Una bomba en el Banco Central: el amor por la maquinita

Una bomba en el Banco Central: el amor por la maquinita

Muchos temen por la montaña acumulada. Otros se despreocupan pensando en una licuación. Pero nadie se anima a desactivar la bomba de los pasivos remunerados del BCRA.

Jorge Herrera

Jorge Herrera

¿Crisis? ¿Qué crisis?, así titulaba su cuarto álbum la banda británica Supertramp y bien podría ser hoy lo que más se asemeje a la visión oficial sobre la candente coyuntura. Una semana atrás explicábamos cuál era el dólar que miraba el mercado, como referencia, y que explicaba bien el derrotero de los tipos de cambio informales. Hoy el detrás de escena de ese dólar de referencia, cobra mayor protagonismo día a día. ¿A qué nos referimos? Ya a un clásico criollo, el amor por la maquinita.

Quienes siguen de cerca el devenir de los números monetarios, si bien ya no se escandalizan, no ocultan su creciente nivel de preocupación, por cualquier desenlace futuro. Es que el Banco Central (BCRA), no para de emitir. No es hora de deslindar culpas, la historia ya juzgará o al menos hará su evaluación desapasionada, sino de entender sobre qué está parada la economía.

En líneas generales el BCRA emite pesos para comprarle dólares al sector privado o al público. También para asistir al Tesoro para cubrir el déficit fiscal o los vencimientos de deuda. El sector financiero también es factor de emisión cuando le pide asistencia al BCRA o bien cuando no renueva colocaciones en el BCRA. Podríamos simplificar diciendo que la emisión no importa, siempre y cuando, la demanda de dinero crezca, es decir, que la gente demande o quiera tener más pesos. El problema es cuando la demanda de dinero cae, o sea, la gente no quiere tener tantos pesos en su poder. La historia que sigue ya es archiconocida por todos los que habitan el suelo patrio. Por eso pasemos a los números para entender de qué hablamos.

Como punto de partida, para el público en general, señalemos que todo el dinero emitido por el BCRA se lo denomina base monetaria, y está compuesta por el dinero en poder del público y por los encajes bancarios, la porción de los depósitos que los bancos no pueden prestar y que se depositan en el BCRA. Hoy la base asciende a casi $3,9 billones (o sea, millones de millones), de los cuales casi $3 billones son billetes y monedas en circulación y el resto encajes. Qué pasa, el BCRA va regulando la cantidad de dinero en la economía según la demanda de dinero y otras variables como ser sus proyecciones de crecimiento, etc. De modo de garantizar un nivel de liquidez adecuado con sus metas, inflacionarias. Hay que recordar que el mandato principal que tiene el BCRA es preservar el valor de la moneda.

Cuando hay exceso de liquidez, entonces, el BCRA contrae la base o sea absorbe los pesos excedentes en circulación, y viceversa. El BCRA usa como instrumentos para ello, a los Pases privados, que son colocaciones de los bancos -a 1 día de plazo- en el ente monetario hoy a una tasa del 40,50% anual. Y por otro lado a las Letras de Liquidez (LELIQ) cuya tasa hoy es 52% anual.

¿Qué ocurre? Que el stock de instrumentos de absorción escaló “al infinito y más allá”. Entiéndase bien, cuando asumió Alberto Fernández, el stock de Pases y LELIQ era inferior a $1,2 billones frente a una base monetaria cercana a los $1,9 billones. O sea, la relación entre el stock de deuda remunerada del BCRA y la no remunerada era del 63%. Hoy, al cabo de más de dos años, la base trepó a $3,9 billones pero el stock de Pases y LELIQ supera los $6,5 billones. Sí, leyó bien, ¡$6,5 billones! Es decir, que entre la base y la deuda remunerada suman $10,4 billones. Y ya no estamos bajo la convertibilidad, así que todo esto es, digamos, casi sin respaldo, más allá de la confianza.

Tenemos entonces que desde que asumió el gobierno en 2019, la base monetaria se triplicó (creció 204%) mientras que la deuda remunerada se sextuplicó (+547%). Hoy la relación entre ambos stock es del 169% frente al 63% del principio. Estos son los números que todo el mercado ve y actúa en consecuencia, amén de otras circunstancias. Todo, al fin y al cabo, termina en la misma válvula de escape, el mercado cambiario.

Si bien esta novela viene ya desde el advenimiento de la pandemia, dado que en 2021 el stock de la deuda remunerada creció $1,9 billones, ya en lo que va del 2022 ha crecido $1,7 billones. Todo se aceleró a partir de abril, ahí el stock creció en $535.900 millones, luego $234.500 millones en mayo y en junio $832.500 millones. 

Los memoriosos recuerdan el festival de bonos y pasivos remunerados del BCRA de la época de Alfonsín y cómo terminó. En esos años y comienzos de la era Menem, el ratio entre ambos stocks llegó al 230% y sobrevino lo ya todos saben. Si bien algunos analistas consideran que el tema no es tan relevante, porque sostienen que este stock puede licuarse (sobre todo a través de una híper), es una pesada mochila que viene arrastrando el BCRA y parece que cada vez tiene menos aire. Por si alguno no lo vio aun claramente, la deuda remunerada del BCRA es emisión contenida o futura. Además, hay otra arista. Estos Pases y LELIQ son en realidad, además de la contracara de los depósitos a plazo fijo de los ahorristas y del sector público. De modo que es capacidad prestable de los bancos que podría haber ido a satisfacer la demanda de crédito privado, con su consiguiente efecto multiplicador.

Cuando se ve la evolución de la base, en realidad, se está viendo parte de la película. Hay una gran parte de la emisión que es “escondida bajo la alfombra”, que en algún momento habrá que blanquear. Y como si fuera poco, hay otro tema. Esta deuda genera intereses. Cabe recordar que Alberto Fernández tenía en su campaña el leitmotiv de acabar con las LELIQ y los intereses. El año pasado, el BCRA pagó por intereses $1,36 billones. Este año, hasta ahora, acumula $805.000 millones. Entonces, cada vez que el BCRA emite y tiene que absorber pesos alimenta el monstruo de la deuda remunerada, que además se retroalimenta del pago de los intereses y encima cada vez que el BCRA sube la tasa, encarece el costo de su deuda. Es el perro que se corre la cola. Ningún plan ni programa, con o sin el Fondo, podrá esquivar este bulto, en aras de estabilizar.

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