¿Cuánto dinero hay que tener para poder invertir?
Por Gastón Lentini
Los cuatros pilares clave de la libertad financiera son:
- Que los gastos sean menores que los ingresos.
- Tener un presupuesto para gestionar los egresos.
- Determinar objetivos y metas para que haya un rumbo definido.
- Tomar decisiones poniendo como prioridad siempre las metas.
Normalmente, todo proceso tiene dos variables macro que se pueden ajustar: los gastos y los ingresos. Entre las dos, el gasto es la más fácil de modificar, ya que el ingreso suele ser establecido por el empleador y no hay posibilidad de cambiarlo tan fácilmente.
Si el objetivo es invertir, es indispensable tener un superávit entre lo que entra y lo que sale, es decir, ahorros.
Con los ahorros, podremos aumentar nuestros ingresos mediante las inversiones, lo que, al mismo tiempo, mejora la capacidad de ahorro a modo de círculo virtuoso. También se puede bajar el gasto para lograr el mismo objetivo y así destinar parte del dinero a las inversiones.
Si ya está el primer paso completo, se puede ahorrar lo que sobra mes tras mes y dejar el dinero en la cuenta bancaria, pero la experiencia dicta que no es una buena idea.
Con el paso de los años, este método lleva a ahorrar menos de lo planeado inicialmente (o prácticamente nada) por los gastos, la devaluación, una crisis e infinidad de factores. Por lo tanto, es mejor destinar una parte del dinero guardado a obtener una rentabilidad en los mercados financieros.
Es importante tener en cuenta que hay que separar cuanto antes los ingresos que destinaremos a gastos y lo que centraremos en inversión y ahorro. Si estamos bajo dependencia, se debería hacer desde el primer día en el que cobramos.
Seguramente, la regla más famosa para hacerlos sea la del 50/30/20, que dicta que cada número es un porcentaje a separar para diferentes cosas.
Primero, hay que destinar el 50% de nuestros ingresos a los gastos cotidianos, como la salud, el alquiler, la comida, etc. En este segmento no hay que incluir los gastos de ocio como ir al cine con amigos o al teatro. Posteriormente, hay que usar el 30% de los ingresos a gastos no indispensables, como los lujos o el entretenimiento. Por último, hay que tomar el 20% restante y destinarlo a ahorro e inversión.
Claramente, las cifras exactas pueden variar, ya que dependerán de los niveles de ingresos y el estilo de vida que llevemos. Para mí, 10% tiene que ser lo mínimo que debemos ahorrar o invertir, sin sacrificar los gastos del día a día y tratando de reducir al máximo el consumo de placer. Si no estás guardando una décima parte de tus ingresos, hay que revistar las finanzas personales para mejorar el valor.
Según la última encuesta que realicé, en la que participaron más de 800 personas interesadas en optimizar su situación financiera, el 23% no llega a ahorrar ni el 10% mínimo de sus ingresos. Estas personas son las que deben enfocarse seriamente en modificar las dos variables: recorte de gastos y/o generación de nuevos ingresos.
El 46% de los participantes ahorran hasta un cuarto de su sueldo y el 23% puede guardar hasta la mitad. El resto ahorra más de la mitad de los ingresos mensuales.
El capital que logres acumular puede consumirse en entre seis meses y un año o quizás sea parte de tu plan de retiro dentro de muchas décadas. Esto tendrás que decidirlo según tus necesidades y objetivos.
Definir con exactitud el horizonte de tiempo de tus ahorros te permitirá tomar decisiones muy inteligentes con los mismos. Por ejemplo, un fantástico hábito económico es dejar invertidos los ahorros a utilizar en el corto plazo en fondos comunes de inversión o bonos que te permitan, al menos, vencer a la inflación.
Por sí solo, esta técnica no te volverá millonario, de la misma manera que una gota de agua no hace al mar. Pero la gota aporta a un núcleo que ya existe y lo ayuda a incrementarse. Vas a notar lo mismo con tu situación financiera: mediante pequeñas inversiones, podrás manejar cada vez más dinero en diferentes horizontes temporales, ganando un extra cada mes y creando patrimonio.

