Comer con el celular en la mano: las consecuencias de un hábito silencioso que altera más de lo que parece
Un informe reciente puso el foco el uso del celular, un gesto cotidiano que podría estar modificando la experiencia de comer mucho más de lo que se cree.
Comer con el celular en la mesa reduce la alegría, aumenta el estrés y afecta el disfrute.
Imagen generad por la IAComer con el celular en la mano se volvió una escena cotidiana. Está en la mesa del almuerzo, en la cena y hasta en los momentos que antes estaban reservados para conversar o simplemente hacer una pausa. Lo que parecía un hábito inofensivo hoy empieza a mostrar otra cara: no solo altera la forma en que se comparte la comida, sino también el vínculo emocional con lo que se come y con quienes están alrededor.
Un informe elaborado por IKEA, la Sociedad Española de Neurología, la Universidad Rey Juan Carlos y el CIBEROBN advirtió que usar el teléfono durante las comidas afecta de manera negativa la experiencia emocional. El estudio, basado en registros biométricos y cuestionarios realizados en población general y clínica, detectó que la presencia del móvil en la mesa reduce un 32% la alegría durante las comidas, incrementa el estrés y empobrece la conexión con el momento.
Cuando la comida deja de ser una experiencia
El principal problema no pasa solo por la distracción. Los especialistas explican que mirar la pantalla mientras se come fragmenta la atención y dificulta una degustación consciente. El cerebro deja de procesar de la misma manera los sabores, los colores y hasta la sensación de saciedad. En otras palabras, la comida pierde espesor emocional y sensorial: ya no se disfruta, se resuelve.
Los investigadores incluso remarcan que “el celular en la cocina incrementa el estrés en 1,57 puntos y no logra sustituir la interacción humana”. El dato no es menor. Comer con el celular no necesariamente genera tristeza, pero sí aplana las emociones positivas, vuelve más mecánico el acto de alimentarse y reduce uno de los beneficios más simples de sentarse a la mesa: el disfrute.
Celular: una barrera silenciosa entre las personas
El informe también pone el foco en el costado social del problema. La digitalización fue individualizando el acto de comer, hasta transformar un momento históricamente compartido en una experiencia cada vez más solitaria. Menos del 2% de la muestra relevada come en un entorno libre de pantallas. El dato expone hasta qué punto el celular se volvió parte del ritual alimentario.
Durante la semana, el teléfono aparece en casi la mitad de las comidas. Los fines de semana, incluso supera esa marca. En ese contexto, gana peso un fenómeno cada vez más frecuente: el “phubbing”, es decir, ignorar a otra persona por prestar atención al celular. En la mesa, ese gesto erosiona la convivencia, debilita la conversación y genera más malestar emocional del que suele percibirse en el momento.
El impacto es todavía más fuerte entre los jóvenes de 19 a 35 años, que son hasta cuatro veces más vulnerables al efecto negativo del teléfono durante las comidas que los adultos mayores de 51. En ese grupo, además, el uso de pantallas es mucho más intenso, especialmente en personas con trastornos alimentarios o adicción a la tecnología.
Recuperar la mesa como espacio de bienestar
Frente a este escenario, los especialistas recomiendan algo tan simple como cada vez más difícil: volver a comer sin pantallas. Priorizar la charla cara a cara, reducir distracciones y recuperar la atención sobre la comida puede mejorar no solo la experiencia alimentaria, sino también el bienestar emocional.
Las conclusiones del informe son claras: el mayor bienestar aparece cuando coinciden tres factores, comida casera, compañía y ausencia de dispositivos electrónicos. En tiempos donde todo parece pasar por una pantalla, sentarse a comer sin el celular cerca puede ser mucho más que una costumbre saludable. Puede ser una forma concreta de recuperar un espacio esencial para la salud mental, el disfrute y el vínculo con los demás.