Historias

El insólito proyecto que no se concretó: jugar un Boca-River en las Malvinas en plena guerra

En abril de 1982 comenzó a gestarse la idea de un superclásico en las Islas Malvinas. La falta de información en pleno conflicto bélico, la tapa de la revista Goles y las frases de los protagonistas.

Lucio Cappellini
Lucio Cappellini martes, 2 de abril de 2024 · 17:00 hs
El insólito proyecto que no se concretó: jugar un Boca-River en las Malvinas en plena guerra
La tapa de la revista Goles con Eduardo Saporiti, defensor de River, y Carlos Córdoba, lateral del Xeneize, y el anuncio del proyecto para jugar un Boca-River en las Islas Malvinas, en plena guerra. Foto: revista Goles

Se cumplen 42 años de un día triste en la historia argentina. El 2 de abril de 1982, forzados por Leopoldo Fortunato Galtieri y el resto de los responsables del Proceso de Reorganización Nacional, miles de jóvenes se instalaban en las Islas Malvinas para hacer frente a Inglaterra y así se daba comienzo a una fugaz guerra que acabó con la vida de 649 soldados argentinos y 255 británicos. En medio de aquel conflicto, en un contexto de desinformación total e ingenuidad, el mundo del fútbol tuvo una insólita idea que, por suerte, no se concretó: jugar un Boca-River en las Islas.

El 25 de abril de aquel 1982 fue un día bisagra: comenzaron los enfrentamientos armados. Mientras tanto, a lo largo del país se disputaba una fecha muy especial para el fútbol argentino, con varios clásicos. Racing-Independiente, Rosario Central-Newell´s y Boca-River, entre otros. Como Gimnasia de La Plata estaba en la segunda división, Estudiantes enfrentó a un Quilmes que “ocupó” el lugar del Lobo. Cuando faltaban 10 minutos para el final de ese encuentro y el local vencía al Cervecero por 1-0, la voz del estadio del Pincha anunció la noticia más temida: el principio de los enfrentamientos en las Islas Malvinas

El 25 de abril de 1982 Boca y River protagonizaron un pálido 0-0 en la Bombonera. (Foto: Historia de Boca)

Juan Carlos Lousteau, árbitro de aquel duelo, detuvo el juego durante unos minutos, impactado por la información; aunque luego el partido retomaría su curso. Así es su recuerdo: “Cuando escuché eso por los altoparlantes, me impactó, perdí la concentración en el juego. Pensaba en esos pibes de 18 años que estaban peleando en las Malvinas y no podía seguir dirigiendo. Claro, los jugadores, con la adrenalina del partido, vinieron a pedirme explicaciones, sobre todo los de Quilmes, que iban perdiendo, pero les hice entender lo que pasaba: nuestro país entraba definitivamente en guerra”.

Paralelamente, se jugaba el clásico más popular de Argentina. Boca y River acabarían empatando 0-0, pero ese solo sería el pretexto para una idea delirante. Mientras en el sur del país los adolescentes más afortunados disparaban, no comían y se congelaban en lugar de morir, el gobierno de facto argentino comenzó a promover que se jugara un partido amistoso entre los dos equipos más grandes del territorio justamente allí, en las Islas Malvinas. El 27 de abril, en su edición número 1.739, la revista Goles publicó en su portada una foto de Eduardo Saporiti, defensor de River, y Carlos Córdoba, lateral del Xeneize, abrazados y con el título: “¡Superclásico en Malvinas!”. Detrás, la silueta de las Islas. Y dentro de la revista, el testimonio de varios involucrados.

La tapa de la revista que promovió el encuentro. (Foto: Goles)

“Sería un orgullo y una satisfacción enorme salir a jugar un clásico en las Islas, pisando un suelo que por tantos años soñamos que fuera nuestro”, sostenía Saporiti. “Nosotros tenemos la verdad y pienso que ese podría ser nuestro mejor aporte”, confiaba Cacho Córdoba. Goles estaba dirigida por el periodista Daniel Galoto, de vínculo cercano con Carlos Alberto Lacoste, el militar que en ese entonces se desempeñaba también como vicepresidente de la FIFA. 

¿El objetivo de la descabellada idea? “Ofrecer un matiz recreativo a los habitantes de las Islas y a los soldados argentinos que están allí convocados para defender nuestra soberanía”. El proyecto parecía tomar forma e increíblemente era apoyado por dirigentes, políticos y jugadores. “Posiblemente en los primeros días de la semana entrante ambos clubes concreten el ofrecimiento para montar así el gran espectáculo en las islas recientemente ocupadas”, aseguraba Goles.

La guerra terminó el 14 de junio, después de dos meses. (Foto: archivo)

Los mismos presidentes de ambos clubes fomentaron la iniciativa. Martín Benito Noel, el del Xeneize, consideró un “deber patriótico alegrar a nuestros valientes soldados”. Jorge Kipper, que presidía el Millonario, opinó: “Sería para mí una profunda emoción y alegría poder asistir a un partido River-Boca en las Islas Malvinas. Una forma de prestar servicios al país, y a la comunidad, consiste en apoyar totalmente la idea de llevar a los jóvenes argentinos que están en el Sur argentino ofreciendo sus vidas en defensa de nuestra soberanía, la realización de este siempre impactante partido”.

Por suerte, fue cuestión de tiempo para que la idea perdiera vigor. Durante varias semanas, la información que llegaba al país era adulterada. “¡Estamos ganando!”, aseguraban los medios. Pero pronto comenzó a saberse, de a poco, más sobre la verdadera situación. Y cuando eso sucedió evidentemente el disparatado superclásico quedó en la nada. El propio Saporiti recordó hace un tiempo aquella época y, a sus 65 años, reflexionó sensatamente: “En ese momento, para mí la idea era buena. Era darles una alegría a los jóvenes, a los soldados argentinos que estaban allá. Yo en ese momento tenía ganas de ir a jugar allá. Lo tomaba como un acto solidario. No se sabía todo lo que pasaba, lo que había detrás. No había información. Hoy, tantos años después, uno lo ve con otros ojos”. 

Archivado en