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Los aires sanjuaninos siempre le sentaron bien a Charly García. Pero, el pasar de los años también afectó esa magia.
Anoche, subió al escenario a las 0.15 y se fue del mismo a la 1, para no subir nunca más y dejar a unas dos mil personas con un nudo en la garganta.
Que García es un genio musical, nadie lo duda. Sólo aquellos a los que les interesa más el personaje que el artista son los que pueden llegar a poner en discusión este ítem, pero no afectan. Es más, nunca afectaron a Charly esos comentarios.
Así, durante más de tres décadas, el músico fue dándole vida al rock argentino, llenando sus páginas de sonidos clásicos y modernos, de letras irónicas y mordaces, de actuaciones memorables y desafíos increíbles.
Ese fue Charly García.
El que estuvo en San Juan y que esta noche estará en Mendoza es tan sólo un retazo, del que quedan genialidades, que sin lugar a dudas siente el paso del tiempo.
Cuando bajó del escenario de “Hugo Espectáculos”, entró a su camarín y pidió “muchas chicas”, como condición para volver. Así, cuanta dama pasaba por la zona entraba a la carpa con dos misiones concretas: una, pedirle a Charly que volviera a subir a escena; dos, escuchar la seguidilla de cuentos con los que el bigote bicolor “deleitaba” a su platea. De no creer, pero el único “rock star” de la Argentina se contenta contándole cuentos de Jaimito a sus fans…
Así es el García 2008.
Este periodista lleva muchos años compartiendo recitales y viajes con el músico. Así como Mendoza lo exacerba, saca lo peor de su interior -¿será por algo en especial que tenemos los mendocinos?-, San Juan lo apacigua. El mismo se da cuenta de ese detalle y hasta se anima a cambiar la letra de una de sus canciones para decir “De chiquito siempre fui sanjuanino”. Y es precisamente en esa provincia donde García mostró sus páginas musicales más destacadas. Sin ir más lejos, en plena prueba de sonido hizo versiones como “Popotitos” que tendrían que ser recordadas por siempre; o que en pleno show reviviera el “Blues del levante” –del legendario Sui Generis- animándose a cambiar la letra y criticar a Tinelli, Pergolini y Suar. Pero todos estos años tratando de reflejar las ocurrencias y peripecias de un genio permiten sacar una conclusión: el final está cerca.
Charly ya no tiene mánager. El atiende el teléfono y arregla las condiciones de sus presentaciones (de película: al último lo echó por “desorganizado”). Viaja escuchando su disco y cantando sus canciones –tal como sucedió ayer, cuando se bajó de la limousina que lo llevaba a la vecina provincia y se cambió a una camioneta sólo por el hecho que a la limo no le funcionaba al stereo-. Y muestra, a cada instante, esos rasgos típicos de los genios, los que están atrapados en su mundo. A saber: un excesivo celo en el sonido del show y después cantar sólo 40 minutos; repartir su catering –salvajemente- entre la gente que estaba en la primera fila; exigir una cama en el escenario para “descansar”; viajar con una joven para que lo contenga en los malos momentos; y otras más.
Charly García será recordado por siempre, algo que él mismo afirma: “Nadie se acordará de Cristina en algunos años, pero si se van a acordar de mí”. Nada más cierto que eso. Pero también es verdad que, hoy por hoy, ese recuerdo por aquel músico maravilloso comienza a tener más fuerza porque su presente no es el mejor.
Esta noche estará en Cacano y, seguramente, será otra historia.
Será bueno que la sigamos mañana.