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De qué tiene que hablar el presidente de River

Luego del nuevo traspié, en esta oportunidad ante Tigre, el presidente de River, Stefano Di Carlo, dejó unas breves y sugestivas palabras: ”En la semana voy a hablar”.

El presidente de River, Stefano Di Carlo.

El presidente de River, Stefano Di Carlo.

Luego del nuevo traspié, en esta oportunidad ante Tigre, el presidente de River, Stefano Di Carlo dejó unas breves y sugestivas palabras: ”En la semana voy a hablar”.

Desde esta columna aventuramos algunos conceptos que no debieran estar ausentes en las palabras que prometió pronunciar Di Carlo.

1) Los prácticamente 5 años de desatinos futbolísticos: como el joven presidente forma parte de la comisión directiva hace tiempo, debería enmarcar la hecatombe sin par actual, en los últimos años, donde presidió Jorge Brito. Quedan añoranzas de la gestión restauradora y exitosa de Rodolfo D'Onofrio.

Brito era vicepresidente y Di Carlo miembro directivo en la gestión de Rodolfo. Podrían haberlo emulado en lo referente al fútbol.

El mayor error de esos últimos años fue volver a traer al plantel profesional numerosos jugadores que habían participado de la época de éxitos, que culminaron con la final de Madrid y el año siguiente con la derrota ante Flamengo en Lima, también en la final de la Copa Libertadores.

Los jugadores que fueron recontratados,, partieron a otros destinos, algunos de baja competitividad y bajo una idea errada ciertamente, de recuperar mística, calidad y competitividad, se apeló a su vuelta.

Con una erogación inmensa y desproporcionada en salarios, la mayoría de ellos fluctuaron en presencia anodina, lesiones continuas y añoranzas de lo que fueron. Fracaso total.

2) La salida de Demichelis y el regreso de Marcelo Gallardo: Martín Demichelis, como conductor, logró el último título de River y el equipo, durante un lapso de tiempo, desplegó un juego de calidad.

Cometió, aparentemente, un “desliz imperdonable” en el mundo corporativo de los futbolistas profesionales. Criticó frente a periodistas algunos jugadores referentes valiosos del primer equipo. Enzo Pérez lo hizo notar públicamente al destrabarlo expresamente frente a 85.000 espectadores. Selló su final.

El regreso de Gallardo fue con bombos y platillos y con expectativas fundadas y alentadoras

No se tuvo en cuenta que el “Muñeco” venía de un paso en falso en Arabia Saudita.

La segunda etapa Gallardo fue un fiasco inesperado y muy oneroso. Fracaso deportivo y contrataciones millonarias de jugadores que no respondieron y repatriación de exjugadores, la mayoría con lesiones crónicas subyacentes, que los apartaron de la competición la mayor parte del tiempo.

En la desventura apeló a juveniles, a quienes cargó de responsabilidad y a los que apartó prematuramente. Hay un caso especial entre varios; el juvenil Cristian Jaime, al que apeló en medio del desconcierto del primer equipo, con buen desempeño en sus primeros partidos, al primer desliz fue dejado de lado.

Con una cláusula de rescisión de 100 millones de dólares, hoy triunfa en Peñarol de Uruguay, donde fue figura en el equipo que obtuvo el campeonato. Ausente en River.

En la trastienda se mencionaba que el Muñeco faltaba a muchos entrenamientos, en los partidos su impotencia se manifestaba en gestos y palabras airadas e incluso se habló de un distanciamiento y falta de apoyo de los jugadores. El final, cantado, fue sin pena ni gloria.

3) Eduardo Coudet entrenador: mucho afán y esperanza se puso en traer a Chacho como encauzador del rumbo perdido. Tuvo que apartarse de antemano del Getafe español, que luchaba por no descender, vaya saber a que costo.

De comienzo exitoso, con varios juveniles y desplazando a figuras muy costosas, con más suerte que buen juego, llegó a la final del torneo, donde con decisiones erradas, River en los últimos 10 minutos perdió un campeonato que tenia en sus manos. Ese golpe lo marcó y también a Di Carlo recién asumido.

River demostró un “ no estilo de juego” de acuerdo a su prosapia e historia. Es imposible descifrar a que juega el equipo millonario.

4) El desvarío actual: ante la continuidad del fracaso y urgido por realidad y la presencia constante, aún en las derrotas, de 85. 000 espectadores en la cancha y el clamor de millones de simpatizantes de todo el país, las torpezas y los errores se multiplicaron. Señalaremos sin ahondar, varios de ellos.

a) Pretemporada en Alicante, costosa y sin el número de jugadores mínimo para constituir dos equipos de once integrantes cada uno. Insólito.

b) Apartamiento de 15 jugadores: se pretendió dar un golpe de timón y una señal clara. Había que disminuir costos salariales descomunales frente a pobres rendimientos y concentrarse en pocas compras de jugadores de valía, que reencauzaran el rumbo extraviado. Afloraron con abundancia los errores

Los quince apartados, fueron destratados sin necesidad ni motivos, disminuyendo incluso su valor de transferencia y generando repudio del mundo futbolero y de sus propios compañeros que habían compartido con ellos el últimos torneo.

Solo el español Longoria, recién llegado y sumado a Francescoli y Ponzio fue interlocutor con los desterrados, apodados el grupo del container, lugar que utilizaban como vestuario. Dispendio oneroso en más recurso humano, para consolidar el trato con el plantel y para contrataciones, aumentado y sin resultado alguno hasta ahora.

Más adquisiciones en valores récord, Thiago Almada, Àngel Correa, algunas otras repatriaciones sin sentido y resultado hasta ahora; Nicolas Otamendi, Lucas Beltán, Rafael Santos Borré y otras inconcebibles, los uruguayos Mauro Arambarri y Giovanni González. Se deben sumar las lesiones recurrentes de Acuña y Driussi.

El factor Coudet: “Chaco” sigue en el desconcierto y la falta total de ideas y esquemas.¿ A que se supone que juega o pretende hacerlo River? Apelando a los nuevos, apenas arribados y sin entrenamientos suficientes, el equipo no genera peligro, al punto de no haber convertido un gol en cuatro fechas.

En la desesperación acumula delanteros sin sentido, los jugadores, nerviosos cometen errores inconcebibles y las explicaciones suenan insuficientes y absurdas. “Medio país me quiere matar”, declaró luego de la derrota absurda con Tigre, que obtuvo su gol, luego de un error infantil de Aníbal Moreno y siendo el equipo de Massa, dominado todo el partido, pero sin sufrir demasiados riesgos.

Quizás resulta exagerada la frase de Coudet. Lo cierto es que medio país no cree ni confía, por ahora, que sea el indicado de llevar adelante el barco escorado y a la deriva.

De todo esto debe hablar Di Carlo y de como encaminar el desatino y el ruinoso presente. No tiene tiempo, desafortunadamente. Apremian los cero puntos del campeonato, haber perdido la opción de la Copa Argentina y la Sudamericana el miércoles próximo y de visitante, como desafío apremiante.

También debe pronunciarse si Eduardo Coudet puede revertir el pésimo presente y si aún tiene crédito con los jugadores. En caso contrario, no es sencillo encontrar el conductor técnico de River Plate. Son pocos los nombres que pueden afrontar la tarea,

Nobleza obliga: es de justicia señalar que River Plate institucionalmente y en infraestructura, con las presidencias de D´Onofrio, Brito y Di Carlo como miembro de Comisiones Directivas anteriores se ha constituido en uno de los clubes más importantes del mundo.

Decenas de deportes federados, instalaciones remozadas, un estadio maravilloso, moderno, amplio, confortable en vías de ser techada toda la zona de espectadores y ampliada a 100.000 espectadores su concurrencia. Un lujo de los que hay pocos.

Dos sitios para divisiones infantiles y juveniles en constante evolución y mejora, más una faceta educativa casi única, con enseñanza primaria, secundaria y universitaria. Sin muchos antecedentes similares. Todo ello es valioso y muy destacable.

El tema es el desarrollo futbolístico y el penoso presente, consecuencia de los varios errores en los últimos años. La urgencia del “tablón” manda. De eso tiene que hablar el presidente de River.

Los hinchas demandan y la paciencia parece haberse agotado.