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Cómo nos protegemos del tsunami americano

Foto: on24
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El tsunami desatado en Wall Street se esta llevando todo, desde una institución financiera fundada en 1850 como Lehman Brothers, hasta los ahorros de muchos inversores pequeños que confiaron en el mercado monetario.

El efecto pobreza es arrollador, inversores en acciones comunes, acciones preferidas, bonos y otros sofisticados instrumentos vieron como de un día para otro se quedaban sin nada de sus ahorros.

Argentina es un país que tiene en el exterior una suma igual al total de su deuda pública, diseminada en muchísimas inversiones. Un gran caudal de fondos estaba en le mercado financiero americano. A pesar de la fragilidad económica de nuestro país, algunos ahorros están retornando, el capital es cobarde y cuanto más cerca, mejor cuidado. La pregunta obligada es ¿Cómo protegernos en un escenario como el actual?

La crisis financiera internacional ha tomado un vuelo difícil de presagiar, no es posible dimensionar la completitud y los alcances de la misma. Lo que parecía un problema de solo Estados Unidos ahora se traslado a Europa que puede padecer una crisis de una magnitud superior a la observada en el mercado americano.

En el viejo continente el euro es la moneda de muchos países, que esta anclada en el respeto del pacto de estabilidad y crecimiento que fija normas de comportamiento en materia fiscal, deudas, emisión monetaria y tipos de interés.

Tanto en este pacto, como en la constitución de la moneda única, se olvidaron del capitulo ligado a “posibles crisis financieras, fuentes alternativas de financiamiento”.
La economía europea es en este punto mucho más vulnerable que la americana.

Los países que adhieren a la moneda euro no podrán fácilmente estatizar la banca y no cuentan con la emisión monetaria como herramienta de política económica. El euro es como la convertibilidad Argentina, las bondades del sistema en expansión son muchas, pero en contracción la falta de herramientas para esquivar la crisis lo hacen extremadamente vulnerable.

En el mercado muchos inversores preguntan ¿Por qué el dólar se sigue fortaleciendo si Estados Unidos emite tanto dinero y sus finanzas están muy mal? La respuesta obligada es: el resto de los países del mundo la pueden pasar mucho peor si Estados Unidos esta mal.

Europa se ha convertido en un continente que apunta más para museo que para una plataforma de lanzamiento de proyectos industriales y tecnológicos competitivos. Sus problemas se irán potenciando en la década actual, y no tiene chances de igualar en competitividad a Estados Unidos y el sudeste asiático de cara al futuro.

Es más, si América Latina encauzara su marcha y los gobiernos futuros fueran más racionales, de cara al año 2050 tiene mejores perspectivas que el viejo continente.
El mundo debe socorrer a Estados Unidos en esta crisis, porque fue este mismo país el que motorizo el crecimiento de los últimos años.

Mal que les pese a la izquierda vernácula, el último quinquenio fue el de mayor crecimiento de los últimos 50 años. Nunca salieron de la pobreza tantos individuos como en los últimos cinco.

El mundo fue un jolgorio, lastima que corrió tanto y batió tantos record por el uso exacerbado de la droga del crecimiento - que es el crédito exacerbado -  que en muchos casos, acompañado por la relajación de patrones éticos y morales, llevó a todo un sistema financiero a la crisis que estamos transitando.

Es así que quien por sus descuidos y fallas en organismos regulatorios, creó y nos llevó a esta crisis, es hoy quien nos puede salvar si logra sortearla. La teoría del desacople quedara guardada en los archivos de alguna biblioteca contemporánea. El mundo existe, si el motor tracciona, y al menos por ahora, dicho motor es Estados Unidos.

Dado este escenario, la mejor protección para el momento que transcurrimos es aferrarnos a la liquidez, y que esta sea en dólares. En la actualidad, las monedas del sudeste asiático, el Yen, el euro, el dólar australiano o las de América Latina se rinden ante la fortaleza del dólar. Una fortaleza que no esta fundada en virtudes propias, sino en debilidades ajenas que son superiores a las observadas en el país del norte.

Nos guste o no nos guste, el dólar es y será el dólar. Es cierto que en los últimos años se le perdió el respeto al millón de dólares, todos creían que era una cifra pequeña, pero hoy, y visto lo ocurrido, un millón es un millón de dólares.

Por ahora no podemos decir invierta en acciones, bonos, plazos fijos o instrumentos estructurados. Todo esta sospechado, todo da sensación de fragilidad y la duda no hace bien, tampoco dormir.

Son momentos para saber esperar, no apresurarse y estar a la altura de las circunstancias. Dólar billete sin bronceador es la mejor opción. Decimos sin bronceador porque ni siquiera tiene que ver la luz del día, directo a la caja de seguridad a la espera de que el escenario mejore y con los activos financieros a precios irrisorios salir con la ambulancia a comprar lo que quede en pie y con buena salud.

Quien no comparta esta nota, es bienvenido. Quien se sonría por el porvenir negativo de Estados Unidos será perdonado. Quien tilde este momento de la gran derrota de los neoliberales será aceptado. Quien diga que es el fin del capitalismo será escuchado.

Pero por favor, quienes hagan estas afirmaciones ahorren en otra moneda que no sea dólar, porque de lo contrario pesará sobre ellos la contradicción de los que hablan y predican un evangelio, y luego se rigen por las reglas de otro.