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La clave de la negociación de Sergio Massa con el Fondo

Desembarca Sergio Massa una vez más en EE.UU., pero ahora con el traje de ministro de Economía. No va de paseo, mejor que así lo entienda él y su gente. Tiene que traerse cierta luz verde de que el Fondo aprobará el próximo desembolso. ¿Por dónde pasa el quid de la discusión?
Foto: Telam
Foto: Telam

Las principales espadas del equipo económico se fueron de gira a Estados Unidos en busca de renegociar las metas con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y bucear chances de conseguir fondos frescos. En Washington, lo esperan a Sergio Massa y su equipo con los brazos abiertos. Claro que eso no significa que ese afecto no pueda transforme en el abrazo del oso.

Si Massa y su gente creen que con una buena sonrisa y afabilidad tienen el camino allanado, están equivocados. Allá están bastante enojados con el caso argentino, sobre todo, después de la huida de Martín Guzmán luego de que el Fondo le aprobara el desembolso correspondiente, y la salida posterior de Silvina Batakis.

Según cuentan, extraoficialmente, economistas argentinos que suelen ser referencia y consulta de los técnicos del Fondo, no solo en el Directorio del organismo sino, sobre todo, en el staff, donde quedaron muy “calentitos” con la intempestiva salida de Guzmán, fiebre que escaló tras el lapsus Batakis. Un sentimiento similar también reina en el área del Tesoro de EE.UU. a cargo de Janet Yellen.

Ocurre que el Fondo acompañó el zigzag de la macro mirando muy por arriba las metas del primer trimestre y luego redefinió las del segundo y las del tercero. Así el Gobierno recibió un desembolso positivo, es decir, superior a los vencimientos, que junto al oro pasaron a ser las únicas reservas del BCRA. Tiempo después, al acentuarse el deterioro de la macro y de la política, se encendieron luces amarillas en el staff del Fondo.

Hoy, a pesar de las expectativas de Massa, está en duda el acompañamiento futuro del FMI, la auditoría de septiembre y el desembolso correspondiente. La salida de Batakis fue la gota que rebalsó el vaso. El FMI ahora está más duro, y dicen, los que conocen el paño, que el Tesoro de EE.UU. también. El staff del Fondo planteará la necesidad y la urgencia de un plan de ajuste macro que reencauce y se cumpla. En buen romance, pedirá un conjunto de medidas fiscales, monetarias y cambiarias. Sin embargo, lo que más les preocupa es que no se acumulen reservas.

A pesar de la sarasa de Guzmán, el FMI podía hablar con él de macroeconomía. Con Batakis, llegó a haber sintonía, porque ella conocía bien las cuentas fiscales y mostró predisposición.

Pero el advenimiento de Massa generó dos lecturas en el Fondo: por un lado, se trata de un pragmático, moderado y conciliador, que puede encontrar consensos con la oposición y con empresarios; y por otro, se piensa que querrá tomar el timón, venir con alquimias y gestos de marketing, imponer sus vínculos internacionales, en fin, todas cosas que al Fondo no le caen tan bien ni le generan confianza.

¿Por qué se habla que septiembre es el, crucial, primer test para Massa? En primer lugar, no debe soslayarse que a la hora de negociar, el FMI demanda números, proyecciones y medidas, y nada de gestos, ni señales políticas, a lo que tanto nos tiene acostumbrados el extitular de la Cámara Baja. Hoy el Acuerdo EFF está desviado y el Fondo querrá evaluar cómo propone el ministro reencauzarlo. Hoy el FMI está duro y evaluará las nuevas medidas fiscales y monetarias e interrogará por las medidas cambiarias. Aunque lo que más le preocupa al Fondo sigue siendo el hecho de que el BCRA no acumule reservas. Se trata del desvío más evidente de las metas pactadas en el EFF.

Los números hablan por sí solos. Massa y su gente, van al DC, llevando casi chirolas en los bolsillos. Basta con ver las reservas del BCRA, la tasa de inflación y los números fiscales. El Gobierno tiene DEGs para pagarle al FMI sólo hasta mediados de octubre. O sea, si se trabara el desembolso de septiembre habrá turbulencias. Por eso, septiembre-octubre es el período clave. En este bimestre, el FMI definirá si libera el desembolso programado, pero no solo chequeará el pasado, es decir, el cumplimiento forzado  de las metas del segundo trimestre, sino también examinará el futuro las metas del tercer y cuarto trimestres. 

Entonces, en dónde se centra la negociación. El FMI ya no solo evaluará la performance macro para dar una calificación y dejar ver cómo evolucionan las cosas, sino que la discusión con el staff será cómo renegociar el año, porque el organismo modificó las metas del segundo y tercer trimestre pero no las del año. Este será el eje de la discusión y por ende de la negociación, donde el foco estará puesto en las metas de reservas y fiscales.

Ya no hay plafón para venir con mensajes del estilo de que nadie quiere dejar caer a la Argentina, que el Tesoro de EE.UU. y el Fondo no quieren ser los verdugos, etc. etc. Massa no podrá hacer énfasis en lo político. En Washington, están hartos de promesas incumplidas y cantos de sirenas. Así era el clima antes del episodio policial que involucró a la vicepresidenta, resta imaginar lo que debe ser ahora.

Es más, según comentan estos consultores con sólidos nexos con Washington, tampoco hay novedades sobre ningún Repo (préstamo de bancos al BCRA) ni línea con entidades extranjeras, como se llegó a anunciar con la llegada de Massa, ni buenas nuevas de parte de otros organismos como el BID o el BM, también sindicados por el ministro como futuros “aportantes a la causa”.

Los números muestran que Argentina tendría fondos para afrontar los vencimientos con el Fondo hasta mediados de octubre, contemplando obviamente el stock de DEG remanente. Por ende, si la negociación se pone densa, el Fondo podría postergar el próximo desembolso para tensar la cuerda. Quizás, a sabiendas que lo que quedó en el fondo de la lata alcanza hasta mediados del próximo mes. En ese caso, algunos plantean si el Gobierno entonces dejará de pagar hasta tanto reciba el ok del próximo desembolso. Sin duda, en ese caso se abre un escenario muy incierto. Porque dejar de pagarle al Fondo implica un serio riesgo.

En septiembre vencen aproximadamente US$2.600 millones, y en octubre otros US$2.500 millones. Habrá que estar muy atentos a las idas y vueltas en Washington, las declaraciones y comunicados.