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Al atraso cambiario se suma otro mal: la presión fiscal
La carga impositiva provincial y municipal sobre la industria subió 190% en diez años. Mendoza tiene la tasa más alta de Ingresos Brutos.
No sólo el dólar o el atraso cambiario preocupan a las empresas. También alarma la creciente presión fiscal que pesa sobre los sectores productivos, elevando los costos y generando pérdida de competitividad interna y externa. Y en este sentido, Mendoza va a la delantera.
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Los últimos años en Argentina podrían ser clasificados como un período de presión tributaria sin límites, advierte un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) que analizar el cobro de impuestos provinciales y municipales sobre un sector clave de la economía: la industria.
El estudio del Iaraf se centra en dos tributos clave: Ingresos Brutos y las Tasas de Comercio e Industria que cobran los municipios. En el caso de Ingresos Brutos, la mayoría de las provincias ha eliminado la exención que existía sobre el sector, comenzando a gravar fundamentalmente a las grandes empresas. También se han registrado en algunos casos incrementos de alícuotas. Situación similar se observa para el ámbito municipal, considerando que numerosas ciudades han aumentado las alícuotas de la Tasa de Comercio e Industria.
En este caso, el Iaraf analizó lo sucedido en las cinco provincias más grandes del país (Buenos Aires, CABA, Córdoba, Mendoza y Santa Fe) y una muestra de 9 ciudades representativas. Y cuantificó el impacto de la mayor presión fiscal provincial y municipal en tres tamaños de empresas, según su nivel de facturación promedio: Pequeña, con una facturación anual de $10 millones; Mediana, con ingresos por $50 millones; y Grande, con facturación anual de $100 millones.
En base a este universo, el Iaraf detectó que la carga tributaria global sobre la industria aumentó considerablemente entre los años 2002 y 2013, especialmente para las medianas y grandes empresas. El aumento acumulado para ese período fue de un 25% para las empresas pequeñas, de 86% para las medianas y de un 190% para las grandes. En los tres casos el fuerte aumento se explica, fundamentalmente, por el incremento en la presión tributaria provincial debido a la eliminación parcial del régimen de exenciones previsto para el sector.
En definitiva, los aumentos tributarios de los últimos años han posicionado a la carga tributaria de provincias y municipios sobre la industria en niveles considerables, equivalentes a los que podría llegar a ejercer un tributo nacional como el impuesto a las Ganancias. Estas subas, advierten desde el Iaraf, resultan doblemente dañinas para la economía: por un lado, puesto que se continúa incrementando la relevancia que tienen en la estructura de recaudación este tipo de tributos, cuyos efectos distorsivos ya son ampliamente conocidos; y por el otro, puesto que se está aumentando la presión en uno de los primeros eslabones del proceso productivo, con lo cual luego estas subas se terminan acumulando y amplificando a lo largo de las restantes etapas del ciclo provocando mayor presión inflacionaria o pérdida de competitividad.
En el caso puntual de Mendoza, la situación es más grave, ya que dentro de las consideradas “grandes” es la provincia del país con la tasa más alta de Ingresos Brutos sobre la industria (Ver gráfico).
Teniendo en cuenta que en 2002 todas las provincias tenían tasa cero de Ingresos Brutos para el sector industrial, con los años éstas fueron gravando y aumentando la carga fiscal. Y ésta se fue segmentando y haciéndose más pesada teniendo en cuenta cada provincia y el nivel de facturación de la empresa alcanzada. En ese sentido, Mendoza es la única provincia, entre las relevadas por el Iaraf, que cobra Ingresos Brutos (una alícuota del 1,5%) a las pymes industriales que facturan hasta $10 millones. Y lleva la tasa al 2% para las que facturan al año más de $100 millones.
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En definitiva, los aumentos tributarios de los últimos años han posicionado a la carga tributaria de provincias y municipios sobre la industria en niveles considerables, equivalentes a los que podría llegar a ejercer un tributo nacional como el impuesto a las Ganancias. Estas subas, advierten desde el Iaraf, resultan doblemente dañinas para la economía: por un lado, puesto que se continúa incrementando la relevancia que tienen en la estructura de recaudación este tipo de tributos, cuyos efectos distorsivos ya son ampliamente conocidos; y por el otro, puesto que se está aumentando la presión en uno de los primeros eslabones del proceso productivo, con lo cual luego estas subas se terminan acumulando y amplificando a lo largo de las restantes etapas del ciclo provocando mayor presión inflacionaria o pérdida de competitividad.
En el caso puntual de Mendoza, la situación es más grave, ya que dentro de las consideradas “grandes” es la provincia del país con la tasa más alta de Ingresos Brutos sobre la industria (Ver gráfico).
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