe la duda de que la inflación golpea a los más necesitados y empuja a la clase media hacia la marginalidad. Llegado a este punto nos preguntamos en qué se convirtió nuestro sistema fiscal, cuando vemos que millones de argentinos que están bajo la línea de pobreza (casi el 40% de la población) cada vez que les cuesta comprar un artículo para sí mismos, le están comprando otro similar para el Estado.”
“Muchas veces a este debate se lo quiere nublar con falsos paradigmas ideológicos, pero el mundo ya zanjó esta cuestión. No es un tema de orientación política. Y en ese mismo ranking del Banco Mundial que nos convierte en campeones mundiales de la carga impositiva, con un indicador de más del 100%, vemos cómo Chile y Paraguay (con gobiernos de tendencia bien distinta) están en algo menos que el 40%, China (comunista) está en 59% y Venezuela (populista) 73%. Otra vez, el dato mata el relato”, asegura.
El modelo irlandés
Ante este panorama crítico, el especialista asegura que “la buena noticia es que estamos ante una gran oportunidad y que depende de nosotros, de todos los argentinos, de la conciencia que podamos tomar sobre cómo nos afecta en cada día este problema. Hay casos sumamente exitosos a nivel global, como el de Irlanda, que en 1998 implementó una política de reducción de impuestos (por ejemplo, las sociedades pagan 12,5% de impuesto a las ganancias) que trajo una suba de la recaudación a partir del incremento de la formalidad en la economía y de la atracción de empresas y negocios a dicho país. En 1997 el PBI per capita era de U$S22.000. Hoy es más de 4 veces superior.”

El camino de la baja impositiva podría generar ingresos más eficientes para la esfera pública con actividad en blanco, más justa para todos. Pero esto sólo sucederá si la gente comprende cómo este sistema fiscal la está perjudicando en su vida laboral, familiar y personal y decide en consecuencia.
“Desde Lógica, una entidad suprapartidaria, estamos trabajando con el objetivo de promover un cambio de conciencia en cada ciudadano, en el convencimiento de querer superar la crisis crónica y la espiral inflacionaria a través de un compromiso masivo que apunte a tener impuestos más razonables, que se puedan pagar y que permitan impulsar la economía, el trabajo y la producción. Argentina tiene una oportunidad que no puede dejar pasar para crecer con todo su potencial y salir del triste primer puesto entre los países más gravosos del mundo”, explicó.

