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Polémica por la rodillera gris de Djokovic: ¿rompió el código de vestimenta de Wimbledon?

Una rodillera gris del serbio fue eje de controversia en Londres. Tradiciones que datan de 1877 y se convirtieron en reglas y otros casos polémicos como los de Federer o Eugénie Bouchard.
Novak Djokovic y la razón de la polémica en Wimbledon. Foto: EFE
Novak Djokovic y la razón de la polémica en Wimbledon. Foto: EFE

Novak Djokovic se recuperó más rápido de lo previsto de la lesión en los meniscos de su rodilla derecha, sufrida en Roland Garros frente al argentino Francisco Cerúndolo, e hizo su aparición en una nueva edición de Wimbledon. En la primera ronda, el número 2 del ranking ATP, que el año pasado perdió la final del torneo frente a Carlos Alcaraz, venció al checo Vit Kopriva (123º) en sets corridos: fue un contundente 6-1, 6-2 y 6-2. Pero la mayor noticia no fue su nivel ni el resultado, sino su rodillera. Djokovic utilizó en la zona lesionada un vendaje color gris, que generó polémica y estuvo cerca de infringir las reglas de Wimbledon.

El color de su rodillera no pasó desapercibido para los televidentes, pero lo cierto es que tampoco para el propio Djokovic. Luego de su victoria ante Kopriva, le consultaron en conferencia de prensa por la controversial decisión y el serbio contestó: “Hablé con la presidenta antes de saltar a la pista y me dio luz verde, así que todo bien. Obviamente habíamos preguntado en los días previos para ver si tendríamos permiso. Créeme que hemos tratado de encontrar una rodillera blanca”. Además, el siete veces campeón en el All England se refirió a su colega Frances Tiafoe, que utilizó un vendaje negro en la primera ronda, y se justificó: “Creo que el gris es algo mejor, está más cerca del blanco. Sé que no es lo ideal y me gusta ir de blanco entero y respetar las reglas, pero me dieron permiso. Les dije que haremos todo lo que podamos para llevar una blanca en el próximo partido”.

Wimbledon tiene un largo y extenso código de vestimenta que fuerza a los tenistas a vestirse “casi completamente de blanco”. Según el torneo más tradicional del deporte, solo se permite una linea de color, “de no más de diez milimetros”, en el cuello, los pantalones, ls mangas o las gorras. Las zapatillas también deben ser lo más cercanas a absolutamente blancas. Pero un artículo excepcional salvó el pellejo de Djokovic; y es que el reglamento indica: “Los apoyos médicos y esa clase de material debe ser blanca si es posible, pero puede ser de color si es absolutamente necesario”.

Los matices de una larga tradición

En 1987 se jugó por primera vez Wimbledon (solo hombres; en 1984 lo jugaron además las mujeres). En aquella ocasión, 22 jugadores fueron invitados y todos se presentaron vestidos de blanco. Fue una casualidad, explicada dado que las clases altas solían vestirse de ese color y el tenis era un deporte de las élites. Desde entonces, el blanco comenzó a ser una recomendación, ya que además mitigaba los efectos (a la vista) del sudor de los tenistas. Hasta que en 1963 el consejo se convirtió en regla. Desde ese momento, la rigidez de la norma fue mutando. Primero, los jugadores debían vestirse “predominantemente de blanco”, pero en 1995 aquello se cambió por “casi absolutamente de blanco”. En 2004, se estableció que también los accesorios fuesen de ese color y que los logos de las marcas tuvieran el menor tamaño posible.

En primera ronda y nunca más: las zapatillas de Roger Federer en 2013.

En el Abierto Británico de 2023 el tenis femenino gozó de una importante y simbólica victoria. Finalmente, las mujeres fueron autorizadas para utilizar ropa interior de un color que no fuese blanco. Hasta ese entonces, muchas habían manifestado estrés cuando les tocaba competir durante su período de menstruación. “El Comité tomó la decisión de actualizar la regla tras las conversaciones con la WTA, los fabricantes de ropa y los equipos médicos sobre la mejor manera de apoyar a mujeres y niñas que compiten”, decía el comunicado emitido a finales de 2022 y escrito por Sally Bolton, directora ejecutiva del All England Club. “El blanco impoluto de arriba a abajo ha acabado. Esperamos que este ajuste de la norma ayude a las jugadoras a concentrarse únicamente en su desempeño al aliviar una fuente potencial de ansiedad”. Fue una nueva muestra de adaptación y permeabilidad de parte del torneo, que fluctúa entre el valor de la tradición y el deber de evolucionar desde hace décadas.

Casos rebeldes que incluyen a Federer

El espectador acostumbra a ver cómo los tenistas responden fielmente a lo impuesto por las normas de Wimbledon, pero no siempre ha existido la armonía entre competidores y directivos del torneo. El 8 veces campeón de Grand Slam André Agassi, conocido por su excéntrico look y sus ropas coloridas, se ausentó de la cita londinense hasta 1991 por no coincidir con su burocracia (en 1992 lo ganó). En 2018, la canadiense Eugénie Bouchard fue multada por utilizar un corpiño negro y al año siguiente, en una acto de rebeldía, entrenó con una ropa totalmente oscura: evidentemente, algo por demás prohibido. Y el caso tal vez más resonante involucró a Roger Federer. El suizo llegó a la edición de 2013 siendo siete veces campeón en el césped inglés, pero utilizó en sus zapatillas una suela naranja fluorescente y fue obligado a cambiarlas para su siguiente partido, en la segunda ronda.

Rebeldía total: Genie Bouchard entrenando, de negro, en Wimbledon 2019.