Cómo el precio de un sándwich de miga explica el descalabro económico
Llega la primavera y comienza la temporada alta de un producto gastronómico que se encuentra entre los preferidos de los argentinos: el sándwich de miga. Entre mayo y agosto se produce una caída estacional del consumo de esta versión autóctona del tramezzino turinés y, a medida que se acerca el final del año y sube la temperatura, su demanda va en aumento.
Cuenta la historia que el origen de esta variedad de emparedado se remonta a 1926 cuando, por primera vez, fue servido en el Caffè Mulassano de Piazza Castello, de esa ciudad italiana, en respuesta al largo dominio inglés en esta materia.
Su larga trayectoria, es señal de un éxito, basado en su practicidad y múltiples combinaciones. Sin duda, son ricos y tentadores. El problema es que son caros para los bolsillos actuales.
Los precios pueden variar por distintos factores. La calidad de los productos es un elemento clave como, también, el lugar donde se venda. En un país tan amplio como la Argentina y con tantos contrastes sociales, es muy difícil acordar un valor único. Más, en tiempos de alta inflación donde nadie sabe cuánto cuesta cualquier bien.
Para evitar discusiones estériles lo mejor es tomar un precio de referencia y avanzar desde ese punto para explicar cómo este simple alimento explica el descalabro económico argentino.
En una confitería de la zona norte del gran Buenos Aires, un sándwich de miga de jamón crudo y queso cuesta $120, lo que lleva a la docena a $1.440. No son los más caros, ni los más baratos.
Para medir la pérdida del poder adquisitivo de los ingresos, un salario mínimo, fijado hoy en $29.160, sólo alcanza para comprar 8 sándwiches de miga por día o 243 al mes.
Si se quiere hacer otra comparación, para mostrar su alto valor relativo, se puede decir que un sándwich de miga cuesta más que un litro de nafta, según el precio que se consigue en el conurbano bonaerense.
Otro dato que impacta, es el aumento que tuvieron en los últimos años. Si bien el INDEC difunde el índice de costo de vida, este se compone de un promedio, en base a las variaciones de precios de bienes y servicios. Distinta es la realidad, cuando se toma un producto puntual. El índice “sanguchito de miga” muestra un aumento supera a la inflación.
En esa misma confitería, en septiembre del 2016, un sándwich de miga de jamón crudo y queso costaba $28. Es decir, su precio creció un 328%.
Tomando desde los últimos cuatro meses del 2016 hasta agosto pasado, la inflación acumulada fue de 196%.
El aumento de este producto tan deseado, casi duplica la suba del costo de vida.
Cinco años atrás, el salario mínimo era de $7.560 y permitía comprar 270 sándwich por mes, unos 30 más que en la actualidad.
Este es un ejemplo de lo que sucede con muchos bienes que, en medio de la inestabilidad económica, aumentan más de lo que puede marcar una estadística oficial y explica porque son cada vez más difíciles de comprar.
Otro dato interesante es ver cómo se llega a ese precio, desde su costo de producción. Los ingrediente son los siguientes: pan de miga fileteado (la horma es más barata pero, en muchas confiterías, está en desuso por la practicidad de comprar el pan cortado que reduce los tiempos de elaboración) queso en barra, pernil, mayonesa (hay con manteca como variante pero demanda más trabajo) y leche, para aligerar la mayonesa.
Según el dueño de una confitería que vende sándwiches de miga, consultado por MDZ, el costo de la materia prima, de primera calidad, para su elaboración representa la quinta parte del precio final. En este caso, unos $24 por unidad.
A esto hay que sumarle, entre otros costos, la incidencia de los empleados, cargas sociales, alquiler de local, impuestos municipales, provinciales y nacionales, servicios (luz, gas, etc).
“El margen de rentabilidad puede rondar el 10% pero es muy dispar. En los meses de frío, por las menores ventas, se cubren los costos. Desde septiembre para adelante y, según la situación económica del momento, se puede ganar un poco más, pero el precio es engañoso porque no hay ganancias exorbitantes” explicó el comerciante.