Patinaje cósmico: ¿De qué parquet viniste?
Los brazos en alto y el grito en el cielo. Fernández se cayó de la guía para anotar las nueve letras de su apellido en la historia enorme del hockey sobre patines argentino. Su doblete depositó a Las Águilas en un vuelo interminable para descasar en la cima del planeta, a ese lugar de privilegio al que llegan solo los elegidos.
Y entre tanta fiebre futbolera por esto de Qatar, entre tanto encontrar comparaciones hasta en la sopa, lo de Fernández es un poco Maradoneano. Por algunas cosas o en realidad por varias muchas cosas: por lo albiceleste de su patriada, por los goles fundamentales durante todo el campeonato y por darle al país una alegría en medio de tanto caos.
El Cantoni también, porque es un templo en esto del hockey sobre patines, algo asi como el Azteca por lo emblemático, por ese rótulo de ser escenario testigo de un partido memorable con un argentino amortiguando todos los flashes. Inglaterrra no está en el camino. Enfrente está España, nuestra Alemania en este deporte, el dominador absoluto, ganador de las últimas tres ediciones. No hay Mano de Dios, tampoco la apilada histórica, pero si está el doblete que desata la euforia y encamina la historia hacia la eternidad, a ese olimpo de oro reservado para unos poquitos.
Ahí está Julieta Fernández desde hoy. Cuatro goles a Alemania en la segunda fecha y un doblete a Colombia en la tercera jornada para cerrar una primera fase on fire. En el mata mata, su olfato goleador seguiría implacable: cuatro a Francia en cuartos de final y tres a Portugal en semis. Doce tantos de antesala para lo mejor, para la entrega final con ese grito por duplicado.
Hay una coincidencia más en este paralelismo con el eterno Diez: para Fernández también es el primer campeonato del mundo que gana tras algunas ediciones esquivas, siendo ambos figuras indiscutidas en esa rotura de sequía. Mientras ella llora con los labios pegados en la copa no hay otra que agradecerle. Sí, gracias por estas lágrímas, por este Argentina tres, España cero.
