Bienvenidos al tipo de cambio múltiple, donde hay un dólar según la cara del cliente
En twitter: @Fede_Manrique
Después de las elecciones de octubre de 2011, desde el Gobierno nacional se empezaron a imponer las trabas para la compra de dólares en un intento por frenar la sangría de reservas del Banco Central. Desde entonces una a una se fueron sumando las medidas y ampliando los controles hasta que en mayo de este año se empezó a rumorearla posibilidad de desdoblar el tipo de cambio. Rápidamente fue la propia presidenta, Cristina Fernández, quien salió a negar la posibilidad de desdoblar el mercado cambiario al señalar que “no va a pasar nada raro con el dólar”.
Hoy, casi cuatro meses después, el desdoblamiento cambiario volvió a ser una realidad en la Argentina. Algo que no ocurría desde el Gobierno de Isabel Perón en 1975. Y en estos pocos meses de 2012 ya se pueden identificar al menos cuatro cotizaciones distintas para el dólar en la Argentina.
Del mismo modo, se requiere un tipo de cambio “alto” para las importaciones de modo de proteger a la industria nacional de la competencia externa. Estas son las ideas que han llevado a optar por un régimen de tipos de cambio múltiples, en el que el turismo al exterior es una de las “importaciones” en términos de intercambio que se procura desalentar para evitar la fuga de divisas.
El principal problema que presenta este esquema de desdoblamiento cambiario es que requiere de un sistema altamente complejo de control de las operaciones con moneda extranjera. De ahí el por qué de los crecientes controles por parte del Banco Central, la AFIP y Aduana al uso de moneda extranjera. Y mientras más se desdobla el mercado, más controles y restricciones demanda ahora y a futuro.
¿Cómo llegamos a esto?
En un primer momento, la salida de capitales y la redolarización de la economía argentina estuvieron más relacionadas con la incertidumbre por la inflación y con la falta de instrumentos de ahorro en pesos, que con expectativas de depreciación del peso frente al dólar. Sin embargo, a partir de 2011, con un tipo de cam¬bio que comenzaba a percibirse como atrasado en la Argentina, se aceleraron las expecta¬tivas de devaluación.
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Luego de las elecciones, en lugar de dejar deslizar el tipo de cambio, el Gobierno optó por aplicar controles que incluyeron fuertes restric¬ciones informales a la compra de dólares para pagos de importaciones y giros de dividendos, controles de la AFIP a la demanda minorista para dosificar la venta de dólares a particulares, y control directo de las importaciones.
Previsiblemente, el cerrojo cambiario tuvo consecuencias negativas como:
-Problemas en las cadenas de producción:80% de las importaciones son insumos productivos, en su mayoría, bienes intermedios y de capital.
-Dificultades para exportar, tanto por la exigencia de liquidación anticipada de las divisas como a raíz de la caída de los depósitos en dólares, el correlato de la prefinanciación de exportaciones.
-Paralización parcial del mercado inmobiliario por la resistencia de los dueños a pesificarse a la hora de vender sus propiedades, con efecto negativo sobre el nivel de actividad en la industria de la construcción.
-Aparición del dólar informal o paralelo como referencia habitual del tipo de cambio libre.
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¿Por qué llegamos a esto?
Si bien la política cambiaria estuvo, en parte, orientada a preservar el tipo de cambio oficial como ancla de precios (en rigor, a impedir que una corrección cambiaria –devaluación- se trasladara a la in¬flación), en la práctica, el incremento de costos por restricciones de oferta y el traslado parcial a precios del dólar paralelo mantuvieron alta la inflación en lo que va del año, incluso en un contexto de desaceleración eco¬nómica. Otra motivación para implementar el cepo cambiario es la necesidad del Gobierno de hacerse de dólares para pagar obligaciones externas.
-¿Cómo se podría salir de esto?
Cualquier intento por reducir la dolarización como refugio o salida en la Argentina debería enfocarse, según el informe de Cippec, en contrarrestar dos de sus efectos:
-La ausencia de instrumentos de ahorro en moneda local que puedan competir con el dólar.
-Las expectativas de depreciación que surgen de usar al tipo de cambio como ancla nominal de los precios, rezagándolo sistemáticamente en relación con la inflación.
Es decir que para inducir una sustitución vo¬luntaria del dólar por el peso como moneda de ahorro es necesario potenciar los instrumen¬tos de ahorro en pesos para que puedan compe¬tir con un dólar cuyas tasas están hoy cercanas a cero. Además, la Argentina presenta un contexto inflacionario que vuelve necesaria la introduc¬ción de un índice creíble de inflación, que permi¬ta actualizar los ahorros en pesos y proteger los rendimientos reales de cambios bruscos en la variación de precios, destaca el informe de Cippec.