YPF, su peso relativo y el mito de la soberanía hidrocarburífera
La recuperación del autoabastecimiento petrolero fue la principal bandera que flameó el gobierno de Cristina Kirchner para impulsar la reestatización de YPF, la mayor productora de hidrocarburos de la Argentina, que en el último lustro anotó números en baja, a raíz de la declinación de sus grandes yacimientos, en especial los emplazados en Neuquén. Por caso, Chihuido de la Sierra Negra, el mayor campo petrolífero de la compañía, aportaba en 2006 con más de 7200 metros cúbicos diarios (m3/día) de crudo. Hoy en día, produce menos de la mitad. Como resultado de esa performance, que se repite en casi todos los reservorios importantes de la empresa, la extracción de petróleo de YPF a nivel nacional cayó en los últimos seis años un 21,9%, en tanto que la declinación de la curva gasífera fue todavía más acentuada (-35,7%), según datos del Instituto Argentino del Petróleo y Gas (IAPG).
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El Plan Estratégico 2013-2017 presentado la semana pasada por Miguel Galuccio, flamante CEO de YPF, da cuenta de esa situación y busca revertir, en el corto plazo, la tendencia decreciente de la producción. Propone frenar la caída de un 6% anual registrada desde 2004, e incrementar en cinco años un 35,8% la oferta de hidrocarburos. Para correr a ese ritmo productivo cuantifica inversiones siderales: u$s 3500 millones en 2012, y el doble por año -u$s 7000 millones- a partir 2013 hasta 2017.
Ahora bien, ¿serán suficientes esas ingentes inversiones para recuperar la soberanía energética? La mayoría de los petroleros aún está a la espera de que Galuccio explique cómo financiará los u$s 38.500 millones previstos para el período 2012-2017, equivalentes al 10% del PBI argentino. Pero, aun cuando esos desembolsos se concreten, ¿cubrirá la expansión de la oferta de petróleo y gas prevista por YPF las importaciones actuales de energía?
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