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Por qué la prioridad de Sergio Massa es calmar a los mercados y cómo planea hacerlo

Un ministro de Economía sin expertise económico, sí o sí, debe estar acompañado de un buen macroeconomista que le junte todos los pedacitos de la política económica. Hoy eso aún parece no estar. Esto marca dónde se está parado. El mercado lo sabe y brinda una especie de tregua temporal.
Foto: EFE
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Más que la era Massa parece haber comenzado un sainete. Dimes y diretes. Usina de rumores y especulaciones. Nombres que llegan, pero no juran. Poca sustancia, por el momento. Nadie esperaba un shock, aunque fuera la medicina recomendada. Pero tampoco tanta improvisación. No se entiende que el “hombre” que semanas atrás presionaba para tomar el toro por las astas aún no tenga, por lo menos, todos los casilleros claves del organigrama.

Una vez más, queda en claro la importancia de los equipos, en serio. Digan lo que digan, los últimos equipos económicos, en el más amplio sentido de la palabra, sin duda fueron los de Juan Vital, Domingo Felipe e incluso el de Roque Benjamín, el resto manotazos de ahogado y rejunte. El problema es que la situación macro y social no da lugar a dilapidar tiempo y esfuerzo. 

Una señal de la repentización es que luego de varios días de jurar como ministro de Economía & etc. todavía no se conoce, oficialmente, quién será el segundo del Palacio de Hacienda. Un puesto clave, sobre todo teniendo en cuenta el perfil del flamante ministro. El equipo presentado no impresionó a nadie del mercado. Por eso se espera y se descuenta que quien ocupe el sillón de viceministro sea un economista macro de fuste, que pueda coordinar todos los aspectos de la política económica. Desde hace días que se sigue de cerca este tema, y en las últimas horas solo reina más confusión.

¿Al final a qué vino Massa? ¿A bajar la inflación? Puede ser pero no en forma contundente. ¿A hacer un shock? Parece que no. A lo que vino es a calmar a los mercados. Ese es su objetivo. Obvio que para ello bajar la fiebre inflacionaria es parte del menú, pero no su cruzada. 

Entonces, ¿qué espera “el mercado”? Vayamos por partes. En primer lugar, lo que se dice tras bambalinas de las mesas de dinero es que a pesar del marketing massista, el “superministro” no tiene llegada a los grandes jugadores de Estados Unidos. A lo sumo, como explicó un prestigioso analista en un encuentro reservado, sus contactos son de segundo nivel. En eso, por ejemplo, se diferenciaba el saliente Béliz.  Y hablando de “superministro”, por las competencias que ha asumido, no le llega a los tobillos al Cavallo de 1991. ¿Es su última chance?

Tanto para Massa como para Alberto Fernández parece que sí. Así lo entienden en los mercados. No así para la vicepresidenta. Pero no hay que perder de vista que para las elecciones todavía faltan transitar 17 meses. Es mucho tiempo, sobre todo para el presidente. Ahora bien, ¿es suficiente con Massa para frenar la hecatombe? Ya veremos. 

Por lo pronto, cabe preguntarse: ¿qué mirarán los inversores en la luna de miel que le darán al ministro? Al respecto, los analistas de Macroview sintetizaron muy bien en un quinteto lo que hay que monitorear en los próximos tres meses.

Por un lado, si la brecha cambiaria logra ubicarse, sostenidamente, por debajo del 100%, pero con un acelerado deslizamiento del tipo de cambio oficial y los tipos de cambio financieros estabilizados. En segundo término, si en el trimestre agosto-septiembre-octubre el BCRA logra comprar algo de divisas en el mercado oficial, en virtud que se espera un mayor flujo de “agro - dólares” y menores pagos de gas importado o de importaciones no energéticas o eventuales mayores restricciones.

En tercer lugar, si las reservas netas del BCRA se incrementan porque se consiguen préstamos o se aceleran los desembolsos de organismos por encima de los pagos que se realizan. En cuarto término, si la tasa de inflación del trimestre agosto-septiembre-octubre da más baja que en julio y se estabiliza en torno del 5% mensual. Y por último, si las próximas licitaciones de deuda en pesos “salen bien”, en términos de que se consigue un alto rollover, lo que implicaría que el BCRA no debería emitir para cubrir el bache.

Hasta acá ninguna referencia al FMI. Sin embargo, lamentablemente, un reconocido economista con ida y vuelta con el staff del Fondo comentó, a puertas cerradas, que tras el reemplazo de Batakis, que mostró en carne viva lo caótico de la situación, en el seno del organismo estaban esperando al “nuevo” equipo económico con poca paciencia para la cháchara.

Ponderaron el conocimiento fiscal de Batakis, pero sufrieron su falta de expertise en el área de la política monetaria y cambiaria. Con la ex ministra hablaron que dos más dos son cuatro. Ya no están para ninguna alquimia ni zaraza por parte de Sergio. Este economista con estrechos vínculos con el establishment, incluso hombre de consulta de las misiones técnicas del Fondo cuando arriban a Buenos Aires, advirtió que el FMI iba a estar más duro, porque estaban un poco cansados con el caso argentino. Ellos esperaban ver mejores números fiscales en el segundo semestre y temen que la nueva conducción económica mire para otro lado. Al respecto, tiró un deadline a tener presente: mediados de octubre. Es que a esa altura del año se puede interrumpir el reflujo de DEG de Washington para Buenos Aires y viceversa. O sea, Sergio Massa tiene unos tres meses para empezar a mostrar resultados y negociar. Veremos si el mercado tiene tanta paciencia.