Godoy Cruz ganó y punto: a veces el fútbol también se trata de eso
El Tomba no jugó bien, no dominó y tuvo en Strumia a su gran figura, pero se trajo de San Isidro tres puntos que pueden valer oro.
Godoy Cruz ganó y punto. No hubo brillo, no hubo superioridad futbolística ni una actuación para guardar en el recuerdo. Pero hubo algo que en la Primera Nacional vale muchísimo: tres puntos. Y esta victoria puede cotizar en bolsa más adelante, no solamente por lo que suma en la tabla, sino también por lo que significa para el ánimo de un equipo que necesitaba levantarse rápido después del golpe recibido ante Deportivo Maipú.
Godoy Cruz ganó, a veces el fútbol también se trata de eso
El Expreso lo consiguió de la manera que muchas veces exige esta categoría: sin jugar bien, sin dominar y sin merecer demasiado, pero ganando. Y lo hizo además como visitante, una condición que hasta hace poco era una deuda pendiente. Ahora suma dos triunfos consecutivos fuera de Mendoza, una señal que no puede pasar inadvertida.
¿Jugó bien? No.
¿Dominó a Acassuso? Tampoco.
¿Mereció ganar? Probablemente no.
¿Ganó? Sí. Y eso es lo que importa.
Porque cuando un equipo no puede desarrollar el fútbol que pretende, ganar se convierte en una herramienta fundamental. Ganando es más fácil corregir, trabajar y recuperar confianza. Y Godoy Cruz necesitaba justamente eso después de la derrota de local.
En San Isidro, la historia se sostuvo durante buena parte de la tarde gracias a Juan Strumia. El arquero cordobés fue, sin discusión, la gran figura del partido y el responsable de que el Tomba llegara con vida al momento en el que apareció el gol.
Strumia tapó cuatro pelotas claras de gol, tres de ellas cuando el encuentro todavía estaba empatado y una o dos en el tramo final, cuando Acassuso buscaba desesperadamente el empate. Cada intervención tuvo un peso enorme. Si Godoy Cruz pudo terminar festejando, buena parte de la explicación está bajo los tres palos.
El otro nombre que aparece inevitablemente es Benjamín Schamine. El volante sacó de su repertorio un tremendo zapatazo para romper el cero y darle al Tomba una ventaja que parecía demasiado premio para lo que había mostrado el equipo. Más allá del golazo, su aporte durante el partido no fue demasiado destacado, pero en el fútbol hay momentos que pesan más que cualquier evaluación.
Y también merece una mención William Riquelme. El paraguayo ingresó en el complemento y le aportó al equipo algo que estaba necesitando: entrega, coraje, personalidad, empuje y ganas de imponerse. No se escondió y entendió rápidamente qué pedía el partido. En un encuentro donde al Tomba le costaba generar fútbol, Riquelme puso el cuerpo y la actitud.
El resto quedó en deuda. Godoy Cruz tuvo dificultades para elaborar, los delanteros estuvieron desconectados y el mediocampo tampoco encontró su mejor versión. Gil Romero y Vicente Poggi, desde su experiencia, hicieron lo que pudieron para sostener al equipo, aunque estuvieron lejos de sus mejores actuaciones. Axel Rodríguez, Misael Sosa y Rodrigo Fernández tampoco lograron darle al ataque el peso necesario.
Pero esta vez no habrá demasiado tiempo para lamentarse ni para analizar en profundidad lo que salió mal. Godoy Cruz ganó y punto.
Y ahora tendrá apenas unos días para intentar repetir la fórmula, aunque seguramente buscando mejorar el rendimiento. El próximo desafío será en Madryn, donde el miércoles deberá completar su compromiso pendiente ante Deportivo Madryn.
Será otra prueba, otra cancha difícil y otra oportunidad para seguir sumando.
Porque quizás esta victoria no haya enamorado a nadie. Pero puede terminar siendo de esas que, cuando llega el final del campeonato, se miran hacia atrás y se entiende cuánto valieron.
Godoy Cruz ganó. No jugó bien. No dominó. No mereció demasiado. Pero ganó.
Y a esta altura del campeonato, eso también es una forma de empezar a construir algo importante.



