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¿Alguna vez aprenderemos a cerrar la boca? Yo me equivoqué y pagué

Pasó una semana de la consagración argentina en Qatar y, luego de la euforia e idolatría para quienes lo consiguieron, vale hacer una autocrítica por hablar antes de tiempo. Al menos así lo pienso yo...

Qué semanita. Es la primera vez en mi extenso tiempo dentro de los medios de comunicación que disfruté y sufrí una Copa del Mundo. Esa derrota con Arabia Saudita nos unió a todos y, más allá del temor por el hecho de que Lionel Messi se queda sin su recompensa tan temprano, ese golpe hizo más fuerte a un plantel que pese a sus 36 partidos invictos, la obtención de la Copa América y Finalissima, que llegó con algunas críticas que volvieron a aparecer tras ese debut fallido en Qatar. 

Seamos sinceros, nadie creyó en este proyecto desde el principio. Hoy, en las redes sociales, cientos o miles usuarios arman videos mostrando todo lo que se dijo en las diferentes señales deportivas sobre Lionel Scaloni cuando asumió o luego de las duras derrotas sufridas ante Venezuela (1-3), en marzo de 2019 y Colombia (0-2), en la Copa América de ese mismo.

Leo y Scaloni con su merecido premio.

Pero estoy seguro de que muchos de esos que ahora se suben a la "Scaloneta" pensaron igual. Y está bien, sobre todo por la manera en que se había dado su llegada al cargo. Scaloni había sido parte de un cuerpo técnico, encabezado por Jorge Sampaoli, donde cada uno decía una cosa diferente y terminó con una dura eliminación de la Selección argentina ante Francia en Rusia 2018. 

La diferencia es que nosotros lo que pensamos, lo plasmamos en una nota, en un video o en una radio, entonces queda registrado y la ligamos. De igual manera, uno se acostumbra y así como en su momento se lo criticó, es bueno aceptar que nos podemos equivocar. De hecho, yo me equivoqué. No le tenía mucha fe. Me dolía mucho por Leo, porque había dicho que era el último suyo y no quería que su imagen con la cabeza gacha o llorando le dé de comer a quienes están esperando agazapados algo para pegarle o para tildarlo de "pecho frío", como muchos argentinos que en su momento lo dijeron y ahora se lo tatúan. 

Por eso el título de esta opinión, columna o pensamiento es si alguna vez aprenderemos a quedarnos callados o simplemente a no juzgar hasta tener los argumentos suficientes para dar a conocer una idea o punto de vista. Lamentablemente está en nuestra esencia ser así, en querer que todo pase ya, en guiarnos por un resultado sin reconocer que el tiempo de trabajo puede ser poco para realizar un juicio de valor sobre un entrenador, jugador o equipo.

Ya se hizo larga la catarsis así que, como dijo el Diego en su despedida del fútbol aquel 10 de noviembre -justo el día de mi cumpleaños- me equivoqué y pagué. Y seguramente me volveré a equivocar. Pero deseo que cuando me vuelva a pasar, el final sea el mismo. Perdón, Scaloni