Poder decir adiós, es crecer
Poder decir adiós, es crecer... Y crecer es saber, también, cuando decir basta. Es poder hacer un análisis y sacar las conclusiones necesarias para tomar una determinación, por más dolorosa que sea.
Y el Cotón creció. Analizó la situación y, más allá de la calentura propia de la derrota, dijo "basta", poniéndole fin a una carrera exitosa que lo vio campeón mundial en tres oportunidades codeándose con la elite de las categorías bajas del boxeo.
Los dos títulos minimosca y el mosca de la AMB lo ponen, sin refutaciones algunas, en el pedestal del boxeo mendocino: fue el más ganador, protagonizó 16 peleas mundialistas y se mantuvo vigente, a pesar de sus 39 años, hasta el viernes por la noche.
Pero el cuerpo comienza a pasar factura: ya no somos los muchachitos soñadores que nos llevábamos el mundo por delante. Hoy la cabeza funciona de otra manera; los hijos y la familia comienzan a jugar un rol fundamental en nuestras decisiones y siempre la prioridad será el bienestar de todos.
Él mismo lo dijo: "Mis hijos (Joel y Nicolás) me pedían desde el año pasado que dejara de boxear". Y les cumplió, no en el tiempo que ellos lo requerían, pero lo hizo. Y lo hizo cuando se convenció de que no tenía más nada que demostrar, si ya lo había hecho todo.
Y ese todo es todo: desde que dejó la cosecha de la papa en Malargüe para sumarse al seleccionado nacional de boxeadores aficionados; yendo de punto, siendo ya profesional, a Córdoba y en el marco del Nocaut a las Drogas vencer al encumbrado venezolano Freddie El Indio Beleño (obtuvo el Fedelatin AMB de las 108 libras); hasta que cayó derrotado estrepitosamente contra uno de los mejores gallos del mundo como lo fue Donnie Nietes en los Estados Unidos.
Fueron 19 años en los que pasó de todo: el robo descarado en Francia en su segunda defensa del minimosca AMB (primer período como campeón) ante Ibrahim Asloum; el renacer después de un año y viajar a Cozumel, México, para vencer a Francisco La Chiquita Rosas y coronarse por segunda vez como monarca de las 108 libras; romper relaciones con el manager de toda su vida Osvaldo El Negro Rivero -con el tiempo se amigaron y volvieron a laburar juntos- y con Julio Pablo Chacón; volver a ser campeón de la mano de Mario Arano tras perder el título en los escritorios de la entidad con sede en Panamá; realizar defensas exitosas en una tierra como Japón (la vedette de las categorías bajas) donde otrora brillaron Pascual Pérez y Nicolino Locche; y posicionarse como uno de los mejores campeones mundiales que dio Argentina.
No es poca cosa. ¿Tiene algo para reprocharse? En absoluto.
Mirar para atrás y saber que lo que logró no es poco será la próxima meta en la vida de un Juan Carlos Reveco, quien a sus 39 años, ya descansa en el pedestal de los campeones mendocinos junto a Pascualito Pérez; Nicolino Locche; Hugo Pastor Corro; Julio Pablo Chacón; Yésica Marcos; y Jonathan Víctor Barros.
De eso se trata crecer: de mirar atrás y ver todo lo que se logró, más allá de la angustia del momento.
¡Chapeau, campeón!


