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El vino como bebida nacional ayudará a la promoción

El 1 de noviembre Cristina Fernández declarará al vino como “Bebida Nacional” en un acto a celebrar a las 18 en la Casa Rosada. Desde ese día este producto estará presente en cada acto oficial. La industria apuesta a que esto impulse la promoción y el consumo.

La vitivinicultura se apresta a celebrar. El 1 de noviembre próximo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner firmará el decreto que declara al vino como “Bebida Nacional”, pronunciamiento que ubica a este producto por encima del resto de las bebidas alcohólicas y cervezas y puede ayudar a promover su consumo tanto interno como externo, confían desde el sector empresario.

“Es un hecho muy importante reconocer al vino por lo que es para la alimentación y la cultura de los argentinos. Y este acto es trascendente porque pone al vino en un lugar distinto al de la cerveza y otras bebidas alcohólicas. Este es un tema central porque a partir de esto hay muchas confusiones que se van a poder evitar”, explica José Zuccardi, bodeguero y miembro de la mesa directiva de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar).

José Alberto Zuccardi, bodeguero y miembro de la Coviar.

Si bien se están ultimando los detalles del acto central en la Casa Rosada que se realizará el lunes próximo y del cóctel que se ofrecerán luego en la noche en Buenos Aires, desde la industria admiten que aun el texto definitivo del decreto no está confirmado por lo que aun resta saber si esta declaración del vino como “Bebida Nacional” incluirá algún beneficio expreso para el sector. Sí se sabe, hasta ahora, que al obtener este rango, el vino empezará a estar presente en los actos oficiales que se realicen en el país y en las embajadas del exterior, explicó Zuccardi, antes de destacar que esto servirá para la promoción del consumo y las exportaciones.

Para la vitivinicultura argentina esta declaración es un paso más en la integración público privada que hoy sustenta al Plan Estratégico 2020, que articula la Coviar, y que ha permitido acordar en una mesa común campañas de promoción, planes de integración para pequeños productores con financiamiento del BID y hasta la devolución de parte de las retenciones que paga este productor a cambio de duplicar las inversiones, como ocurre con los espumantes.

Por lo pronto, en los considerandos que se han hecho públicos del decreto se sabe que la declaración del vino como Bebida Nacional reconoce los cinco siglos de historia de esta actividad productiva, el acelerado y sostenido desarrollo que ha tenido en estas latitudes, que su consumo se ha “consolidado a partir de hábitos sociales propios de la cultura y la identidad argentinas arraigadas en el ámbito familiar y de la amistad”, la apuesta por la calidad hecha por este sector integrando a la actividad a una mayor cantidad de pequeños y medianos productores, permitiendo que la vitivinicultura argentina se caracterice por ser un modelo de convivencia entre productores de diversas escalas y que el vino es tradición y cultura, por lo que lo convierten en un inmejorable embajador de Argentina en el mundo. Y uno de los puntos centrales: “que el vino es un producto alimenticio de consumo masivo que, por sus  cualidades nutricionales comprobadas, integra la canasta básica familiar de diferentes grupos sociales, culturales y económicos del país”.