Te dejaron solo, Morro, pero no en el área

Te dejaron solo, Morro, pero no en el área

Si bien ya tenía una extensa carrera, en 2016 arribó al Tomba prácticamente como un ignoto para la mayoría del pueblo bodeguero, que no tardaría en enamorarse a primera vista.

Ariel Fernandez

Ariel Fernandez

“Te torcieron el brazo

Y no bajaste más ni a la vereda

Nuestras pasiones cansadas

Entristecen a esta era que acaba

Sola en tu guarida

Sos el secreto de una ciudad perdida

Quiero cantarte para no olvidarte

Un día y por siempre…” BV.

Santiago García era un pibe, de 30 años. Que jugaba al fútbol como los dioses. Que definía frente al arquero como solo él podía hacerlo. Que era gracioso. Buen tipo. Que lo único en la vida que tenía al alcance de la mano era Godoy Cruz, “su lugar en el mundo”, como muchas veces le gustaba manifestar.

Si bien ya tenía una extensa carrera, en 2016 arribó al Tomba prácticamente como un ignoto para la mayoría del pueblo bodeguero, que no tardaría en enamorarse a primera vista. Goles y carisma, la combinación perfecta para que Santiago García comenzara a hacer historia y se convirtiera en poco tiempo en ídolo y en el máximo goleador de la institución en Primera División. 

Estaría de más seguir hablando de las cualidades futbolísticas de un jugador que terminó siendo no solo referente de un equipo, sino también querido por el mundo del fútbol. Sobra con decir que el Morro era de esos tipos que unían la grieta.

Y cuando uno se pone a pensar que el mejor de todos pasaba sus días encerrado en Mendoza mientras todos sus compañeros hacían la pretemporada en Puerto Madero, todo duele aun más. 

Esta claro que las decisiones que se toman en torno a lo futbolístico, desde el lado que sea del club, son irrefutables. Pero acá no se apreciaba una situación normal y plenamente futbolística. El daño, que solo él sabía, venía de hace mucho y no tenía que ver con su profesión. Pero, en el último tiempo, las marginaciones y el “ninguneo” mediático de algunos inmemoriosos terminaron de romper el único sostén que le quedaba sano, aquel que el siempre le mostraba a todos, su Godoy Cruz. Son situaciones en las que no basta un sin número de profesionales si se sigue estando solo. Al Morro había que ayudarlo, de alguna manera, acompañarlo. Esta vez la soledad, que él tanto buscaba en el área, terminó dejando en offside a todo el fútbol argentino. 

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