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Similitudes y diferencias con el reclamo del campo de 2008

Casi tres años después del gran paro del campo que paralizó al país, la disputa sigue siendo quién se queda con la renta agraria en la Argentina. El disparador de 2008 fue la “tablita” de retenciones móviles impuesta por el entonces ministro de Economía, Martín Lousteau, que desató la furia del campo. Ahora, el campo no reclama una rebaja de las retenciones, sino por la liberación permanente del mercado de trigo.

El campo arranca 2011 con un nuevo paro que presagia un año de tensiones, como fue aquel 2008 en el que los enfrentamientos con el gobierno nacional fueron permanentes. A tres años de ese conflicto si bien el disparador de la protesta, los culpables y el tono son distintos, la cuestión de fondo es la misma.

El disparador de 2008 fue la “tablita” de retenciones móviles impuesta por el entonces ministro de Economía, Martín Lousteau, que desató la furia del campo. En ese momento, el Gobierno anunció que el impuesto sobre las ventas externas se ataría a la cotización haciendo que, por caso, las retenciones a la soja saltaran 10 puntos en un día, a un mes del inicio de la cosecha. En medio de piquetes y contrapiquetes, la Presidenta Cristina Fernández envió el proyecto de retenciones móviles al Congreso, que las eliminó tras cuatro meses de vigencia, con el voto “no positivo” de Julio Cobos.

La causa actual: esta vez, el campo no reclama una rebaja de las retenciones, sino por la liberación permanente del mercado de trigo (que desde 2006 opera con cupos) porque insiste en que el mecanismo impide el juego de la oferta y la demanda, elimina la competencia y recorta hasta u$s 50 por tonelada el precio que deberían recibir los productores por el cereal.

El culpable anterior: en 2008 todos los dardos apuntaban al Gobierno, directo beneficiario de la suba de retenciones en detrimento del productor, según se encargó de marcar la recientemente conformada mesa de enlace de las entidades agropecuarias. En esta disputa, exportadores y molineros fueron más bien veedores pasivos que apenas se vieron salpicados una vez avanzado el conflicto.

El adversario de hoy: esta vez el campo no culpa al Gobierno de quedarse con la renta del campo, sino de permitir que otro se quede con lo que dice que le pertenece al productor, porque es el Gobierno quien otorga o limita los permisos de exportación. De esta forma, aparecen en escena molineros y exportadores como los enemigos del campo, y como tales, sufren el repudio directo de los productores con tractorazos y manifestaciones en las propias plantas de las empresas, con Cargill “la mayor exportadora desde la Argentina” a la cabeza.

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