Carlos Abriata: la historia de un argentino que llegó al corazón del negocio deportivo mundial
Carlos Abriata trabaja junto a organizaciones como FIFA, UEFA y CCONMEBOL en algunos de los eventos deportivos más importantes del mundo.
Es CEO de FANTIX y Partner en SECUTIX, trabaja junto a organizaciones como FIFA, UEFA y CCONMEBOL en algunos de los eventos deportivos más importantes del mundo. Entre el Mundial 2026, la tecnología y la experiencia del hincha, Carlos Abriata habla de negocios con la misma intensidad con la que habla de Argentina, el fútbol y la pertenencia.
— Hoy trabajás muy cerca de FIFA ¿Qué significa realmente estar adentro de un evento de esa escala?
— Es difícil explicarlo desde afuera porque la dimensión es gigantesca.
La gente ve el partido, el estadio o el show final, pero atrás hay años de trabajo, tecnología, logística, seguridad, coordinación y presión. Muchísima presión.
Trabajamos en sistemas vinculados a ticketing, accesos y experiencia del espectador para eventos deportivos de escala global. Y cuando hablás de un Mundial por ejemplo, hablás de millones de personas interactuando simultáneamente con una plataforma, viajando, entrando a estadios, viviendo momentos que probablemente recuerden toda su vida.
Ahí no existe margen para improvisar.
Y sinceramente, a mí me gusta mucho trabajar bajo esa presión. Me siento cómodo en contextos de máxima exigencia.
— ¿Cómo llega un argentino a ocupar un lugar así dentro de la industria deportiva global?
— Trabajando mucho y construyendo confianza durante muchos años.
La gente a veces piensa que hay algún momento puntual donde “llegaste”, pero en realidad son procesos larguísimos. Resolver problemas, cumplir, volver a cumplir y sostener eso en el tiempo.
Yo soy muy obsesivo con el trabajo. Siempre fui así.
Cuando entro en algo, entro completamente. Me involucro mucho emocionalmente con los proyectos y con los equipos de trabajo. Y creo que en esta industria eso hace una diferencia.
Porque en escenarios tan grandes no alcanza con ser inteligente o creativo. Necesitás carácter, capacidad de ejecución y muchísima constancia.
— ¿Siempre tuviste esa personalidad tan competitiva?
— Sí. Desde muy chico.
Yo siempre tuve una sensación muy fuerte de que quería construir algo importante con mi vida. Nunca me imaginé un recorrido mediocre o cómodo.
Y también creo que desarrollé una personalidad bastante competitiva porque crecí muchos años afuera de Argentina. En el exterior era “el argentino” y cuando venía acá era “el gringo”. Entonces sentía permanentemente que tenía que demostrar.
Demostrar que estaba a la altura. Que podía competir. Que podía llegar lejos. Y eso te forma mucho.
— ¿Te sigue pasando hoy?
— Sí, totalmente.
Me cuesta muchísimo relajarme con los logros. Muchísimo.
Cuando consigo algo importante, automáticamente ya estoy pensando en lo siguiente. En qué falta. En qué podría haberse hecho mejor.
Soy muy exigente conmigo mismo. Y cuando algo sale mal, me golpea fuerte.
Pero también creo que esa incomodidad permanente es parte de lo que me empujó siempre.
— ¿Qué tan sofisticado se volvió el negocio del deporte?
— Muchísimo.
Hoy el deporte es entretenimiento, tecnología, datos, seguridad, experiencias y comunidad todo al mismo tiempo.
Y además hay algo que cambió muchísimo: la expectativa de la gente.
El hincha hoy quiere vivir experiencias más fluidas, más transparentes y más seguras. Pero al mismo tiempo quiere sentirse cerca del club, del evento o de aquello que ama.
Y ahí es donde muchas veces la tecnología falla cuando está pensada solamente desde lo técnico y no desde lo emocional.
— ¿Qué cosas sentís que mirás distinto dentro de esa industria?
— El lugar del hincha.
Yo creo que muchas veces el deporte moderno se volvió demasiado corporativo y se olvidó de algo básico: atrás de cada ticket hay una historia personal.
Hay alguien que ahorró para viajar, un padre llevando al hijo, amigos organizando un viaje, una persona esperando un partido hace meses.
En Argentina eso se entiende muy naturalmente porque nosotros vivimos el fútbol de una manera mucho más emocional que en otros lugares.
Para mí una entrada nunca es solamente una transacción. Hay identidad, pertenencia y emoción atrás de eso.
— ¿Sentís que tu mirada argentina te dio una ventaja trabajando globalmente?
— Sí. Muchísima.
El argentino tiene una capacidad de adaptación enorme y además entiende el fútbol desde un lugar mucho más profundo.
Nosotros sabemos lo que significa realmente un club para una persona o para una familia. Sabemos lo que genera emocionalmente.
Y eso, cuando trabajás en experiencia del espectador o en grandes eventos deportivos, es importantísimo.
Yo viví parte de mi vida afuera, pero nunca me desconecté de Argentina. Al contrario. Cuanto más tiempo pasás lejos, más fuerte se vuelve la identidad. Y el encontrarme de nuevo viviendo gran parte de mi tiempo en Buenos Aires me hace sentir que, por momentos, nunca me fui.
— Sin embargo, hoy te movés en ambientes muy globales. ¿Cómo convivís con esos dos mundos?
— Para mí no están separados.
Hay gente que cree que cuando trabajás internacionalmente te alejás de tu lugar de origen. A mí me pasó exactamente lo contrario.
Yo puedo estar en reuniones con dirigentes deportivos, empresarios o federaciones internacionales y seguir completamente conectado con lo que pasa en Argentina, con mis amigos, con mi familia o con el fútbol.
Nunca perdí eso y tampoco quiero perderlo.
Porque creo que gran parte de mi personalidad está construida alrededor de esa identidad argentina: la intensidad, la pasión, la forma de vivir las cosas.
— ¿Qué aprendiste trabajando tan cerca de organizaciones como FIFA o Conmebol?
— Que la confianza vale más que cualquier discurso.
En este nivel nadie se impresiona demasiado con las palabras. Lo que importa es si respondés o no respondés cuando las cosas se complican.
Y también aprendí que los lugares importantes no se sostienen solamente con talento. Se sostienen con carácter.
Porque cuando la presión sube y hay problemas reales, ahí aparece quién sos de verdad.
— ¿Cómo sos vos liderando equipos?
— Muy involucrado. Demasiado a veces. (se ríe)
Yo no soy un empresario frío o distante. Me involucro mucho emocionalmente con las personas y con los proyectos.
También soy muy exigente. No tolero demasiado la mediocridad o la falta de compromiso.
Creo muchísimo en la idea de que el esfuerzo no se negocia.
Y también tengo una personalidad bastante protectora con mi equipo y con la gente cercana. Cuando conecto con alguien o con un proyecto, voy muy a fondo.
— ¿Qué lugar ocupa hoy Argentina en tu vida?
— Central. Mi raíz esta acá. Mi historia está acá. Mi identidad está acá.
Yo puedo trabajar en cualquier parte del mundo, pero sigo sintiendo que las cosas que más me importan están profundamente conectadas con Argentina.
Y también con esa forma muy nuestra de vivir las cosas con intensidad. El fútbol, los vínculos, la pasión, el sentido de pertenencia.
Eso no lo perdí nunca.
— ¿Qué cosas te siguen movilizando hoy?
— Las mismas de siempre, probablemente.
Mi familia. Boca. Argentina El fútbol. Sentir que algo salió bien después del esfuerzo.
Y también construir cosas que tengan sentido de verdad.
A esta altura entendí que el éxito vacío no sirve demasiado. Lo importante es sentir que lo que hacés realmente te representa.
Y hay ciertas cosas —la identidad, la pertenencia, la pasión— que cuando te atraviesan de verdad, te acompañan toda la vida.
A mí me pasa eso con Argentina y mas aun con Boca. Aunque haya vivido afuera muchos años, aunque trabaje globalmente y aunque me toque moverme por distintos lugares, hay cosas que siguen funcionando como un cable a tierra emocional.
Y cuando algo te conecta así con quién sos, nunca deja de acompañarte.



