Marcela Alluz: "El feminismo también salva a los hombres de mandatos agobiantes"

Marcela Alluz: "El feminismo también salva a los hombres de mandatos agobiantes"

En su novela ‘Mal de muchas’, la escritora santiagueña aborda la compleja relación de una hija con su madre, un choque de generaciones donde el ‘deber ser’ femenino atraviesa pautas sociales, culpas y ambigüedades, cuestiones reflejadas en aquellas mujeres que buscan romper paradigmas para sanar y escapar de las trampas impuestas por un sistema esencialmente patriarcal y rígido.

En Mal de muchas (Editorial El Ateneo) la escritora santiagueña Marcela Alluz aborda la compleja relación de una hija con su madre, un choque de generaciones donde el ‘deber ser’ femenino atraviesa pautas sociales, culpas y ambigüedades, cuestiones reflejadas en aquellas mujeres que buscan romper paradigmas para sanar y escapar de las trampas impuestas por un sistema esencialmente patriarcal y rígido.

Margarita es una mujer de mediana edad que tras vivir diez años con su pareja Nacho, decide volver a la casa de su madre. La relación entre ambas siempre fue complicada y plagada de desencuentros y conflictos que aún persisten pese a la convivencia forzosa. En medio, la protagonista redescubre un antiguo amor de la adolescencia y vive sus emociones con cierta intensidad, entre el enojo, la melancolía y la culpa en defraudar a su progenitora y, al mismo tiempo, no poder vivir su propia historia.

Alluz, que además es psicopedagoga e integra el Forum Infancias, un movimiento que lucha para despatologizar infancias y adolescencias, aborda en sus textos las relaciones familiares, el desarraigo y la nostalgia desde una mirada particular que alterna lo femenino y lo social. Su pasión por la literatura la descubrió en Borges y hoy busca convertirla en su principal sustento de vida: “Sueño que la escritura sea mi profesión”, confiesa a MDZ.

- Margarita y su madre atraviesan una relación de amor-odio marcada por las diferencias generacionales ¿Qué hace a la protagonista rechazar tajantemente las actitudes de su progenitora y, a la vez, hacerla tan dependiente de ella?

- Hay varios motivos para el rechazo de Margarita con algunos gestos de su madre. Y si, son tajantes, vehementes, sobre todo a la hora de poner en cuestión mandatos sociales. La madre le recrimina no adaptarse a las normas sociales de su época, es decir a las suyas, creyendo que al hacerlo Margarita sería feliz, pero en realidad, su deseo pasa por tener una hija adecuada y “normal”, que cumpla las pautas que exige un sector de la sociedad. Allí es donde Margarita planta bandera, y más allá de sus ambigüedades, pone en juego su deseo y se escapa de la trampa que le tienden las buenas intenciones de la madre.

- También habla sobre su anterior pareja y cómo decidió terminar ese vínculo donde las expectativas fueron perdiéndose paulatinamente ¿Puede entenderse como una frustración y desesperanza hacia el otro?

- Hay singulares maneras de vivir el amor. Si hubo frustración y desesperanza es con otro puntual. Con ese otro que Margarita deja agobiada por el amor cuando se desvanece. Ella no lo generaliza ni siente que le pasaría lo mismo con otra pareja. Sólo decide alejarse cuando deja de funcionar esa relación que le produce más penas que gloria.

- La culpa es un elemento potente en la novela y que afecta a muchas mujeres por igual ¿Es un sentimiento transmitido por mandato familiar o hay además una matriz más social y profunda?

- Podríamos decir que tiene ingredientes de los dos lugares. Margarita expresa una culpa que la embarga porque el amor a la madre la hace sentir, en ocasiones, que dejándose ser ella misma la defrauda a la madre. Y en ese mismo desencanto se sale de la matriz social, porque lo familiar ancla en lo profundo de lo social, en el estereotipo de un deber ser. Un deber ser femenino que en la protagonista muta a feminista.

- Justamente la narración es atravesada por una mirada feminista que tensa las convicciones del pasado con el nuevo camino del presente ¿En qué grado esa visión está influyendo en las mujeres, especialmente las más jóvenes?

- Es un atravesamiento hondo y sin vuelta. Es un planteo de una vida más amable y una visión compañera de la misma. Se rompen moldes como el del amor romántico para dar lugar a un planteo de parejas sin violencias ni machismos, desde la libertad de quien elige estar junto a alguien y zafa del ‘Hasta que la muerte nos separe’. Creo que el feminismo es un modo de vida que también salva a los hombres de aquellos mandatos agobiantes donde se los ubica como machos proveedores, duros y recios que no lloran. Y es indudablemente en la juventud, donde la resistencia a conservar viejos moldes se hace más fuerte.

- Con 'Mal de muchas' llevás publicadas cuatro novelas, además de un libro de relatos llamado 'Brasas' que editaste hace poco. ¿Cómo descubriste tu pasión por la escritura y qué esperás para el futuro?

- Descubrí realmente la pasión por la escritura en la infancia. Siempre recuerdo que fue a través de la lectura de un cuento de Borges por mi maestra de segundo grado, que quedé fascinada por 'El Cautivo'. Y es maravilloso lo que se puede asociar entre el nombre del cuento y lo que cautivó en mí. Si hay un momento de la vida en donde puedo situar mi enamoramiento de la Literatura es ese. Para el futuro sueño que la escritura sea mi profesión y dedicarme a ella por completo.

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