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Argentina introdujo 20 castores para crear una industria y 80 años después transformaron Tierra del Fuego

Argentina liberó apenas 20 castores en Tierra del Fuego en 1946. La especie se multiplicó y terminó modificando bosques, ríos y enormes extensiones del sur.


Una decisión tomada hace ocho décadas terminó provocando una de las invasiones biológicas más importantes del extremo sur del continente. En 1946, Argentina introdujo 20 castores provenientes de Canadá en Tierra del Fuego con la intención de desarrollar una industria peletera. El proyecto comercial no prosperó, pero los animales sí lo hicieron.

Los castores fueron liberados en una región que ofrecía condiciones casi perfectas para su expansión: abundancia de agua y madera y, especialmente, la ausencia de los grandes depredadores que regulan sus poblaciones en América del Norte. Con el paso de los años comenzaron a ocupar ríos, arroyos y bosques fueguinos hasta extenderse también hacia territorio chileno.

De 20 animales a miles de diques

El impacto puede medirse desde el espacio. Un relevamiento realizado sobre la porción argentina de la Isla Grande de Tierra del Fuego identificó 70.682 diques construidos por castores, con una longitud acumulada superior a los 2.300 kilómetros. Esas estructuras inundaban al menos 87 kilómetros cuadrados de territorio.

Pero el problema es todavía mayor cuando se analiza todo el archipiélago. Una investigación del CADIC-CONICET registró 206.203 diques de castor entre Argentina y Chile mediante imágenes satelitales. Del total, 100.951 estaban del lado argentino y 105.252 del chileno.

Investigadores contabilizaron más de 100.000 diques del lado de Argentina y más de 200.000 en todo el archipiélago fueguino.

La expansión comenzó precisamente en la Isla Grande, donde Argentina había realizado la introducción original. Actualmente los castores se encuentran distribuidos en diferentes ambientes fueguinos y han demostrado capacidad para sobrevivir no solo en bosques, sino también en zonas de estepa, tundra y sectores de montaña.

Por qué los castores pueden destruir el bosque

El principal problema no es solamente la cantidad de animales, sino lo que hacen para modificar su entorno. Los castores cortan árboles y utilizan troncos y ramas para construir represas sobre ríos y arroyos. El agua comienza entonces a acumularse detrás del dique y termina inundando el terreno que lo rodea.

Ese mecanismo, completamente natural en América del Norte, genera consecuencias mucho más graves en Tierra del Fuego. Los bosques australes evolucionaron sin la presencia de castores y especies como la lenga, el guindo y el ñire no están adaptadas a esas inundaciones prolongadas. Los árboles mueren y el ambiente que queda después puede ser muy diferente del bosque original.

Los investigadores encontraron además que los ambientes boscosos concentran cerca del 80% de los diques detectados en el archipiélago. La capacidad de la especie para alterar cursos de agua, vegetación y suelos convirtió al castor en uno de los principales agentes de transformación de los ecosistemas fueguinos.

Así, una experiencia destinada originalmente a generar una actividad económica terminó teniendo una consecuencia inesperada. Los 20 castores que Argentina introdujo en 1946 encontraron prácticamente todas las condiciones necesarias para reproducirse y avanzar por Tierra del Fuego. Ocho décadas después, los miles de diques repartidos por el archipiélago muestran hasta qué punto una especie introducida puede modificar un ecosistema entero.