¿Adónde van a parar los superhéroes del amateurismo?
Diego Koltes camina en el patio de su casa. El estadio está casi en penumbras. En realidad, los reflectores de la cancha de baldosas siguen prendidos, pero hacen lo que pueden, con todo el esfuerzo de sus focos mediante. De la línea despintada hacia adentro, el legendario 13 de la Selección argentina, mendocina y del Jockey Club acaba de finiquitar su last dance y no hay lágrima que aguante tanta nostalgia.
Difícilmente sea tendencia en las redes sociales o portada de algún diario, no por el tamaño de su talento, ojo. Diego Koltes no será noticia porque juega al fútbol de salón, por más que su carrera sea digna de película. En la repisa descansan todos los títulos posibles a nivel de clubes y selecciones. Sí, K13 es, junto a Federico Pérez, los dos hombres de carne y hueso que lograron ganarlo absolutamente todo. Vaya, carrera.
Pero hace instantes, Diego Koltes pasó a ser un ex jugador. Godoy Cruz acaba de eliminar a Jockey en las semifinales del Clausura masculino, y con ese resultado, la carrera de una de las glorias del deporte en cuestión terminó de decir adiós tras casi 20 años de pasión y dedicación inagotable.
Si mira para atrás, los recuerdos se le caen encima. Hay un sin fin de partidos, torneos, entrenamientos y viajes inolvidables, y otros tantos que pasan de largo al golpe simple de la memoria.
Pero lo más jugoso de todo es que esa vida de cuasi profesional se mezcló durante dos décadas con la de un pibe que se recibió de Contador Público Nacional, que labura en ATM y que en sus horas libres inventó algún otro laburito extra para llevar un mango más a la casa (desde vendedor de autos hasta de alimento de perros).
Por eso, Diego Koltes es uno de esos miles de ejemplos de amateurismo. Un infiel de la vida que le tocó una doble rutina, la cual respetó a rajatabla durante una ponchada de años. De mañana, un laburante. Durante todo el día, un animal del futsal que arrancaba a las 6 de la mañana en el gimnasio, se iba en bici a trabajar, volvía para seguir con su rol de padre y esposo y terminaba de madrugada, apagando las luces del playón de Montes de Oca luego de entrenar para irse a dormir.
Lo pienso y me dan ganas de no ser jugador. O sí, porque ese Diego Koltes también es campeón del mundo, con su familia en la tribuna y un país emocionado, al menos en una minúscula parte que sigue al deporte, por la gesta en Misiones 2019. Es ese al que los chiquitos de cada provincia idolatran y esperan para una foto en cualquier rincón de Argentina. Es el goleador de todos los torneos que quiso, y es también, el que alguna que otra vez perdió los estribos y terminó con azul abajo de la ducha.
Diego Koltes es el Peter Parker que logró disimular durante 20 años su vida de superhéroe. Cobrando impuestos en ATM mientras su traje descansaba en el bolso. A veces de blanco, a veces de borravino, otras tantas de albiceleste. Ese disfraz que quedará colgado en su locker del camarín del club de su vida, mientras intenta disimular que desde hoy, post retiro, es un tipo común y corriente. Para siempre.