La violencia en el fútbol y la necesidad de que alguien se ponga los pantalones
Barras de un club que se enfrentan con barras de otro club, facciones de una misma barra que resuelven sus negocios a los tiros, barras que aprietan al presidente de un club porque les cortó los “privilegios” y el colmo, policías que deciden disparar y lanzarle piedras a hinchas de un equipo por ser de otro provincia (aunque este es otro tema). Parece todo sacado de una pésima novela de terror, pero es la realidad que vive nuestro fútbol.
Javier Cantero, presidente de Independiente electo a finales de 2011, ha emprendido una lucha contra la delincuencia organizada de nuestro deporte: los "barras". La decisión de terminar con los privilegios del grupo más violento de los hinchas del Rojo le costó al mandatario del Diablo un apriete en su despacho y la amenaza permanente sobre su vida, su familia y sus intereses económicos.
¿Nadie sabe que extorsionan a las personas que estacionan en las canchas?¿Nadie sabe que venden las entradas “de favor” y entran luego de “hablar con la policía”?¿Nadie sabe de qué viven y por qué pueden recorrer el país mientras el resto labura?¿Nadie sabe que no los requisan en el ingreso del estadio? Parece que no.
En conclusión, la cruzada de Javier Cantero es valiosa por su valentía, pero la soledad en la que pelea es la demostración cabal de que hay mucha gente en este ámbito que no quiere que la violencia termine. Esto es en términos de la violencia organizada, para el otro tipo de violencia, la de los desequilibrados individuales y anónimos que creen que se puede insultar a un jugador porque pagó una entrada o escupirlo o tirarle algo y en algunos casos orinarlo; para estos la solución es mucho profunda.