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Jeanette Campbel: la nacida en Francia que le hizo ganar una medalla a la Argentina

Una historia y vida de película que le trajo al país la primera medalla plateada en un Juego Olímpico, en Berlín 1936.

La historia de Jeanette Campbell es fascinante. Llegó al mundo en un puerto; casi de casualidad (podríamos expresar) y obligada su familia por las circunstancias. Fue nieta de Mary Elizabeth Gorman, la primera de aquellas maestras que arribaron al país estimuladas por el proyecto educativo de Sarmiento. Y seguro que muy pocos sabrán que Jeanette fue tentada para trabajar en Hollywood tras la notoriedad que adquirió su escultural imagen en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, después de que sus logros deportivos la expusieran ante los ojos del mundo y de que los atletas de todas las delegaciones participantes en dicho evento la eligieran “Miss Olimpia” por su belleza. En fin, el listado de curiosidades sería mucho más extenso, pero he aquí una breve semblanza de su extraordinaria vida.

Nacida en un puerto francés

Jeanette Morven Campbell nació el 8 de marzo de 1916 en la comuna francesa de San Juan de Luz, bahía del golfo de Vizcaya, sobre las orillas del mar Cantábrico. Dicha localidad está situada en el departamento de los Pirineos Atlánticos y forma parte de la región de Nueva Aquitania. San Juan de Luz es famoso por su histórico puerto desde donde zarparon millones de inmigrantes hacia América. Lo cierto fue que los padres de Jeanette habían viajado a Europa de paseo, pero cuando se aprestaban para regresar a Argentina los sorprendió el inicio de la primera guerra mundial debiendo radicarse en ese puerto de Francia hasta que fueran autorizados a partir de regreso.

Eso sucederá recién en 1918. En paralelo, como si todo lo vivido por la familia Campbell fuera poco, otro hecho trágico acompañó aquel regreso en barco, y fue que esa nave que los traía a Buenos Aires fue la que introdujo la gripe española en el país. Enfermedad que hacía estragos en Europa por ese tiempo. Durante el trayecto de casi dos meses, murieron cuarenta pasajeros contagiados por el flagelo de “la gripe mortal” o de “la muerte púrpura”, como se la llamaba vulgarmente a ese tipo de influenza. Los Campbell afortunadamente zafaron de esa pandemia que cobró más de 20 millones de muertes en el mundo entero. 

Los Campbell, entre vacas, caballos y deportes

Pero volviendo a la historia central, diremos que el padre de Jeanette, John Campbell, era un escoses cuya familia había llegado a la Argentina a fines del siglo XIX siendo él un niño. Los Campbell contaban con extensas propiedades en Bahía Blanca, y además de ser integrante de una familia muy acaudalada, siempre estuvieron muy relacionados con la promoción de los deportes, las artes y la educación. Al provenir de una familia vinculada socialmente con las actividades físicas y recreativas, a Jeanette desde muy chiquita se la vio entre andariveles de atletismos, saltando vallas, con palos de hockey sobre césped en la mano durante sus tiempos de educación infantil en el Belgrano Girls School, haciendo equitación en los campos de su padre o hasta practicando esgrima como una espontánea instancia recreativa de sus juegos juveniles, pero finalmente se inclinó por la actividad que practicaban sus hermanas: natación. Y fue en el Belgrano Athletic Club, fundado en 1896, donde dio las primeras brazadas. Solo tenía 6 años, y ya se destacaba en la histórica institución porteña. 

"La criollita Jeanette"

Cariñosamente su padre se refería a Jeanette: “Esta es mi montañita (por su altura). La criollita de la familia”. Precisamente su segundo nombre, Morven, tiene raíces en la lengua gaélica, particularmente en la cultura escocesa y deriva de la palabra gaélica “mhorbhairne”, que significa “el gran pico” o “la gran colina”.

Y así, desde muy chiquita, esta “alta criollita” Jeanette, de impresionantes ojos celestes, muy pronto empezó a ganar competencias. Ya con 13 años ganó su primera competencia de menores. Para inmediatamente triunfar junto a su hermana Dorothy (quien además fuera campeona argentina) la carrera de posta frente al prestigioso Club Atlético San Isidro. Será por ese tiempo cuando abandonó el histórico “marón y oro” de Belgrano para empezar a competir en el “verde” Ferrocarril Oeste. 

Los triunfos nacionales e internacionales empezarán a multiplicarse obteniendo su primer campeonato argentino de 100 m con una marca de 1:18:6, batiendo el récord sudamericano. Luego en 1935 en el Sudamericano de Río de Janeiro volvería a destacarse superando el récord de América de Sur de los 100 m (1:08:0) y de los 400 m (5:47:8). También ganaría con el equipo argentino la posta 4 x 100 junto a Celia Milberg, Alicia Laviaguerre y Úrsula Frick.

Será en ese mismo año (1935) cuando adoptó la nacionalidad argentina pensando en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, a los que había clasificado en aquella competencia llevada a cabo en Brasil. Empezaba de esa forma a construirse una leyenda. Será Jeanette la nadadora que abrió la puerta del deporte argentino a la mujer. Por primera vez una mujer representaría al país en un juego olímpico. Sería la única dama en esa delegación que viajará a la sede alemana. Esa embajada deportiva estaba compuesta por 50 hombres, más algunos dirigentes (todos varones) y ella. De ahí en más la mujer argentina nunca faltará a las futuras citas olímpicas, salvo la excepción cuando Argentina no participó de los juegos de Moscú (URSS) de 1980 por el boicot promovido por una serie de países.

Los históricos días de Berlín

Nadie dudó jamás en considerarla en un adalid de la promoción del deporte femenino, y no solo fue la primera atleta argentina mujer en participar de un Juego Olímpico, sino que además obtuvo una medalla. Ganó su serie eliminatoria batiendo el récord sudamericano e igualando el olímpico con un tiempo de 1:06:8. Al otro día, la historia se repitió: ganó su serie semifinal y volvió a romper la marca sudamericana y la olímpica registrando 1:06:6, venciendo a la holandesa Willy den Ouden, quien había batido el récord mundial dos meses antes.

La carrera final comenzó con dificultades para la argentina. Sin embargo, pese a tener una largada complicada, pudo sobreponerse a la situación y llegó a liderar por momentos. Sin embargo, la campeona holandesa Hendrika Mastenbroek remontó pasada la mitad de la carrera y tocó la pared 5 centésimas antes que Campbell, quien marcó un tiempo de 1:06:4 para conseguir la primera medalla de plata en la historia del olimpismo femenino nacional.

El enorme legado de Campbell

Tras su regreso de Berlín, Jeanette continuó nadando y obteniendo títulos nacionales y sudamericanos. Su registro de los 100m libre en la final de Berlín permaneció imbatido a nivel sudamericano por 28 años. Pero además estableció 12 plusmarcas continentales, siete de campeonatos y más de una veintena de records nacionales. Sin embargo la Segunda Guerra Mundial la dejaría sin revancha en 1940. El dramático momento universal hizo que los juegos olímpicos no se realizaran.

Posteriormente, se enfocó en su vida familiar: contrajo matrimonio con su novio de siempre, Roberto Peper, quien también era nadador (participó en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932) y tuvo tres hijos: Inés, Susana y Roberto. Susana Peper, precisamente, tomaría su legado y se convertiría en una de las nadadoras argentinas más importantes de la década de 1960.

El resto de su vida estuvo llena de reconocimientos: fue abanderada de la delegación argentina en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 (obvio que honoríficamente, pues ya no competía), recibió el Premio Konex, fue distinguida en el Congreso de la Nación con el “Premio Delfo Cabrera” a su trayectoria e ingresó al Salón Internacional de la Fama de la Natación en 1991.

De todos modos, su logro en Alemania fue tan grande que durante todo el Siglo XX solo dos mujeres argentinas pudieron igualar su gloria y hacerse con una medalla olímpica: la atleta Noemí Simonetto en Londres 1948 y la tenista Gabriela Sabatini en Seúl 1988.

Falleció el 15 de enero de 2003 a los 86 años en el mismo barrio de Belgrano donde habitó toda su vida. Hoy aún, es una de las más grandes mujeres de toda la historia del deporte argentino. Indiscutidamente fue la pionera.