Turf: Gran Premio Jockey Club, el día de la barbarie
El turf argentino asistió ayer a una de sus páginas más olvidables. Lo que estaba anunciado como una gran fiesta, terminó siendo un papelón. La disputa del Gran Premio Jockey Club, en el Hipódromo San Isidro, es una de las citas más destacadas del turf de nuestro país. La prueba es una de las más viejas y respetadas del calendario y ayer además se celebraban 140 años de la fundación del Jockey Club. La realidad es que estaba todo dado para ofrecer un evento de relevancia internacional. Incluso la nómina de anotados tenía en gateras a El Musical y Natán, dos de los mejores representantes de la nueva generación.
El primero venía de ganar el Gran Premio "Polla de Potrillos" y el segundo había sido su escolta. Hasta aquí, todo perfecto. Pero todo lo que ocurrió después será difícil de explicar. En la pista había ganado El Musical por media cabeza a Natán. El vencedor vino enseñando el camino desde el vamos y mostrando toda su guapeza. Pero a los minutos de haber cruzado el disco se elevó la bandera de reclamo por parte del jinete Adrian Gianetti (Natan) contra su colega Juan Cruz Villagra (El Musical).
En ese momento, la Comisión de Carreras del Hipódromo recurrió al VAR del turf. Lo cual es tan simple como ver el video de la carrera, desde distintas cámaras, y decidir si hacer caso o no al reclamo del jinete de Natán. El reglamento indica que un caballo debe ser distanciado cuando:
- 1) Moleste a otro dificultando su libre acción ocasionando molestias de gravedad.
- 2) Cuando un caballo corte la línea seguida por un adversario, sin tener por lo menos un cuerpo luz de ventaja, provocando molestias de gravedad.
Incluso hay una recomendación internacional que sugiere que se debe intentar determinar si el caballo que sufrió la molestia podría haber ganado sin ella. Y justamente Natán perdió por media cabeza, o sea que estuvo muy cerca de la victoria. La realidad es que las cámaras indican (sobre todo una cámara de atrás) que los caballos arrancaron a luchar muy cerca de la empalizada y terminaron casi en la mitad de la cancha. Con esto queremos decir que El Musical fue abriendo a Natán con el claro fin de cortar su atropellada. Y luego sólo pudo vencerlo por media cabeza.
Pero más allá de nuestro idea o criterio sobre las carreras, lo inobjetable es todo lo que sucedió después. Desde nuestro lugar recalcaremos que la Comisión de Carreras de un hipódromo es la máxima autoridad de este tipo de decisiones y que las misma deben ser respetadas. Nadie que no comprenda esto podrá ser parte de la estructura del turf. Por ende, la no aceptación de un fallo no justifica destrozos, violencia y disturbios generalizados.
Cuando la Comisión de Carreras decidió distanciar a El Musical (entendiendo que había molestado a Natán) sus propietarios y allegados desataron una verdadera batalla campal. Algo inédito para un deporte que conoce poco de violencia. Ayer San Isidro vivió escenas muy tristes, que hoy por desgracia desfilan en los medios de comunicación de Argentina y el mundo.
Las decisiones y las reglas en el turf, se determinan para ser aceptadas. Quienes no estén de acuerdo con criterios y reglamentos deberán “dedicarse a otra cosa”. Por fortuna el turf no es una cancha de fútbol y la institucionalidad de este deporte no permitirá que este tipo de actos vuelvan a repetirse. A última hora de ayer y en claro repudio a lo sucedido la Comisión de Carreras (con buen tino) decidió suspender provisionalmente a la caballeriza Mamina y a sus allegados (la gente de el caballo El Musical).
GRIETA
Desde nuestro lugar tampoco aceptaremos la teoría de los "poderosos" versus los más pequeños. Las redes sociales han sido parte, en las últimas horas, de una grieta (clásico de este país). Allí muchos aficionados aducen que El Musical fue distanciado en beneficio de Natán por todo lo que este último significa para el turf (pertenece a una destacada caballeriza como Las Monjitas y está al cuidado del exitoso Carlos Daniel Etchechoury). Tampoco avalamos esta perspectiva. Y tampoco nos parece adecuado que este país continúe viviendo en un eterno Boca-River (en todos los contextos y escenarios).
Seguramente lo de ayer en San Isidro sea el fiel reflejo de lo que es hoy Argentina como sociedad. Una sociedad donde las instituciones no son respetadas en absoluto (hoy cualquiera se ríe o desautoriza hasta al propio Presidente de la Nación). Y así el país continúa sumergido en una nube gris de la cual seguramente nunca podremos salir. Todo eso que soñamos para nuestros hijos, nunca llegará si continuamos con esta decadencia…

