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Sálvese quien pueda: la interminable crisis del fútbol argentino profundo

El caso Gutiérrez volvió a poner en agenda la angustiante situación que atraviesan cientos de clubes del fútbol argentino. Sobrevivir es la cuestión.


Desolados. Estancados. Quebrados. Olvidados y despreciados. Rotos. La larga lista de bases y condiciones describe al dedillo un escenario cada vez más frecuente en el fútbol nuestro y que en las últimas horas volvió a tocar suelo mendocino, aunque la promoción es válida para toda la República Argentina.

La angustiante y desesperanzadora situación que atraviesa un sinfín de instituciones cuyo único y fiel propósito es jugar a la pelota, reafirmó una condición con principio pero sin final a la vista: el fútbol argentino necesita respirar.

Con estadios en ruinas, planteles endeudados, dirigentes exhaustos, familias desesperadas e hinchas cuyo único mandamiento es ganar el domingo, los clubes caminan por un sinuoso terreno lleno de obstáculos que desgastan hasta al más preparado, golpean hasta al más robusto y sentencian hasta al más inocente.

El caso de Gutiérrez Sport Club, una institución de barrio, luchadora de mil batallas, noble y reconocida, volvió a poner en tela de juicio la situación actual del fútbol argentino, en donde todos y cada uno de los actores incluidos en el guión tienen, y deben, hacer su mejor escena para no quedar en el olvido absoluto.

Y bajo una soledad propia de los exiliados, sin la compañía de las grandes estructuras que manejan el poder y los billetes, que decidieron hace tiempo quedar al margen de un mundo tan hostil como apasionante, los clubes del fútbol argentino intentan afirmarse en una estructura cada vez más endeble.

Algunos logran despegarse del resto, con gestiones ordenadas y empujados por ese mismo poder que les permite contar con cimientos sólidos, armar planteles bañados en oro y mirar a todos desde un lugar de privilegio. Otros, con un esqueleto algo más frágil, se conforman con llegar a pagar la luz y el agua. Y también están los de más allá, que con el mismo fuego y pasión que aquellos, recorren las canchas del país con el sombrero dado vuelta. Sálvese quien pueda.