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Una miniserie de Netflix para ver en dos días: atrapante y fantástica

Esta miniserie nos presenta un mundo fascinante, pero inquietante. A través de su mirada crítica, nos recuerda que no todo avance garantiza la felicidad.

En la plataforma de Netflix, “Ad Vitam” figura como una historia impactante. Lista para ser disfrutada en solo dos días o menos. La serie, compuesta por seis capítulos, mezcla lo policial y lo filosófico, pues plantea una realidad distópica donde no existe el envejecimiento. 

Este avance tecnológico ha transformado la existencia, y genera tensiones entre generaciones, que buscan entender la misma vida. El protagonista principal, un policía de 120 años que se acerca al retiro, convive con las consecuencias de un mundo eternamente joven. 

El avance no es sinónimo de felicidad.

Sus investigaciones lo llevan a un caso estremecedor: el último suicidio masivo de adolescentes, un acto que exponen el vacío existencial de quienes no encuentran propósito en la inmortalidad prometida. A su lado, una joven sobreviviente de esa tragedia aporta una perspectiva que desafía las estructuras establecidas.

La trama se desarrolla en un contexto donde la juventud eterna no significa felicidad universal. Las personas adultas, al conservar la apariencia de veinteañeros, perpetúan una idea de perfección superficial. Sin embargo, esa perfección se ve amenazada por quienes buscan rebelarse ante un sistema que ignora las implicancias éticas de vivir para siempre. La ausencia de ancianos no solo altera los lazos familiares, sino que también elimina figuras históricas que podrían guiar con su experiencia.

Desigualdad y resentimiento.

A medida que la investigación avanza, la relación entre los protagonistas adquiere profundidad. Ambos cargan con ausencias que los han marcado profundamente. Para la policía, el tiempo parece haber sido detenido, pero no logra escapar de las heridas de su pasado. Por su parte, la joven enfrenta el dolor de perder a quienes compartieron su rebeldía, siendo testigo de cómo la sociedad reprime cualquier intento de cuestionamiento.

Las reglas del mundo representadas en “Ad Vitam” están diseñadas para favorecer a quienes controlan los recursos necesarios para la juventud eterna. Este privilegio no es universal, lo que deja a muchos fuera del sistema, al generar desigualdad y resentimiento.