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Abraham Buonarrigo: el boxeador que volvió a pelear cuando la vida parecía haberlo noqueado

El mendocino Abraham Buonarrigo, repasó su historia, el sueño de triunfar en el exterior y cómo su hijo transformó su manera de enfrentar el futuro.

El Turco Buonarrigo y su triunfo en Las Heras.

El Turco Buonarrigo y su triunfo en Las Heras.

Viajó miles de kilómetros persiguiendo un sueño, atravesó pérdidas, adicciones y frustraciones. Hoy, con un hijo que cambió su vida y la ilusión intacta, Abraham Buonarrigo vuelve a subirse al ring convencido de que las peleas más importantes también se ganan fuera de las cuerdas y se presentará este viernes en el Festival Cuna de Campeones VII en el Poliguay desde las 21hs.

Hay historias que se cuentan con estadísticas. Otras, con títulos y cinturones. Y algunas, como la de Abraham Buonarrigo, solo pueden entenderse mirando mucho más allá del boxeo.

Porque antes que un deportista, Abraham es un sobreviviente.

Nació en Guaymallén, creció entre los barrios Cooperativo de Bermejo y Lihué y encontró en un gimnasio de boxeo un lugar donde canalizar la energía de un chico que todavía no imaginaba todo lo que la vida le tenía preparado. Fue su abuelo quien lo llevó por primera vez a entrenar. Tenía apenas diez años y, sin saberlo, acababa de descubrir el deporte que marcaría su destino.

Pero el camino nunca fue sencillo.

La muerte de un ser querido significó uno de los golpes más duros de su vida. El dolor lo llevó a perder el rumbo y a convivir con las adicciones. Fueron tiempos oscuros, donde parecía que el boxeo había quedado definitivamente atrás.

Sin embargo, cuando todo parecía perdido, decidió empezar de nuevo.

Casi sin avisarle a nadie, viajó a Buenos Aires con la esperanza de reconstruirse. Allí encontró personas que volvieron a creer en él, entrenadores que le abrieron las puertas y un ambiente que le permitió recuperar la confianza. El trabajo diario, la disciplina y la perseverancia hicieron el resto. Llegaron las victorias, el reconocimiento y un título panamericano que confirmaba que el esfuerzo siempre encuentra recompensa.

Pero Abraham nunca dejó de soñar en grande.

Ese sueño lo llevó primero a Inglaterra y luego a Estados Unidos, donde buscó una oportunidad que parecía estar al alcance de la mano. Firmó contratos, entrenó durante meses y esperó el llamado que podía cambiar su carrera.

La pelea nunca llegó.

En Nueva Jersey entrenó durante cuatro meses para un combate que se suspendió apenas una semana antes. Sin ingresos y lejos de su familia, tuvo que salir a trabajar para sostenerse mientras seguía esperando otra oportunidad. Fueron meses difíciles, en los que el boxeo volvió a enseñarle que no todas las derrotas ocurren arriba del ring.

Lejos de sentirse derrotado, eligió regresar.

"Volver también fue una forma de ganar", podría resumirse su presente.

El mendocino Abraham Buonarrigo fue medalla de bronce en boxeo en los Juegos Panamericanos en 2023.

El mendocino Abraham Buonarrigo fue medalla de bronce en boxeo en los Juegos Panamericanos en 2023.



En el medio fue a Serbia, le ganó al número 5 del mundo y cuando todo parecía encaminarse para una pelea mundialista, llegó a Mendoza y descubrió que le dieron vuelta el fallo. Sí, le dieron vuelta el fallo. En el ring ganó, pero en servidores de las estadísticas, la perdió.

Hoy, instalado nuevamente en Mendoza, reconoce que el nacimiento de su hijo Gerónimo Samuel le cambió la manera de mirar la vida. Ya no pelea solamente por un cinturón o por una oportunidad deportiva. Pelea por su familia, por el ejemplo que quiere dejar y por demostrar que siempre existe una posibilidad para empezar otra vez.

En cada entrenamiento carga una mochila invisible. Allí viajan los recuerdos de los días más difíciles, las personas que lo ayudaron cuando parecía no haber salida y las promesas que todavía quiere cumplir.

Porque Abraham sabe que el tiempo en el boxeo corre rápido. Pero también entiende que las verdaderas victorias no siempre se anuncian con un nocaut.

A veces consisten simplemente en volver a levantarse.

Y él ya demostró que sabe hacerlo.

Hoy espera una nueva oportunidad sobre el ring, convencido de que su historia todavía tiene varios capítulos por escribir. Pero, pase lo que pase, hay algo que nadie podrá quitarle: haber vencido a los rivales más difíciles, esos que la vida pone cuando se apagan las luces y no hay árbitros contando hasta diez.

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