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El cambio de humor social, telón de fondo de los cacerolazos

Analistas coinciden en que "hay un cambio de clima" en el país y no descartan que el malestar expresado en incipientes cacerolazos pueda extenderse si el Gobierno profundiza medidas como las restricciones a la compra de dólares. La crisis de representación política y el vacío opositor, claves para entender la ruidosa protesta ciudadana.
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El cansancio frente a un estilo crispado de gestión de gobierno que ya es marKa registrada, las restricciones a la compra de dólares, la creciente inflación y el freno de la actividad económica, sumadas al escandaloso Boudou-gate, la inseguridad y los hierros aún calientes de la tragedia de Once se convirtieron en el cóctel explosivo que fogoneó los cacerolazos que la semana pasada pusieron en alerta a la Casa Rosada.

Es que el renovado blandir de las cacerolas en los barrios porteños -por ahora acotado, incipiente, circunscripto, pero también sintomático de un malestar creciente que quiere hacerse oír- despertó en el oficialismo los peores fantasmas de 2001, cuando el incendio político, económico, social e institucional del país barrió con el gobierno de Fernando de la Rúa y sumió a los argentinos en la peor crisis de su historia.

Bien podría decirse que el sentimiento anti-K de buena parte de los “caceroleros”, la clase media y media alta porteña, no tiene nada de novedoso. De hecho, la Capital Federal fue el distrito del país que en menor medida acompañó con su voto la reelección de Cristina Kirchner en la última elección de octubre. Pero no es menos cierto que la protestas gestadas en la Capital se extendieron muchas veces como reguero de pólvora al resto del país con efectos tan devastadores como impredecibles. Basta recordar las jornadas calientes de 2001. O los días agitados de 2008, durante la crisis del campo, precursores de la derrota oficialista en las elecciones legislativas de 2009.

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