Un estudio reveló que el ejercicio intenso y corto puede reducir los ataques de pánico
Una investigación con adultos diagnosticados con trastorno de pánico encontró que el ejercicio intermitente de alta intensidad redujo con más fuerza los síntomas que una técnica clásica de relajación.
Los especialistas recomiendan el ejercicio como una terapia para bajar el pánico.
Fuente: IA Gemini.No siempre la salida aparece en lo más previsible. En el tratamiento del trastorno de pánico, donde durante años dominaron la terapia cognitivo-conductual, la relajación guiada y, en algunos casos, la medicación, un nuevo estudio puso sobre la mesa una alternativa distinta: usar el cuerpo con ejercicio intenso para entrenar a la mente.
Lejos de plantearlo como un complemento menor, un ensayo clínico mostró que el ejercicio intenso, breve e intermitente puede convertirse en una herramienta eficaz para disminuir tanto la frecuencia como la gravedad de los ataques de pánico.
Un ensayo que comparó dos caminos
La investigación fue liderada por la Universidad de São Paulo junto con otros centros especializados y trabajó con 102 adultos con diagnóstico de trastorno de pánico. Durante 12 semanas, los participantes fueron divididos en un diseño controlado y aleatorizado para comparar dos abordajes distintos. De un lado, una técnica de relajación muscular localizada, habitual dentro de la terapia cognitivo-conductual. Del otro, una rutina de ejercicio intermitente de alta intensidad pensada como forma de exposición interoceptiva, es decir, una estrategia que busca familiarizar al paciente con las sensaciones corporales que suelen disparar el miedo.
Los resultados, publicados en Frontiers in Psychiatry, inclinaron la balanza hacia el segundo grupo. Aunque ambos tratamientos generaron mejoras, quienes realizaron actividad física intensa mostraron una caída más marcada en los síntomas de pánico, ansiedad y depresión. La diferencia no fue menor: también descendieron con más claridad la frecuencia y la intensidad de las crisis.
Por qué el ejercicio puede ayudar
El punto central del estudio está en cómo actúa esta modalidad. El protocolo incluyó estiramientos, caminata, carreras cortas de alta intensidad y pausas de recuperación activa. Ese esquema reproduce, en un entorno seguro y controlado, varias de las sensaciones físicas que suelen aparecer durante un ataque de pánico: taquicardia, respiración agitada, sudoración o tensión corporal. En lugar de evitar esas señales, el tratamiento propone aprender a convivir con ellas sin interpretarlas automáticamente como una amenaza.
Ahí entra en juego la llamada exposición interoceptiva. Tradicionalmente, este enfoque se trabajó con ejercicios como hiperventilación voluntaria o giros en silla, diseñados para provocar síntomas similares a los del pánico dentro del consultorio. Lo novedoso de este trabajo es que traslada esa lógica al ejercicio físico y la vuelve más natural, más cercana a la vida cotidiana y, según los autores, también más atractiva para los pacientes.
Menos síntomas y efectos más duraderos
Los participantes fueron evaluados con la Escala de Pánico y Agorafobia (PAS), una herramienta clínica internacional utilizada para medir la gravedad del trastorno y el impacto funcional que provoca. Además, se aplicaron otros cuestionarios de salud mental y el seguimiento se extendió hasta 24 semanas después de terminada la intervención. Ese dato también resultó relevante: la mejoría no solo fue más intensa en el grupo que hizo ejercicio, sino que además se sostuvo durante más tiempo.
Los autores destacan que esta persistencia refuerza la idea de que los métodos activos pueden generar una implicación mayor en el tratamiento. De hecho, quienes participaron de la rutina física expresaron niveles más altos de satisfacción y preferencia que quienes hicieron relajación. En otras palabras, no solo funcionó mejor: también resultó más aceptable.
Una alternativa accesible para sumar al tratamiento
El estudio no plantea reemplazar de forma automática los tratamientos ya conocidos, sino ampliar el abanico terapéutico. El trastorno de pánico suele abordarse con terapia cognitivo-conductual y, en ciertos casos, con antidepresivos. Pero esta evidencia sugiere que el ejercicio intenso y breve podría integrarse como una herramienta eficaz, de bajo costo y con potencial para aplicarse incluso fuera del ámbito clínico.
Uno de los investigadores, Ricardo William Muotri, remarcó que este tipo de exposición puede acercarse más a la experiencia real del paciente y no necesita quedar limitada al consultorio. En contextos donde los recursos de salud mental son escasos o donde cuesta sostener tratamientos convencionales, esa posibilidad cobra un valor extra. El mensaje del estudio es claro: frente al pánico, moverse también puede ser parte de la respuesta.