Quizás, a partir de hoy, todos seremos un poco "maradonianos"

Quizás, a partir de hoy, todos seremos un poco "maradonianos"

Este 25 de noviembre también es un día triste para quienes no amábamos a Diego a ciegas, pero que entendimos siempre la magnitud de su figura.

Juan Andrés Tuzzi

Juan Andrés Tuzzi

No soy "maradoniano". No amé desaforadamente a Maradona. No enloquecí con cada frase. No me puse siempre en la vereda de Diego a ciegas. Enfurecí con su costado político.

Hoy lloré. Hoy me emocioné. Hoy sentí que tengo un costado maradoniano. Hoy sentí que quizás en algún punto lo amaba. Hoy me di cuenta las veces que me emocioné con su figura. A pesar de todo. 

Nací en 1982. Diego ya era Diego. Maradona ya había pisado el césped del estadio de mi querido Atlético Club San Martín (21 de septiembre de 1980 con la camiseta de Argentinos Juniors, en el Nacional de aquel año). Se convirtió en leyenda en 1986 en México. Yo tenía tan sólo 4 años.  

Maradona, frente al Chacarero en el Este.

Quizás llegué tarde. Quizás me negué a ser fanático de alguien al que vi poco, al que disfruté poco. En Italia 90, ya con casi 8 años, empecé a ver más allá y entendí bastante todo lo que generaba. Pero no fue suficiente. No viví sus momentos épicos en carne propia, y eso, quizás, en mi no generaba lo mismo. No logré nunca ser "maradoniano".

Pero siempre supe perfectamente quién era Diego Armando Maradona. Y, aunque me negara a aceptarlo, me emocionó una y mil veces. Diego fue el futbolista y el fenómeno popular. El controvertido, el polémico, el contradictorio y el, a veces, odiable. Todo eso, en parte, también lo convirtió en leyenda. Por eso también es Maradona. Sino sería un mortal más que sólo sabía jugar a la pelota mejor que el resto. Bastante mejor. 

Me permití pasar horas viendo sus mejores goles, sus entrevistas, escuchando sus frases polémicas, homenajes e, incluso, algún que otro documental. Y, por supuesto, me emocioné con las canciones de Los Piojos, de Rodrigo, de Manu Chao. Incluso, sin ser "maradoniano". 

No me gustaría estar en la piel de los que lo amaron a ciegas, aunque quizás, a partir de hoy, todos seremos un poco más "maradonianos". 

Hasta siempre, Diego.

 

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