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Una economía en la que casi todo se ignora

En Argentina no sabemos qué inflación tenemos, ni el valor de un dólar, ni cuánto nos cuestan y costarán los subsidios. Tampoco de cuánto será la deuda externa ni de cómo son algunos acuerdos secretos. Toda una caja de Pandora para el próximo gobierno.
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 No hay persona, familia, empresa o Estado que pueda funcionar sin saber algunas cosas básicas, como qué se tiene, cuánto se debe o hasta dónde se puede endeudar. Es algo que, de tan sencillo, parece ridículo de explicar. Pero en la Argentina no es tan así.

Cuando se miran las cifras globales de la economía nacional, lo que aparece es un mar de dudas, porque no se puede estar seguro de muchas cosas fundamentales para el manejo del país.

Una enumeración rápida demuestra cuántas cosas ignoramos hoy:

· De cuánto es la inflación.

· Cuánto vale el dólar.

· Cuánto paga el Estado en subsidios (y hasta cuándo deberá pagarlos).

· Cuánta es la deuda externa.

· Cuánto nos cuestan algunos acuerdos secretos, que habrá que respetar durante muchos años por venir.

Esa sola lista debería dejarnos anonadados, pero ya estamos acostumbrados. Lo que a nosotros no nos parece tan malo (recesión con inflación del 40% anual, por ejemplo) en cualquier país desarrollado significaría una crisis de proporciones. Pero acá hemos pasado por tantas que ya casi todo nos parece normal.

Dudar de la inflación es como si un médico dudara de la temperatura de un paciente. Pero es así, porque se falsifican los resultados del termómetro (o se altera el termómetro). Y cuando alguien señala lo que cree que es el verdadero índice, simplemente se lo descalifica. Estimamos, a ojo de buen cubero, que estará en el 40% anual, y sería difícil que fuera menos de eso porque sólo los combustibles (base ineludible para calcular cualquier costo) aumentaron 45% en lo que va del año.

¿Cuánto vale hoy un dólar? No está muy claro. Para exportar o importar está el dólar oficial. Pero por ejemplo, si un mendocino se quiere ir de vacaciones a Chile, ya todo se complica. Si paga con tarjeta tendrá el 35% de recargo, aunque si lo puede deducir de Ganancias, no. Pero también está lo que no se podrá pagar con tarjeta, y entonces el menú de dudas se amplía: si se consiguen pesos chilenos en la AFIP tendrán un precio, pero si no, habrá que ir con pesos conseguidos al valor “blue”. O sea que el “mix” de gastos nos obligará a andar con la calculadora en la mano.

Más dudas: cuánto gasta el Estado nacional en subsidios. A esta altura no se sabe porque, además, al presupuesto (que se hace sobre números incumplibles) se lo suele modificar durante el año justamente para aumentar algunos subsidios. Guillermo Nielsen calcula que están en un 5% del PBI, su nivel más alto de la historia. Pero tampoco se sabe bien cuánta duración tienen ni si, cuando venzan, no habrá que renovarlos para que las empresas subsidiadas no se fundan.

Tampoco sabemos de cuánto es la deuda externa, en parte porque tampoco sabemos si habrá acuerdo con los holdouts a partir de enero. Lo único que se sabe es que los fondos buitres sirven de excusa al gobierno para echar la culpa de cualquier cosa, pero no está claro cuánto tendremos que pagar, si es que pagamos, porque no se sabe cómo terminarán los reclamos de los múltiples bonistas a quienes les debemos.

Por si hicieran falta más dudas, hay cosas que, si las hubieran hecho otros políticos, los hubieran acusado como mínimo de traidores a la patria. Como el acuerdo secreto entre YPF y Chevron (es decir una multinacional de origen estadounidense), que arroja dudas sobre cómo se explotará Vaca Muerta, cómo girarán los dólares al exterior o cuántas concesiones habrá hecho la Argentina con tal de conseguir esos capitales que no encuentra por otra vía.

Dentro de un año, a esta altura, ya sabremos quién será el nuevo presidente. Pero ni él sabrá los números reales de la economía que se va a encontrar. Será una caja de Pandora en la que no hay que descartar ninguna sorpresa.